Muere Álvaro Domecq Romero, referente del toreo a caballo y el campo bravo
Toros
El torero jerezano fallece a los 85 años

Álvaro Domecq en la Real Escuela de Arte Ecuestre

Decir Domecq es decir toros y caballos y con la muerte a los 85 años de edad de Álvaro Domecq Romero el campo bravo se tiñe de luto. Y en él Jerez de la Frontera, que hace unos días decía adiós, entre lágrimas y palmas por bulerías, decía adiós a Rafael de Paula.
Hijo de Álvaro Domecq y Díez, gran figura del rejoneo fallecido hace 20 años y tío de los también toreros a caballo Luis y Antonio Domecq, el ahora fallecido ya comenzó a montar a caballo con apenas un años de edad y pocos años después ya era uno más en las tareas de acoso y derribo, fundamentales en la ganadería de bravo, de la que con el tiempo fue propietario, hasta su venta en 2020, de la de Torrestrella, hierro señero y que a lo largo de los años propició tardes memorables en los ruedos.
Toreó más de 2000 festejos e impulsó espectáculos admirados incluso en el Madison Square Garden
Con quince años de edad participó en un festival taurino en la plaza jerezana de Tarifa y en septiembre de ese mismo año, 1959, ya como profesional nada menos que en Ronda. Al años siguiente debutó en La Monumental de Barcelona, que sería una de sus plazas preferidas en toda su trayectoria y en la que consiguió grandes triunfos y también, en 1982, el oprobio de los tres avisos y toro al corral y en la que en 1966 fue escenario, para asombro del público de un incidente con otra gran figura del rejoneo, Ángel Peralta.
La década de los 60, sumó actuaciones en todas las plazas de España (alternativa en 1960 en el Puerto de Santa María de manos de su padre y presentación en Las Ventas en 1961, en la Corrida de Beneficencia) y América, en especial México y Colombia. También la década siguiente fue de muchos contratos, un total que ciento once festejos toreados, siendo el inicio de un nueva modalidad en los carteles: de un rejoneador como apertura de la corrida, previo al toreo a pie, a cuatro rejoneadores para seis toros, los dos últimos en la vetajosa modalidad de collera (dos rejoneadores a la vez en la lidia y que años más tarde, gracias al rejoneador estellés Pablo Hermoso de Mendoza, dejó de hacerse, para bien de la Fiesta). Y quienes más actuaciones tuvieron y mayor fervor despertaron fueron “Los Cuatro Jinetes del Apoteósis”: Älvaro Domecq y el portugués Lupi en una y los hermanos Ángel y Rafael Peralta en otra.
Su despedida de los ruedos españoles, tras cinco lustros en ellos, empezó el 10 de maro de 1985 en la Plaza de Valencia, mano a mano (modalidad nada usual en el rejoneo) con Manuel Vidrié: siguió en septiembre en el coso lisboeta de Campo Pequenho (emblema del toreo a caballo) y finalizó, claro, en su Jerez de la Frontera, 12 de octubre, lidiando en solitario y acompañado en el adiós por los hermanos Peralta, Manuel Vidrié y Leonardo Hernández.
Después hubo actuaciones puntales y en 1992 regresa, en Jerez, para dar la alterativa a sus sobrinos Luis y Antonio Domecq y la confirmación en la Feria de San Isidro.

Toreó más de 2000 festejos; fue titular del hierro de Torrestrella; creó, en 1975, la Real Escuela Andaluza de Arte Ecuestre, con sede en Jerez e impulsó los espectáculos “Como bailan los caballos andaluces” y “A Campo Abierto”, admirados incluso en el Madison Square Garden.
Una biografía de apasionada entrega al toro y al caballo.