Relatos

Eva Arévalo, peluquera (49 años): “Que una clienta salga satisfecha y lo comente con la amiga, la madre o la vecina está por encima del poder de las redes sociales”

Oficios

Hay quienes disfrutan tanto su oficio que no conciben retirarse ni al alcanzar la edad de jubilación

Eva Arévalo está al frente de un centro de peluquería y estética en un pequeño barrio a las afueras de Barcelona

Eva Arévalo está al frente de un centro de peluquería y estética en un pequeño barrio a las afueras de Barcelona

Cedida

Eva Arévalo, a sus 49 años, no concibe su día a día lejos de su peluquería. “Es mi vida. Es mi casa. No me imagino sin trabajar aquí y espero no dejar de hacerlo nunca”, asegura. Desde pequeña, Arévalo tuvo claro que quería ser peluquera y cumplió con su deseo: lleva 35 años dedicándose a su vocación.

Trabajó cerca de dos décadas en una peluquería de Rubí (Barcelona). En ese tiempo, tuvo a sus dos hijos y, cuando empezaron parvulario, Arévalo decidió emprender su propio centro en Les Fonts, un pueblo que muchos conocen como “pueblo dormitorio”, ya que está formado por múltiples viviendas y pocos comercios. Así, su peluquería fue la primera en abrir en este barrio.

“Duele la espalda, las manos o los tendones, pero son gajes del oficio y cuando se lleva con alegría, pesan menos”, reconoce en una conversación con Guyana Guardian. También habla de su recuerdo más duro, del 'boom' del inicio y de la verdadera esencia de este oficio en el que los cortes de pelo son solo la punta del iceberg: detrás hay historias, emociones, cambios de imagen y de vida que explican el vínculo que Arévalo mantiene con su profesión.

Con 15 años, mis padres querían que siguiera estudiando bachillerato, pero como yo estaba supersegura de lo que quería, no les quedó otra que dejarme empezar la academia

Eva Arévalo

Peluquera

¿Qué le hizo pensar, siendo tan pequeña, que quería dedicarse a ello?

Pues yo creo que desde siempre, desde que era pequeña, me apasionaba la peluquería. Me acuerdo que iba a la peluquería del barrio y me podía pasar horas ahí adentro. Ningún familiar se ha dedicado a ello antes. Simplemente, me gustaba ese mundo y pasar tiempo viendo cómo trabajaban las peluqueras.

¿Cómo se tomaron sus padres que dejara de estudiar a esa edad y se dedicara a la peluquería?

No muy bien... Porque claro, con 15 años, mis padres querían que siguiera estudiando bachillerato, pero en vista de que estaba supersegura de lo que quería, no les quedó otra que dejarme empezar la academia. Y todo fue bien porque no suspendí nada, me saqué el título a la primera y empecé a trabajar en seguida.

Con 15 años, Arévalo ya trabajaba com peluquera. 18 años después, emprendió su propio negocio
Con 15 años, Arévalo ya trabajaba com peluquera. 18 años después, emprendió su propio negocioCedida

Con 15 años, ¿dónde empieza a trabajar?

Pues tuve la gran suerte de empezar a trabajar en una peluquería de Rubí con Santi Gallego, uno de los mejores profesionales del sector. Estuve allí unos 18 años con intervalos, porque he sido madre en dos ocasiones, y la verdad es que estoy superagradecida porque he aprendido muchísimo con él. Hasta que me puse por mi cuenta, como autónoma, hace 21 años.

¿Por qué decide abrir su propia peluquería en un “pueblo dormitorio”?

Porque yo vivía aquí en Les Fonts y mi hijo pequeño ya empezaba en parvularios. Así me podría combinar mejor el estar con ellos y trabajar.

¿Le fue fácil encontrar un local?

Pues la verdad es que fue bastante fácil, no fue muy difícil. Como aquí no hay mucho comercio, tenía varias opciones y no hubo problema. Fue la primera peluquería del barrio, aunque al poco tiempo abrieron otra muy cerca.

Siempre he estado segura de mi trabajo. Tenía mucho empeño en que iba a salir bien sí o sí

Eva Arévalo

Peluquera

¿Qué sentimientos le surgieron al emprender su propio negocio?

Las dudas siempre existen, aunque sentí miedo, más que dudas. El miedo de si funcionaría o no, porque era un paso importante. Pero yo siempre he estado segura de mi trabajo. Tenía mucho empeño en que iba a salir bien sí o sí.

¿Cómo fueron los inicios, tras la apertura?

El comienzo fue un bombazo. Como no había ninguna peluquería, todo el mundo estaba ilusionado porque al fin iba a haber una. Tenía la agenda llena y me faltaban horas. Siempre había gente y salía muy tarde. 

Recuerdo la primera clienta que vino a la peluquería. Es una señora mayor que decía que quería ser la primera. Y el día de la inauguración fue la primera en llegar. Llegó una hora antes de que abriera. 

¿Cómo conciliaba con sus hijos trabajando casi todo el día?

Pues la verdad, con ayuda de mis padres siempre. Mientras yo trabajaba, ellos estaban con los niños, porque si no era misión imposible. Sí que a mediodía mis hijos comían en casa porque los tenía cerquita, entonces siempre comía con ellos. Pero los que estaban cuando salían del colegio eran mis padres. Sin ellos no es posible ningún negocio.

Y en todos estos años, ¿ha pasado alguna crisis?

Por suerte, puedo decir que no, porque siempre hay días buenos, días malos y hay meses que son más favorables que otros para la faena. Aunque durante la cuarentena sí fue más difícil porque nos obligaron a parar, a cerrar. Pero la gente no dejó de llamarme para que les arreglara. Cogía mi maleta y cada día iba a una casa.

El 'boca a boca' está por encima hasta de las redes sociales

Eva Arévalo

Peluquera

¿Cuál es el secreto?

El boca a boca. El hecho de que una clienta salga satisfecha y lo comente con la amiga, con la madre, con la vecina, yo creo que eso es fundamental, es lo más importante. Eso está por encima, incluso, de las redes sociales.

¿Cómo es la rutina diaria de una peluquera?

Me levanto superpronto, porque no soy de las que se levantan y ya en diez minutos están en la calle; yo necesito un rato. Trabajo desde las 9 de la mañana hasta las 13 h y luego vuelvo a arrancar a las 15 h hasta que termino a las 19:30 - 20:30 h, depende del día.

¿Siente que se le va el día trabajando?

Sí, es donde paso más horas, pero a día de hoy mi vida es la peluquería. Por suerte, hace muchos años que mis hijos son grandes, son independientes y la verdad es que mi oficio es mi vida; aquí es donde lo vivo todo. Es mi casa.

La especialista no solo hace cortes de pelo, asegura poder cambiar vidas
La especialista no solo hace cortes de pelo, asegura poder cambiar vidasCedida

A nivel físico, ¿cómo le ha afectado esta profesión con el paso de los años?

En temporadas fuertes, intensas de trabajo, las peluqueras tiramos mucho de físico porque son muchas horas de pie. Aunque no lo parezca, estamos en continuo movimiento o a veces es peor estar parada, estancada en un sitio cuando te pasas mucho rato haciendo un trabajo en concreto. Duele lo que es la espalda, las manos, los tendones... Todas estas cosas al final te perjudican, pero son gajes del oficio. Cuando se lleva con alegría, la verdad es que pesa menos, aunque, como en todos los trabajos, cuando uno echa muchas horas, al final te cansa, sea sentado en una silla, sea de pie, sea como sea, todo cansa.

¿Siente una presión estética sobre si misma?

Yo creo que sí, pero para mí no es presión, para mí es una necesidad de sentirme bien. Hoy en día es importante que cualquiera se sienta bien físicamente. Por eso es muy importante la peluquería, porque cuando tú te miras al espejo, lo primero que ves es el pelo; es lo que te envuelve. Y si te sientes bien a nivel estético, te ayudará a sentirte bien interiormente.

Es lo que transmito siempre a cualquier persona. Cuando alguien me dice: “Quiero hacerme este estilo o este corte”, aunque yo no esté de acuerdo, se lo haré, porque si esa persona se siente bien con esa forma, es lo más importante.

¿Cree que mejora o cambia vidas?

Sí, es muy frecuente. Para mí es lo más importante de esta profesión. El hecho de que una persona te pida un cambio porque lo necesita y, cuando acabas el trabajo, te abraza, llora y te da las gracias. Eso es la esencia de la peluquería, eso es lo que te llena realmente, ese es el sentido de la profesión. El hecho de conectar con la gente, con sus necesidades, saber aplicarlo a cada persona, tipo de cabello y situación y poder cambiar la vida a esa persona que te lo está pidiendo a gritos, que se siente mal. Hay que saber conectar con cada persona y darle lo que necesita.

La otra cara de la moneda

También hay otra cara de la moneda que no me voy a olvidar nunca. Un momento que recuerdo con mucho (mucho, mucho) dolor. Una clienta que tenía una melena espectacular, de esto ya hace muchos años, ahora ya más de 15 años, me dijo: “Quiero cortarme el pelo. Me lo tienes que cortar muy corto”. Yo le decía que no, que me negaba y le pregunté: “¿Cómo te voy a cortar el pelo?” Y me respondió: “Porque estoy en tratamiento y se me va a caer”. Aquel día fue para mí el más doloroso de toda mi carrera profesional. No lo olvidaré nunca.

Al ser autónoma, usted decide cuándo terminará esta etapa de su vida. ¿Ha pensado alguna vez en este futuro?

Yo no me imagino sin trabajar en la peluquería. No pienso en jubilarme. De alguna manera u otra, me podré permitir el lujo de trabajar menos horas, pero yo no quiero desconectarme completamente de lo que realmente me gusta. Espero no hacerlo nunca, porque es mi vida. 

Etiquetas