Albaceas imputados en Cellex niegan gestionar el legado de Pere Mir
La herencia del benefactor de la ciencia
El doctor Josep Tabernero sostiene que únicamente desempeñaba una labor científica, en tanto que el abogado Joan Francesc Capellas manifiesta que brindaba consultoría legal al gestor principal.

El jefe del servicio de Oncología del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona, Josep Tabernero, es uno de los tres albaceas investigados por la supuesta malversación de fondos de la herencia del filántropo Pere Mir

Las pesquisas judiciales sobre la supuesta descapitalización de la fundación Cellex continuaron este jueves con los testimonios de dos albaceas de Pere Mir, el empresario catalán que ejerció una relevante función filantrópica y que murió en 2017 sin descendientes. Ante la titular de Instrucción número 12 de Barcelona, han comparecido el Dr. Josep Tabernero, director de Oncología del Hospital Vall d’Hebron, y el jurista Joan Francesc Capellas, los cuales fueron nombrados por Mir para custodiar su herencia tras su deceso y que se han desligado del manejo financiero de los activos. En cuanto a Tabernero, su intervención se ciñó, según sostuvo, a labores de consultoría científica en las instituciones, mientras que Capellas prestó asistencia legal en situaciones de incertidumbre al otro albacea, Jordi Segarra, a quien se le adjudica una función central en la dirección de la sucesión y que declaró ayer ante la jueza.
Pere Mir otorgó la gestión de sus voluntades a los tres albaceas, pero no dejó nada escrito ante notario. O, al menos, nada suficientemente claro que permita saber qué correspondía a cada uno y cómo debían repartirse los fondos. De hecho, los dos albaceas imputados han explicado que a Mir no le gustaba ir al notario por si cambiaba de opinión. La voluntad del industrial era que, tras su fallecimiento, se liquidara su patrimonio —que también estaba asentado en varias fundaciones panameñas— y fuese destinado a sus fundaciones españolas dedicadas a la investigación científica: Mir-Puig, dedicada a la lucha contra la pobreza, y Cellex, centro de investigación oncológica. La justicia investiga si los tres albaceas se apropiaron de los fondos del patrimonio en beneficio propio, incumpliendo las voluntades del mecenas.
El médico sostiene que la vivienda de Baqueira que obtuvo consistió en un regalo en vida del benefactor.
El Dr. Tabernero, figura destacada en el estudio oncológico, ha afirmado que su función de albacea tenía un carácter estrictamente profesional. Actuaba como el facultativo particular de Mir y, en señal de reconocimiento, este le obsequió con un inmueble en Baqueira. El traspaso se acordó de palabra durante su existencia para ejecutarse tras su fallecimiento, de acuerdo con su relato. La magistrada encargada del caso, en cambio, intuye que Tabernero se hizo con una propiedad ubicada en un área privilegiada de la Vall d’Aran, tasada en 642.000 euros, además de 312.000 euros destinados al abono del tributo de donaciones. Conforme a la versión del médico, Mir le comunicó que dicha residencia le pertenecería como recompensa por su dedicación y asistencia médica. Los abogados defensores disponen de las declaraciones de trabajadores del hogar y residentes del complejo para invalidar los cargos. Cada uno de ellos, indican los letrados, recibió la noticia por parte del benefactor de que esa finca en la Vall d’Aran pasaría a manos del doctor Tabernero. El obstáculo principal del litigio reside en la ausencia de un documento público que avale legalmente la cesión. Asimismo, el domicilio no figuraba bajo la titularidad de Mir, sino que estaba integrada en una sucursal nacional (Simex) perteneciente a una firma de Panamá (Elyane) la cual, a juicio de la jueza, tendría que haber sido disuelta para transferir su capital a la fundación Cellex.
El Doctor Tabernero carece de cualquier culpa. Los asuntos se solucionarán.

“El doctor Tabernero no tiene absolutamente ninguna responsabilidad en la supuesta descapitalización de las fundaciones. Él simplemente fue nombrado albacea por parte del señor Mir Puig y fue designado patrón de la Fundación Mir-Puig en agradecimiento a todos sus servicios de asesoramiento científico y médico en la investigación contra el cáncer”, ha sostenido su representante legal, Pau Molins. Asimismo, ha puntualizado que “en un momento determinado, en vida del señor Mir, se le prometió que tras su muerte le regalaría el apartamento que tenía en Baqueira. Estoy seguro de que, una vez se aclare que no hay una disposición fraudulenta sino la voluntad del señor Mir, no tiene que haber ningún problema y todo se resolverá”, ha insistido el jurista.
El jurista procesado se desvincula de la organización del entramado panameño.
En el caso del otro albacea imputado, Joan Francesc Capellas ha asegurado que era abogado y persona de confianza de Mir; si bien, se ha desmarcado del diseño del entramado de fundaciones panameñas. La jueza, en cambio, sostiene que tuvo un papel directo en la creación y gestión del entramado societario internacional encargado de salvaguardar el patrimonio y lo considera “actor fundamental para la comisión de los hechos que se investigan”.
Los defensores de los acusados sostienen que la visión de la jueza, el ministerio público y los Mossos respecto al uso de los bienes de Pere Mir resulta equivocada. Señalan la necesidad de distinguir entre los activos particulares de Pere Mir y los pertenecientes a las fundaciones panameñas, puesto que tenían objetivos divergentes. El legado privado en España tenía que ser disuelto para transferir el capital a la Fundación Cellex, en tanto que las entidades de Panamá debían igualmente extinguirse, destinando sus recursos a fines culturales o sociales según los mandatos que el benefactor firmó ante notario. Las personas bajo investigación afirman que su conducta se ha ajustado en todo momento a los deseos manifestados por Pere Mir.



