Salud

De este modo el sistema inmunitario incentiva el funcionamiento mental.

El efecto placebo

Una investigación reciente evidencia la importancia de las perspectivas optimistas al hacer frente a una patología.

La activación de ciertas zonas del cerebro potencian la respuesta del sistema inmunitario 

La activación de ciertas regiones del cerebro potencia la respuesta de las defensas del organismo. 

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El efecto placebo, mediante el cual la percepción personal de un enfermo logra afectar el éxito de una terapia, antiguamente se desestimó al ser visto como incierto y sin fundamentos científicos; sin embargo, hoy se admite como un recurso clínico auténtico, si bien escasamente entendido. Dentro de una investigación difundida estos días en Nature Medicine, especialistas han comenzado a revelar sus procesos biológicos al evidenciar que las perspectivas favorables son capaces de fortalecer la reacción del sistema inmunitario ante las vacunas.

Nitzan Lubianiker y Tamar Koren, dos investigadores en neurociencia de la Universidad de Tel Aviv, buscaban entender cómo el cerebro regula el sistema inmunitario. Optaron por enfocarse en el sistema mesolímbico, un área del encéfalo vinculada a las conductas de recompensa y que ya se sabía que influía en la inmunidad de los ratones. Con este fin, seleccionaron a 85 participantes para llevar a cabo un método sofisticado de entrenamiento mental, el cual facultaba a los individuos para intervenir en mecanismos neuronales que suelen ser ajenos a la voluntad consciente.

Los voluntarios visualizaban en directo manifestaciones de su funcionamiento cerebral, transformadas en señales simples tales como números variables o una gráfica dinámica. Su meta, siguiendo las instrucciones de los científicos, consistía en crear tácticas cognitivas, por ejemplo visualizar una escena o evocar una travesía, para orientar deliberadamente el flujo neuronal a diversas áreas del encéfalo. Se incentivó a cada individuo a generar su propia técnica individualizada. Durante diversos encuentros, los sujetos descubrieron, a través del ensayo y error, qué procedimientos estimulaban cada sector cerebral.

Los científicos repartieron a los participantes en tres categorías. El primero practicó la estimulación del circuito de recompensa cerebral. Una segunda agrupación se ejercitó para encender una zona del cerebro diferente. El último grupo no contó con metas específicas ni preparación alguna. Cada conjunto realizó cuatro jornadas, durante las cuales los sujetos de los grupos experimentales crearon y mejoraron tácticas personales para dirigir el flujo neuronal a la zona indicada. Justo al concluir el encuentro final, se les administró una inmunización frente a la hepatitis B a modo de prueba regulada para el sistema inmunitario.

El funcionamiento en una zona específica del cerebro reveló una asociación directa con los índices de anticuerpos.

Los análisis sanguíneos realizados antes y después de la inmunización mostraron un vínculo asombroso entre el funcionamiento del cerebro y la reacción del sistema inmune. Diversos sectores del circuito mesolímbico se encendieron a lo largo de la práctica, incluso entre quienes no se lo proponían. No obstante, en la totalidad de los voluntarios, el desempeño de una zona específica —el área tegmental ventral— se vinculó directamente con la cantidad de anticuerpos producidos por la inyección. Después de ejecutar un estudio para invalidar hipótesis alternativas, los científicos plantean que este hallazgo representa la prueba inicial inmediata de un mecanismo regulador entre el cerebro y la inmunidad en personas.

Con el fin de entender los procesos psicológicos subyacentes, Lubianiker, Koren y su equipo de investigación contrastaron y clasificaron los diversos métodos empleados por los sujetos del estudio. Dicho examen reveló que la activación prolongada en el área tegmental ventral se vinculaba de forma particular con las perspectivas favorables, o sea, reflexiones optimistas respecto al porvenir, y que este vínculo se intensificaba durante el transcurso de la instrucción. Por el contrario, los sentimientos positivos globales, tales como el deleite o el afecto, no evidenciaban dicha correlación.

El estudio del grupo aporta evidencias contundentes sobre el impacto del cerebro en la fisiología. Confían en que un conocimiento más exhaustivo de este vínculo entre mente y cuerpo permita desarrollar técnicas no intrusivas que optimicen la respuesta inmunitaria, con utilidades potenciales en la inmunoterapia oncológica y en el manejo de la inflamación crónica.

Esta investigación podría igualmente ayudar a entender el funcionamiento biológico del fenómeno placebo. Es conocido desde hace años que las perspectivas optimistas se vinculan con las reacciones al placebo. No obstante, apenas recientemente los científicos han detectado la función específica que tales sentimientos ejercen al activar el núcleo de recompensa cerebral y su impacto en el sistema inmune. Se requieren estudios de mayor escala para precisar todas las consecuencias que esto conlleva para el efecto placebo. Mas la evidencia de una conexión tan evidente entre la mente y el organismo implica que un recurso clínico tal vez poco aprovechado está obteniendo una base científica más firme.

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