Lina Gálvez: “Una masculinidad hipertóxica está tomando las riendas del mundo”
Entrevista
La presidenta de la comisión de Derechos de las Mujeres e Igualdad de Género en el Parlamento Europeo afirma que el burka “nos borra como seres humanos” pero se opone a su prohibición

Países europeos que desean abandonar el Convenio de Estambul —el tratado del Consejo de Europa que combate la violencia contra las mujeres—. Otros que endurecen las leyes del aborto. Gobiernos sin representación de mujeres. Jóvenes cada vez menos feministas. Un mundo físico y virtual más hostil con la igualdad. Europa llega al Día Internacional de la Mujer con la lucha por la igualdad en modo “resistir”, afirma la presidenta de la comisión de Derechos de las Mujeres e Igualdad de Género en el Parlamento Europeo, la socialista Lina Gálvez, en conversación con Guyana Guardian.
¿Cómo llega Europa en materia de igualdad a este 8 de marzo del 2026?
Con cierto retroceso. Si nos comparamos a nivel global, Europa todavía sigue siendo un espejo en el que muchos quieren verse reflejados. Muchos de los países europeos, incluida España, están entre los países con mayor igualdad del mundo. Pero aquí, en el Parlamento Europeo hay un tercio de la cámara que tiene una agenda clara antimujeres, antifeminismo y antiigualdad de género así como una agenda de instrumentalización de la violencia contra las mujeres, que ellos mismos niegan. Su ideario es xenófobo y racista, como si los únicos que violaran en Europa fueran los inmigrantes. Están metiendo la igualdad en el centro de su acción política.

Un tercio de la cámara que tiene una agenda clara antimujeres
Solo el 38% de los jóvenes españoles se considera hoy feminista. ¿Los estamos perdiendo en la lucha hacia la igualdad?
En parte sí, pero esto no es una cosa que caiga de repente del cielo, sino fruto de una estrategia que lleva muchos años en funcionamiento. Desde el 2013 hay una internacional de extrema derecha, antidemocrática, antigénero, operando de manera conjunta con una financiación extraordinaria que va desde oligarcas rusos hasta todo tipo de iglesias. También hay una mayor presencia en redes sociales. Todo ello está cambiando el sentido común, especialmente de los jóvenes, haciendo ver que el feminismo ha ido muy lejos, cuando todavía 1 de cada 3 mujeres en Europa ha sido víctima de violencia o cuando hay cientos de millones de mujeres y de niñas que no tienen acceso a los derechos mínimos, a la justicia, a la educación o a la salud. La narrativa está calando en forma de lluvia fina, pero lo que hay detrás es mucho dinero, estrategia y muchísimos espacios de poder.
¿Cuál es el gran desafío del feminismo y de la igualdad en la era digital? ¿Qué puede hacer Europa?
Las mujeres que participamos en la esfera pública siempre hemos sido objetos de violencia porque de alguna forma estamos en un sitio donde no se nos espera o donde no se nos quiere. A lo largo de la historia, cuando las mujeres hemos estado donde no se nos quiere, nos han quemado la hoguera, ya sea de manera virtual o de manera real. Se nos está diciendo a todas, especialmente a las más jóvenes, no entréis ahí, porque si entráis ahí se os va a sexualizar, se os va a violentar, se os va a atacar, etc. Entonces es una manera de disciplinarnos a todas. Los movimientos detrás de esto son antidemocráticos.
¿En qué sentido?
El feminismo ha sido el movimiento más profundamente democrático de todo el siglo XX y de lo que llamamos este XXI. Por tanto, si tú quieres atacar a la democracia, ataca al feminismo. En la UE tenemos algunas herramientas como la Directiva contra la violencia de género y la Ley de servicios digitales. Tenemos que prestar especial atención al ámbito digital. Ese mundo es el presente, no el futuro y se está diseñando con unos datos que están totalmente sesgados y con algoritmos que nosotras no estamos diseñando.
Mencionaba la Directiva Europea de Género, que se quedó a las puertas de incluir el consentimiento. ¿Qué ha cambiado ahora con respecto al 2024, cuando no solo Hungría, sospechoso habitual, sino grandes como Francia o Alemania lo bloquearon?
La esperanza ahora es Francia, así de claro. En el 2024, lo que aludía Alemania era que no tenía cabida en su código penal. Pero la posición del Parlamento Europeo y de la Comisión eran claras en el sentido de que había que incluir el consentimiento. ¿Qué ha pasado en el camino? Ha pasado el caso Pelicot, que ha hecho reflexionar a uno de los principales países que bloqueaba ese avance en el Consejo.
¿Debería prohibirse el burka, como piden algunos grupos políticos en España en los espacios públicos?
Aquí siempre hay principios concurrentes. Está la libertad de cada uno de vestirse como quiera. Es cierto que el burka implica una pérdida de identidad total de la persona que lo lleva. Lo que nos identifica como persona de entrada a todo es nuestro rostro. Personalmente creo que el burka no debería existir, pero al prohibirlo en determinados espacios públicos podemos caer en un ámbito de islamofobia. Estoy a favor de una separación muy clara de la religión y el Estado.
El burka no me gusta nada, es una prenda que nos borra de alguna manera como seres humanos. Pero más que en redactar una ley, iría hacia algo más general de respeto de los derechos fundamentales.
Trump, Putin, Bukele… En medio de esta geopolítica de la testosterona, ¿el mundo sería diferente con más mujeres a los mandos?
Mujeres feministas, eso es lo que haría la diferencia principalmente. Mujeres solas en el poder, un poder que está diseñado y se destila en masculino, tienen muy pocas posibilidades de transformar ese poder. Necesitamos ser una masa crítica importante a la hora de poder cambiar ese poder, porque si no la mayoría se adaptan y pueden estar. Una masculinidad hipertóxica está tomando las riendas del mundo. A veces cuando se quieren cambiar las cosas puede ocurrir lo que le pasó a Jacinda Ardern, que abandonan por agotamiento. Se nos exige mucho más, se nos mira con lupa cómo vamos vestidas o se nos exige la responsabilidad del cuidado. Por tanto necesitamos más mujeres en los espacios de toma de decisiones para poder transformarlos en liderazgo más femenino, porque desgraciadamente hay mujeres que vemos que están entrando también en esos hiper liderazgos masculinos.
¿Cuál sería un buen resultado esta legislatura europea en materia de igualdad?
Tal y como están las cosas, resistir ya me valdría, porque realmente el ataque a la igualdad, al feminismo, a las mujeres o a las políticas de igualdad es enorme. Seguir siendo ese faro de igualdad para el mundo y para las mujeres europeas estaría bien. Personalmente me gustaría ir un poco más allá y avanzar en transversalidad a través de los presupuestos, ver la transposición de la directiva de violencia en todos los países o avanzar en el ámbito digital y blindar los derechos sexuales y reproductivos.
El caso Epstein también ha tenido un fuerte impacto en Europa. Abusos, poder, impunidad, realeza. ¿Qué sintió al conocer los detalles?
Lo sigo desde hace muchos casos. Pero verlo de forma tan cruda hace que la rabia sea todavía mayor. Porque se sabía, había denuncias de hace décadas, denuncias que se han silenciado por una red de extorsión y de poder que demuestra que la idea de que todos somos iguales ante la justicia no es verdad. Si fuera así, los perpetradores hubieran estado en prisión hace muchísimo tiempo. Lo que hay es una red que va muchísimo más allá de pedófilos y pederastas. Es una red de extorsión internacional muy potente que combina información y extorsión en muchos ámbitos y países. Lo que lo hace más perverso todavía. Espero que todos los involucrados encuentren su pena y que la verdad, la justicia y la reparación para las víctimas avance. No creo haber visto algo más repugnante de manera tan orquestada en todos los días de mi vida.




