
Algún día, algún día
Algún día dejaremos de ver como una cosa normal lanzar partículas cancerígenas al aire de las ciudades en las que vivimos. En Noruega, más del 98% de los vehículos que se matricularon en octubre pasado eran eléctricos. La gran paradoja es que se trata de un país rico porque tiene petróleo, pero no lo quiere para mover sus coches. Esa riqueza que le hemos pagado entre todos los que contaminamos nuestras ciudades es la que le ha permitido disfrutar de aire más limpio en las suyas. Si no fuera porque son gente responsable y educada, deberían estar riéndose de nosotros por el hecho de que aquí se propaguen bulos sobre la movilidad eléctrica.

Esta semana, un diario vasco publicó que un Tesla paralizado había bloqueado las salidas y entradas a un céntrico aparcamiento de San Sebastián porque se había quedado sin wifi. La noticia no tenía por dónde cogerla. Ni los Tesla ni cualquier otro coche eléctrico necesitan wifi ni conectividad de datos de ningún tipo para funcionar. La causa más plausible de lo que podía pasarle al coche para que el periodista soltara semejante cuñadez es que el conductor del vehículo no llevara la tarjeta, equivalente a la llave con la que se abren los otros coches. Como posibilidad añadida alternativa, los Tesla pueden usar el móvil para funcionar, que debía ser lo que el propietario, un turista neerlandés, no lograba activar. Es decir, que la noticia real era que el propietario de un coche que se dejó las llaves bloqueó el funcionamiento de un aparcamiento. A alguien se le ocurrió que era una noticia relevante y publicó una mentira.
Los bulos sobre los coches eléctricos van a seguir corriendo durante mucho tiempo
Basta ver los comentarios que seguían a la noticia para tener claro que los bulos sobre los coches eléctricos van a seguir corriendo por las redes sociales y medios de comunicación durante mucho tiempo. Existe mucha desinformación sobre estos vehículos y una especie de reacción hostil porque su llegada significará, con el tiempo, la desaparición del ineficiente y contaminante motor de combustión.
Como puede deducirse de lo que he explicado, tengo un coche eléctrico. A lo largo de los años he tenido varios vehículos de combustión, algunos de marcas consideradas premium, pero no pienso volver a ellos. La primera vez que, después de tener un eléctrico, durante unas vacaciones, alquilé un coche de combustión –de una de las grandes marcas alemanas–, tuve la sensación de haber viajado atrás en el tiempo.
Además de Noruega, donde tienen más claro de qué va esto es en China. Europa acaba de dar una prórroga al motor de combustión por la presión de una industria alemana que hasta ahora no ha sabido competir con los coches del gigante asiático. Seguir por el mismo camino no va a parar esa oleada. Hace años, el cielo en Pekín era amarillo, hoy es azul. Muy azul. La apuesta china es irreversible. Aquí tardaremos un tiempo, pero pasará. Algún día.


