Sociedad

Predecir erupciones es, por ahora, cosa de astrólogos y futurólogos

Actividad sísmica

Los vulcanólogos de Tenerife utilizan la IA, pero ni esta ni ninguna otra tecnología permite responder a si habrá erupción y cuándo

Vista de las Cañadas del Teide, zona en la que se ha registrado actividad sísmica anómala. 

Vista de las Cañadas del Teide, zona en la que se ha registrado actividad sísmica anómala. 

EFE

“Nosotros somos vulcanólogos pero no astrólogos”. Con esta sencilla frase resume Rubén López, miembro del Instituto Geográfico Nacional (IGN), organismo responsable de la vigilancia volcánica en nuestro país, la dificultad que tienen hoy los científicos para predecir una erupción a pesar del avance de la tecnología y la irrupción de nuevos instrumentos y herramientas como la Inteligencia Artificial. “Nosotros sabemos el presente y a partir de ahí, llegamos al corto y al medio plazo; al largo, solo un astrólogo”, manifiesta López cuando se le pregunta qué puede pasar en el Teide, que desde el pasado 12 de febrero ha registrado siete enjambres sísmicos con más de 10.000 terremotos.

En el mismo sentido se expresa el vulcanólogo del CSIC, Vicente Soler, que apunta que esa imposibilidad de predecir una erupción representa el límite actual del conocimiento en la vulcanología. “Nosotros llegamos a la detección, que está más que cubierta, pero no podemos responder a la pregunta de cuándo será la próxima erupción porque va más allá del límite actual de la ciencia”, indica Soler, que señala que ese límite existe en todas las ramas científicas y pone varios ejemplos. “Hoy día se curan muchos cánceres pero no todos; también hay muchos elementos de observación para detectar un meteorito e incluso poder desviarlo, pero nadie sabe cuándo va a venir el siguiente”, explica. 

Un excursionista contempla el Teide desde una zona boscosa próxima. 
Un excursionista contempla el Teide desde una zona boscosa próxima. DESIREE MARTIN / AFP

Actualmente hay nuevas tecnologías en desarrollo que en un futuro podrían contribuir a esas predicciones pero, a día de hoy, es “imposible”. A finales del año pasado una investigación internacional liderada por la Universidad de Granada consiguió desarrollar un procedimiento basado en IA que permitía predecir erupciones volcánicas pero, con un plazo muy corto: doce horas de antelación. La ciencia sigue avanzando pero, como apuntan estos expertos, nadie sabe lo que pasa bajo tierra, a más de diez kilómetros.

El vulcanólogo del CSIC, Vicente Soler, dice que contestar a esta pregunta “está en el límite de la ciencia”

Los vulcanólogos se apoyan y mucho en la IA para hacer su trabajo del día a día pero la herramienta se está entrenando. Según López, la IA contabiliza de forma rápida todos los sismos que se están produciendo en Tenerife pese a una intensidad tan baja e imperceptible para la población. “Antes lo hacíamos a mano y, donde nosotros antes podíamos ver 800 o 1.000, la IA ha detectado más de 10.000”, señala.

Es precisamente esa capacidad de las nuevas herramientas para detectar sismos de baja intensidad la que está provocando que un fenómeno “casi insignificante en términos volcanológicos”, como apunta Soler, esté generando una especie de psicosis, “como si fuera el día previo a la erupción de La Palma”. Las redes sociales, como añade, juegan en contra de este fenómeno que forma parte del “normal devenir” de un sistema volcánico activo como es Tenerife, Lanzarote, La Palma o El Hierro. 

¿Intrusión magmática o desequilibrio del sistema?

Una de las cuestiones que debaten hoy los científicos que forman parte del Plan Especial de Protección Civil y Emergencias por Riesgo Volcánico (Pevolca) es si los movimientos detectados en Tenerife se deben a una intrusión de nuevo magma o bien se está produciendo un cambio en las condiciones actuales del magma ya acumulado en las entrañas de Tenerife durante años. Esta opción es la que tiene más apoyo científico y achaca los sismos a cambios de presión o a un aumento de la temperatura sobre el magma acumulado bajo la isla. El vulcanólogo del CSIC Vicente Soler explica que en una isla activa vulcanológicamente, con erupciones históricas, el sistema “no está muerto”. Como indica, el magma que no sale tras la última erupción se queda en equilibrio bajo tierra y comienza a enfriarse lentamente y a decantarse en el interior. Esto produce un fondo microsísmico que es parte de un sistema en equilibrio que se ajusta constantemente. “Llegará un momento en el que, si hay nuevos aportes de magma, se producirá una erupción. ¿Cuándo? Nadie lo sabe”, concluye.

A elevar ese temor ha contribuido el terremoto de 4,1 registrado el jueves en la zona volcánica entre Gran Canaria y Tenerife, en el llamado volcán de Enmedio. En esa área se detectan hasta 600 sismos anuales pero son de carácter tectónico, nada que ver con los volcánicos de Tenerife. “Son hechos aislados pero la casualidad quiso que se produjera ese sismo en este momento generando gran inquietud. La gente creía que el volcán había entrado en erupción”, señala López.

Los enjambres del Teide entran dentro de lo normal de un sistema volcánico activo

Pese al interés que están suscitando los enjambres de Tenerife, Soler apunta que estos sismos son una “cosa ínfima” que no implica una reactivación volcanológica. “Es algo tan pequeño que la mejor de las estaciones tiene dificultades para registrarlos claramente”, indica el vulcanólogo del CSIC, que explica que para hablar de reactivación “sería necesaria miles de veces la energía que están generando estos sismos”. 

Además de que deberían darse otras señales, como un aumento de la deformación o de la emisión de gases, que no se está produciendo, como se puso el viernes de manifiesto en la reunión de los organismos del Pevolca. De hecho, la actividad “se está desvaneciendo”, como asegura Soler. “No sabemos si volverá o no pero por ahora está desapareciendo”, manifiesta.

Los expertos del IGN descartan por ahora una reactivación volcánica

En el mismo sentido se expresa el miembro del IGN Rubén López, que recuerda como en los años 80 el IGN realizó un estudio rutinario de actividad volcánica en Tenerife y se detectó en una estación “algo muy similar” a lo que está ocurriendo ahora. Entonces se llegó a pensar que aquellos pequeños sismos eran ruido. “¿Quién nos dice que esto se haya repetido periódicamente y no nos hayamos enterado porque se quedó en nada?”, se pregunta López. 

Precisamente este es uno de los escenarios que barajan los científicos, que el aumento de la actividad se vaya reduciendo y se normalice. El otro es que la actividad aumente y pueda derivar en una erupción. “Podemos ir a ChatGPT o a algún futurólogo a preguntarle por la próxima erupción pero cada uno nos dará una respuesta diferente y dudo que acierten”, concluye López.

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