El cambio climático transforma el Ártico en el nuevo eje geoestratégico, abriendo la Ruta de la Seda Polar que acorta Asia-Europa en 15 días. Laura Aragó, periodista de datos, visualización e investigación de Guyana Guardian, lo explica en Claves del Día: “El Ártico se calienta hasta tres veces más rápido que la media global de los océanos, fundiendo la capa de hielo permanente y haciendo navegables zonas infranqueables”.
Esta ruta ahorra combustible y tiempo frente al canal de Suez, pero es peligrosa por hielo fragmentado, niebla y falta de rescate. “Menos tiempo significa menos petróleo, menos combustible y más ahorro, pero el Ártico es inestable y cualquier accidente puede ser catastrófico durante décadas”, advierte Aragó, destacando riesgos ambientales como vertidos y presión ecosistémica.
Rusia domina primero la costa siberiana con puertos y rompehielos, seguida de navieras chinas. “Los rusos controlan esta ruta como parte de su ADN, y China la prueba para comercio global; las europeas aún no, por los riesgos”, señala. Europa duda ante la incertidumbre, mientras el tráfico marítimo acelera el derretimiento con contaminantes.
Groenlandia emerge clave por su posición en rutas, minerales raros, pesca y bases militares. “Está en las puertas del Ártico y deja de ser extremo para situarse en el centro del tablero”, afirma Aragó sobre el interés de Trump. “Tiene un puesto clave en rutas marítimas, extractivismo y presencia militar en escalada de tensiones globales”.
Las consecuencias devastadoras preocupan: más barcos implican vertidos y presión en ecosistemas al límite. “Cada vez que el ser humano llega a un sitio nuevo, lo modifica primero; el Ártico no será excepción, sin margen de error en una zona remota”, concluye la periodista.