Xavi Montardit, florista: “Las flores no tienen que ser solo para una celebración, igual que compras fruta para toda la semana, puedes tener un ramo en casa”
Negocios singulares
El maestro florista lleva 25 años transmitiendo su amor por las flores en el barrio de Gracia de Barcelona

Xavi Montardit estudió en la Escola d'Art Floral de Catalunya

Las flores nos acompañan en momentos decisivos y especiales. Nacimientos, bodas, cumpleaños, celebraciones íntimas o despedidas. Irrumpen en nuestra vida con sus colores y perfumes para recordarnos que lo efímero también puede ser intenso. En una época marcada por la prisa, su presencia nos invita a bajar la mirada, detenernos y respirar. Esa es la filosofía que sostiene la Floristería Muguet, un atelier botánico en el corazón de Gracia. El espacio, que ocupa un antiguo local de una tienda de colchones, se ha convertido en un refugio donde la naturaleza marca el compás.
Detrás del mostrador, las manos de Xavi Montardit, acompañado por su equipo, transforman cada encargo en una historia que contar. El amor por las flores nació en su hogar. “En casa siempre hemos estado relacionados con el mundo de las plantas. Mi padre era ingeniero agrónomo y mi madre tenía un centro de jardinería. De pequeño, yo hacía herbarios, coleccionaba sellos de flores y plantas...”, recuerda. Decidió estudiar Biología y especializarse en microbiología, de lo cual trabajó durante un año en el Hospital de Can Ruti, en Badalona.
Tu historia
Profesiones con alma
En Guyana Guardian queremos dar a conocer tu experiencia trabajando. ¿Sientes que tu oficio no está suficientemente valorado?, ¿Tienes una historia laboral única? Si detrás de tu profesión hay un relato inspirador, escríbenos a [email protected]
No obstante, el cierre del local en el que trabajaba su madre hizo que su trayectoria diera un giro inesperado. “Buscábamos otro local. Una amiga que vivía aquí encima me dijo que este local se había quedado libre y vinimos”, cuenta. La elección del nombre de este nuevo espacio fue bastante fácil: “Mi madre quería que el nombre comenzara con M porque nuestro primer apellido es Montardit y, además, una de las flores que más le gustaba eran los muguets”.

Xavi empezó ayudando de manera puntual, pero acabó convirtiéndose en el alma del negocio. “Mi madre estuvo con un poco de depresión y me acabé quedando”, afirma. De eso hace ya 25 años. Con el tiempo entendió que necesitaba profundizar en el oficio y se formó en la Escola d’Art Floral de Catalunya, donde recorrió las etapas de auxiliar, oficial y maestro florista. También aprendió que necesitaba rodearse de personas con la misma pasión que él. “Empecé yo solo y ahora somos un equipo de siete”, señala.
Dedicarse a las flores en Barcelona
Desde el principio, apostaron por una propuesta distinta, más contemporánea, que se ha convertido en la esencia del atelier. “Siempre he tenido muy claro el concepto de la flor que queríamos ofrecer. Queríamos ser un poco diferentes y un sello de calidad. El espacio sí que se ha transformado. Se ha cambiado el suelo, la iluminación y mil cosas más, pero la filosofía siempre ha sido bastante similar”, asegura.
Empecé yo solo y ahora somos un equipo de siete personas
Preservar la identidad de Muguet en una ciudad en constante cambio no ha sido sencillo. “Al principio, fue muy duro porque apostábamos por hacer algo distinto, pero la gente quería lo tradicional”, expresa Xavi. A esto se sumaron los retos de emprender en una ciudad tan grande como Barcelona. “En aquel momento, yo era muy joven y casi lo haces por inconsciencia, porque no sabes dónde te estas metiendo. Visto en perspectiva, creo que fui muy valiente porque no sé si ahora sería capaz de hacerlo. O, a lo mejor, valoraría más los riesgos que en aquel momento”, comenta.
Nuevos clientes, nuevas peticiones
Los cambios que ha vivido el barrio también han sido claves en la evolución del negocio. “Cuando abrimos, sí que era un comercio de barrio, y ahora realmente queda poca cosa de ese tejido de toda la vida. Antes era más tradicional y ahora está lleno de residentes internacionales y otro tipo de público, al que también nos hemos tenido que adaptar”, manifiesta.

Esa transformación ha ampliado el abanico de clientes. “Lo que me gusta es que tenemos perfiles de público muy diferentes que les une el cariño por las flores. Tienes una señora mayor de toda la vida que compra lo de siempre, o un matrimonio que coge flores para su aniversario. Y luego, hay un público más nuevo, como los residentes internacionales, que tienen ideas diferentes. O una empresa que nos pide flores para un acontecimiento o para un hotel”, enumera Xavi. “Se combina todo de forma natural, todos los públicos nos gustan”, añade.
Esta diversidad también ha afectado a los encargos. “Los ramos de novia son bastante habituales y siempre es un reto, porque, sí, puedes hacer mucho, pero para cada persona que se casa, su día es muy especial y has de estar muy atento a lo que te está pidiendo para afinarlo al máximo”, dice.
Lo que me gusta es que tenemos perfiles de público muy diferentes
También llegan proyectos menos convencionales. “Hicimos un montaje de flores para Netflix, para una película que se estrenó hace poco. Y hoy mismo nos han pedido un ramo que era para Rosalía, porque una marca de la que es embajadora le enviaba unas colonias que salían hoy a la venta”, cuenta. Estos casos “son un reto, porque una cosa es hacer un ramo o comandas más habituales, y otra es cuando tienes que hacer estos trabajos más grandes que necesitan mucha preparación, un gran espacio y mucha gente dedicándose a ello”.
Sea cual sea el encargo, la carga simbólica pesa, por lo que Xavi y su equipo dedican todos sus esfuerzos a ofrecer las mejores opciones. “Siempre intentamos trabajar bastante con flores de temporada. Siempre digo que si te has casado en mayo y en las fotos ves una flor de mayo, enseguida reconocerás en qué momento te has casado. Luego, intentamos adaptar eso a lo que quiere el cliente. Intentamos respetarlo al máximo, sobre todo cuando hay elementos emocionales. Por ejemplo, una novia cuya madre se casó con peonías y quiere lo mismo”, explica el maestro florista.
La relación con las flores
En paralelo a esta variedad, ha cambiado la relación cotidiana con las flores. “Nosotros siempre apostamos a que las flores no sean solo para una celebración, sino que te las puedas comprar como un elemento de tu día a día. Igual que compras fruta para toda la semana, puedes tener un ramo de flores”, apunta Montardit.
Toma nota
Lo que no sabías de ser florista
“Lo pedidos grandes, como con Netflix o bodas numerosas, vienen bastante marcados. Te envían una foto o una idea de lo que quieren”
“Las flores son muy importante porque aparecen en momentos importantes y acompañan bastante”
“Concebir las flores de manera más espontánea está muy integrada el público europeo, pero, poco a poco, también el público nacional”
“Antes, comprar un ramo de flores era algo más ceremonioso, como para una boda, y ahora puede ser algo más espontáneo que te regalas a ti mismo”, insiste. Lo ha comprobado en celebraciones recientes con personas que compraban flores para celebrar el final de los exámenes del MIR o el año nuevo chino. Esa nueva mirada también se refleja en los talleres que organizan. Talleres de ramos de flores frescas, acuarela botánica, coronas de flores secas o herbarios de flores silvestres prensadas son algunas de las opciones que proponen.
“Muchas personas pedían una experiencia. La gente no trabaja mucho con las manos. Está muy desconectada del trabajo manual porque está detrás de una pantalla. Entonces, buscaban ese contacto con la naturaleza”, afirma. El objetivo de Xavi es que “entiendan la sensibilidad y el amor por las flores y que se den cuenta de que detrás de cada flor hay muchísimo trabajo. Que sean conscientes de la huella que deja la flor que están comprando. Y que puedan tratar a las flores un poco mejor”. En estos encuentros, las llamadas y los encargos quedan a un lado y el ritmo se aquieta. “Una floristería puede ser un trabajo muy estresante, pero en los talleres ves a la gente súper contenta y muy entregada, y te llevas esa satisfacción. Yo siempre salgo muy contento”, asegura.
Para Xavi, su atelier es, ante todo, un espacio de libertad donde puede experimentar con materiales vivos y combinar texturas y colores. “Es un mundo que se abre. La ciudad te ofrece muchas cosas, pero puede llegar a ser artificial. Esto te da la libertad de abrir una ventana y ver las cosas desde una mirada diferente”, concluye. Entre tallos, estaciones y encargos significativos, esa ventana permanece abierta. No como escapatoria, sino como recordatorio de que, incluso en medio del asfalto, la naturaleza sigue teniendo algo que decir.