Desmontamos los mitos del ‘glow up’: belleza, presión estética y falsas promesas en las redes

'Fact-checking'

El ideal de belleza que se presenta como autocuidado en las redes sociales esconde exigencias irreales que afectan a la autoestima y la salud de niñas y adolescentes

Influencers en redes sociales

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Terceros

Año nuevo, pero la exigencia física hacia las mujeres para lucir «perfectos» no cambia. En 2026 comienza con una exigencia persistente para que las chicas, especialmente, las jóvenes y adolescentes, tengan una imagen física impecable. Una presión alimentada, en gran parte, por los contenidos que consumen a diario en redes sociales como TikTok o Instagram.

Bajo etiquetas a priori inofensivas como «it girl» (el estereotipo de mujer influyente, atractiva, segura de sí misma y siempre impecable) o «that girl» (organizada, calmada, productiva, con una estética cuidada y una vida aparentemente saludable y equilibrada), así como bajo consignas como “cómo lucir perfecta sin esfuerzo”, se esconden mensajes que imponen un ideal de belleza irreal e inalcanzable.

En este contexto, rutinas de skincare (rutina de cuidado de la piel) extremas y remedios virales se presentan como soluciones milagrosas. Pero tras este discurso de supuesto autocuidado, en la mayoría de los casos no hay ninguna base científica. Lo que sí existen son expectativas irreales que pueden resultar innecesarias, frustrantes e incluso perjudiciales para la salud, física y mental.

El gran peligro de las rutinas ‘protección de la piel’

Niñas de entre siete y 18 años se graban a diario en TikTok aplicándose una media de seis productos diferentes en la cara. Así lo constata un estudio publicado en la revista Pediatrics, que alerta de que la mayoría de estos productos conllevan un alto riesgo para las pieles jóvenes y no ofrecen «ningún beneficio a la población pediátrica a la que van dirigidos».

«Aplicarse un cóctel de productos cada mañana y antes de ir a dormir se ha puesto de moda entre las más jóvenes», explica a Verificat el dermatólogo y profesor de la Universidad Internacional de Catalunya (UIC), Ramon Grimalt. Según el experto, en consulta recibe principalmente dos perfiles de pacientes jóvenes: por un lado, chicas que han seguido estas recomendaciones virales y llegan con la frustración de no haber obtenido los resultados prometidos; por otro, adolescentes que buscan soluciones a los daños que estos productos han causado en su piel.

Esta realidad también la observan otras expertas en dermatología, como Anna López, del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, y María José Tribó, responsable de la Unidad de Psicodermatología del Hospital del Mar, que alertan de que muchos de los productos que se recomiendan en las redes no son adecuados para pieles jóvenes.

Principios activos como la niacinamida, el retinol o las vitaminas E y C pueden afectar negativamente a las pieles que todavía se están desarrollando. «Son componentes que pueden resultar demasiado agresivos para una piel en formación», explica Tribó a Verificat.

Según la experta, el principal problema no es sólo el principio activo, sino los excipientes que incluyen, especialmente, la grasa. «Si a una piel joven, que ya produce grasa de forma natural, le añadimos más a través de cremas, acabamos obteniendo justo el resultado contrario al deseado: la aparición de acné». A esto, Anna López suma otros riesgos como las irritaciones y las reacciones alérgicas: «los efectos perjudiciales pueden llegar por diferentes vías», advierte.

En este sentido, la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) advierte que el uso de cosméticos y tratamientos faciales en edades no adultas es, en la mayoría de los casos, innecesario y puede comportar efectos adversos. De hecho, ante el aumento del consumo de estos productos entre menores, algunos países como Suecia han empezado a regular-ne la venda.

Agua, jabón y protección solar es la recomendación básica en la que coinciden todas las personas expertas consultadas. «Las personas sanas no necesitan tomar pastillas para mantenerse sanas; con la piel ocurre exactamente lo mismo», afirma Grimalt. «El juego de ver niñas divirtiéndose poniéndose cremas debe terminar; está provocando problemas reales en sus pieles», añade.

Agua con hielo, manzanilla y máscaras LED: rituales virales sin evidencia científica

Además del uso masivo de cremas y sueros, muchos de los vídeos que circulan en las redes recomiendan prácticas que prometen resultados inmediatos: sumergir la cara en agua con hielo para conseguir una piel más firme, aplicar bolsas de manzanilla en los ojos para eliminar las gafas o utilizar máscaras de luz LED que aseguran borrar la imperfección. Estos rituales se presentan como sencillos, naturales y efectivos, pero se difunden sin ningún tipo de rigor científico.

Las personas expertas consultadas avisan de que ninguna de estas prácticas está avalada por la evidencia científica y que, en algunos casos, pueden contribuir a generar problemas cutáneos o expectativas irreales sobre la piel. De hecho, López, del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau alerta de que, por ejemplo, el hielo puede acabar haciendo quemaduras en la piel.

El machismo bajo la apariencia del autocuidado

Anita Fuentes, investigadora del Instituto de Investigaciones Feministas (INSTIFEM) de la Universidad Complutense de Madrid, aclara a Verificar que estas tendencias, a pesar de parecer nuevas, responden a la reformulación de los tradicionales estereotipos y cánones de belleza: “es la perpetuación del patriarcado en clave neoliberal; desde un machismo más suave y desenfadado”.

Para la experta en cultura digital y feminismo, estas tendencias que parecen rutinas de autocuidados corresponden a un “rebranding del patriarcado» y forman parte de la presión que ejerce sobre las mujeres. «A través de la viralidad, se han vaciado de significado las categorías como el autocuidado y se han convertido en una obligación» añade.

Redes sociales, cosmeticorexia y trastornos dismórficos corporales

Las personas expertas consultadas alertan de que estas narrativas de las redes sociales sobre la exigencia de los cuidados tienen consecuencias mentales: ansiedad, baja autoestima y una presión constante por encajar en un modelo de belleza irreal. «En consulta nos encontramos con casos muy graves de dependencia hacia estos productos; las personas no quieren dejar de utilizarlos, aunque les resultan perjudiciales», explica Tribó del Hospital del Mar.

Andrea Arroyo, psicóloga miembro del Grupo de Trabajo TCA y Tratamiento Psicológico de la Obesidad del Col·legi Oficial de Psicòlegs de Catalunya, define la “cosmeticorexia” como la obsesión por el uso de productos y tendencias de cosmética con el objetivo principal de modificar el aspecto físico. «Se trata de una obsesión que persigue una perfección utópica e inalcanzable», afirma Arroyo, y que acaba generando «insatisfacción y frustración constantes».

Esta realidad está confirmada por estudios académicos: una investigación publicada en la revista Springer Nature indica que la exposición constante a cuerpos “perfectos” e ideales inalcanzables en las redes sociales incrementa la preocupación por la propia imagen y eleva los niveles de ansiedad. Con el tiempo, puede derivar en una dependencia de las plataformas y, en algunos casos, en trastornos dismórficos corporales (TDC), como los trastornos alimenticios.

Según Arroyo, ahí radica la clave del gran negocio de la cosmética que circula en las redes, así como del sector de los retoques estéticos: «se trata de un modelo basado en la insatisfacción estética que generan unos cánones muy difíciles de alcanzar y que se alejan radicalmente de la diversidad corporal». Esta presión, afirma, impacta especialmente a las jóvenes, que todavía están construyendo su identidad en un período de grandes cambios físicos y emocionales. Gran parte de la exigencia proviene de su propio juicio: “son muy sensibles a cómo creen que deben ser y cómo las perciben los demás, al tiempo que desarrollan un autoconocimiento sobre quiénes son y cómo quieren mostrarse al mundo”, añade la psicóloga.

Tribó recuerda la importancia de filtrar la información: «Debemos combatir la información incorrecta y seguir referentes científicos para promover hábitos y contenidos rigurosos desde la infancia y la adolescencia».


Verificat és una plataforma catalana de fact-checking sense ànim de lucre. Es dedica a verificar el discurs polític i el contingut que circula a les xarxes i a l'educació per al consum crític de la informació. Forma part de la International Fact-Checking Network (IFCN) i l'European Fact-Checking Standards Network (EFCSN)

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