Narcisistas: el vacío disfrazado de grandiosidad que desestabiliza a su entorno cercano

El psicólogo Alberto Aymar desentraña en una entrevista los mecanismos del trastorno narcisista de la personalidad, un mal silencioso que afecta relaciones personales y laborales en la sociedad actual

Narcisistas: el vacío disfrazado de grandiosidad que desestabiliza a su entorno cercano
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Narcisistas

Los narcisistas se caracterizan por un vacío interior que disfrazan con una imagen grandiosa y manipuladora, desestabilizando a su entorno más cercano con falta de empatía genuina. “Tienen carácter y palabrería camaleónicos y un vacío que se tapa con el cultivo de la imagen”, afirma Aymar, destacando su empatía estratégica solo para obtener beneficios y su interés primordial por el poder, donde “el resto no cuenta”. Amoral, vanidoso y envidioso, exige mucho de los demás mientras tolera sus propias trampas, paralizando relaciones con mentiras y seducción.

En las interacciones diarias, estos individuos no reconocen la valía ajena y usan la admiración como combustible, sentándose espontáneamente en posiciones de control. “No reconoce la valía de nadie, porque tiene el instinto de ver a sus semejantes por su capacidad para seguirle”, subraya el experto, quien advierte de su exhibicionismo patológico: “No toleran que alguien esté por encima”. Exhiben logros exagerados e ignoran necesidades ajenas, generando codependencias destructivas con celos irracionales y chantaje.

El psicólogo vincula el auge del narcisismo a una sociedad hedonista e intolerante a la frustración, fomentada por el capitalismo que mercantiliza todo. “La sociedad actual ha creado un nuevo individuo, ególatra y narcisista, que crece y se desenvuelve en una individualidad hedonista”, declara Aymar, señalando cómo el placer inmediato agrava el trastorno en niños y adultos, saturando el discurso público con egolatría.

Estos “parásitos emocionales” dejan un rastro de relaciones tóxicas en política, empresas y vida privada, buscando sumisión ciega. “Son personas que exageran sus logros y talentos, pero que son incapaces de reconocer las necesidades y sentimientos de los demás”, resume el terapeuta, comparándolos con un “vacío del alma” que desestabiliza entornos laborales y familiares.

Para combatir este fenómeno, Aymar aboga por recuperar empatía auténtica desde la infancia mediante psicoterapias que llenen el “hoyo en el pecho”. “Hay que contrarrestar este desaforado narcisismo que se instala como discurso en realidad”, concluye, promoviendo interacciones humanas genuinas más allá del mercado y la gratificación rápida.

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