
Los dos errores de los profesores
Huelga de docentes catalanes
Brillante idea, la de los profesores de la escuela pública, de ponerse a cortar carreteras a primera hora en Catalunya. Aplíquese aquí el dicho: éramos pocos y parió la abuela.
No hay manera más efectiva de estropear una protesta cargada de razón (y de razones) que cabrear al resto de conciudadanos que ya bastante tienen desde hace tres semanas con Rodalies. La primera lección para los sindicatos de la pública que han decidido convertir la movilidad en las carreteras en otra gincana es que así no ganan nada. Más bien todo lo contrario: pierden apoyos cuando más los necesitan, a la vista de sus quejas. Para hacerse oír bastaba la jornada de huelga y las manifestaciones en la calle masivas y autorizadas.

No hay manera más efectiva de estropear una protesta cargada de razón que cabrear a tus conciudadanos
Este miércoles han cometido un segundo error. Se han mezclado las reivindicaciones salariales con los motivos de fondo que atraviesa el colectivo de profesores y que lastran sobremanera el sistema educativo y el nivel académico. No es que servidora piense que no merezcan cobrar unos sueldos de acorde a su responsabilidad, que es enorme porque de ellos depende el futuro de nuestros hijos y del país. Pero pedir la Luna –hasta un 25% de subida– cuando tienes problemas en la Tierra más importantes no solo despista apoyos, sino que desdibuja un conflicto grave que ninguno de los cuatro consellers que ha habido en ocho años ha logrado rebajar.
Sabemos a qué viene el malestar del profesorado. La diagnosis está hecha desde hace mucho. El catacrac en PISA ya fue en 2023, tras una década en caída. El Departament d’Educació tiene que sentarse a hablar y negociar sin enredar más. Ahora toca escucharles.
Los profesores se ahogan con tanta burocracia. Chocan con el frontón de la conselleria, cuando no con los directores, aunque estos también andan agobiados. Están hartos de psicopedagogos (y de algunos padres). De la indisciplina. Y, la mare dels ous, se ven desbordados para atender, sin recursos, la diversidad en el aula: inmigración a mitad de curso, situaciones de pobreza sobrevenidas o niños con trastornos de aprendizaje.
Como ocurre con Rodalies o con la sanidad, la Catalunya de los ocho millones (y subiendo) ha pillado a la Administración sin los deberes hechos. Hete aquí las primeras consecuencias.
