'Industry', fue bonito mientras duró
Crítica
Después de la hiperbólica y shakesperiana tercera temporada, la serie puede haber entrado en punto de no retorno

Marisa Abela.

La tercera temporada de Industry fue dramáticamente shakesperiana e hiperbólica (y, cuidado, que vienen spoilers de lo que sucedió). Los creadores Mickey Down y Konrad Kay, como si no supieran si iban a volver, optaron por escribir unos guionistas con unas tramas, unos diálogos y unos temas desatados. Yasmin mató al padre. Si alguien tenía alguna duda sobre su catadura moral, después de navegar por los grises (y la sexualización y el nepotismo) durante los inicios de su carrera laboral, eligió a Henry y no a Robert, el único humano decente de su círculo social, por una cuestión elisita y económica: la incapacidad de renunciar al privilegio en el que había sido criada.
Con Harper, se insultaron en una escena tan tóxica como afilada y tensa, hasta un punto presuntamente de no retorno. El tiburón más joven de la escena londinense (o sea, Harper) humilló a Rishi a conciencia. A Rishi le mataron la esposa delante de sus ojos por culpa de sus deudas galopantes. En medio de esta cantidad de tragedias que al inicio de la serie nos hubieran parecido imposibles, Pierpoint cerró. Industry había presentado una especie de final. Los responsables habían elevado tanto el listón que, entre discusiones sobre si había llegado al clímax de calidad o había descarrilado, había una cuestión legítima: preguntarse si habían saltado el tiburón.

Para quienes desconocen la expresión, cuando una serie salta el tiburón (o jump the shark, ya que es una traducción de una expresión televisiva americana) significa que la obra ya nunca volverá a ser tan buena, que está agotada o que se ha desviado de su propósito inicial (para mal). Esta expresión la inventó el presentador Jon Hein en referencia a la sitcom Happy Days, que en 1977 hizo saltar un personaje por encima de un tiburón cuando hacía esquí acuático (y entrando, de esta forma, en su decadencia).
Industry, con la tercera temporada, fue demasiado. Consagró los temas que había tratado desde el piloto, al confirmar la corrupción de los protagonistas después de años sobreviviendo en un mundo laboral que comprime los pecados capitales del capitalismo, pero excediendo los límites del universo de ficción que había planteado. Y, ahora que ha vuelto con la cuarta temporada, siento que hay una pregunta impresa en la pantalla: ¿quiero continuar?
“Ahora que ha vuelto con la cuarta temporada, siento que hay una pregunta impresa en la pantalla: ¿quiero continuar?”
Los guiones tienen brío. Myha’la es un torrente de poder, talento, cinismo y un instinto financiero temerario; Marisa Abela transmite una vulnerabilidad y un atractivo que ayudan a mantener un personaje siempre entre la empatía y lo irritante; y en las primeras escenas Max Minghella, Charlie Heaton o Kiernan Shipka, las nuevas incorporaciones, entienden el tono buscado por Down y Kay. Sin embargo, ya en la primera hora, tenemos un cúmulo de estridencias que quizá por separado o sin coincidir en un mismo episodio no llamarían tanto la atención. Me refiero al hombre que tiene un derrame cerebral en el despacho de Harper después de que ella se ría de los primeros síntomas, cuando tiene problemas para hablar delante de ella, y el consolador que Harper se coloca para poder penetrar al posible villano de la temporada.
Se podría debatir las connotaciones de esta última escena: que la descripción del posible villano de la temporada a partir de su deseo de ser penetrado por mujeres (como si fuera un acto depravado) es casi impropia de una serie libertina como esta. Pero tampoco hace falta entrar en este análisis. La cuestión es que, por más que se muevan los personajes, los protagonistas que nos quedan ya han cruzado una línea roja de no retorno. Su capacidad de evolución, de mantenernos con la duda de hasta dónde pueden estar dispuestos a llegar y el desgaste humano de sus acciones ya ha dejado de ser estimulante.

Lo que nos queda es ver cómo son de tóxicas estas personas terribles. ¿Y me apetece? Posiblemente, después de tres temporadas (y sin personajes de peso con conciencia como Robert para compensar), la respuesta simple es no. Tendrá virtudes, sí, pero siento que ya he visto todo lo que Industry tenía que ofrecer. Pero, viendo que en Estados Unidos está teniendo las mejores audiencias hasta la fecha, posiblemente continuarán siendo terribles algunas temporadas más.