Celia Gallardo, doctora en Educación por la Universidad de Almería, desmiente la noción de que la diversidad en las aulas disminuya la calidad educativa y señala como verdaderos problemas la escasez de autoridad y los currículos obsoletos.
Se tiene la creencia extendida de que la calidad educativa actual es menor que la de hace una generación, pero Celia Gallardo desafía este mito al resaltar la diversidad en los salones de clase. “La heterogeneidad no es un obstáculo, sino una oportunidad para formar ciudadanos más empáticos y adaptados”, sostiene la experta, enfatizando que la pluralidad de perfiles enriquece el aprendizaje cultural y social, a pesar de lo que supone la sociedad. Aunque no existen informes PISA comparables con décadas anteriores, esta variedad no explica el estancamiento en competencias básicas observado desde 2000.
Gallardo atribuye la disminución percibida a factores estructurales más profundos que la simple composición de las aulas. “El problema radica en la falta de autoridad por parte de educadores y familias, que erosiona el orden necesario para enseñar”, explica, relacionando esta debilidad con un currículo desconectado de las necesidades reales de la sociedad. En lugar de ajustar los contenidos a las demandas laborales y sociales actuales, los planes educativos se aferran a una memorización obsoleta, intensificando la indisciplina y la brecha entre la escuela y la vida práctica.
La doctora enfatiza que los docentes requieren recursos para ejercer un liderazgo sólido sin caer en el autoritarismo. “Sin autoridad compartida entre docentes y padres, las aulas se convierten en espacios caóticos donde prima el desorden sobre el aprendizaje”, advierte, sugiriendo fortalecer la capacitación en gestión emocional y disciplina positiva. Esta deficiencia no solo impacta el desempeño, sino que también limita el enriquecedor potencial de la diversidad multicultural en las escuelas españolas.
En cuanto a soluciones, Gallardo defiende un currículo actualizado y adaptable. “Hay que conectar los contenidos con las competencias que exige la sociedad del siglo XXI, como la empatía intercultural y la resolución práctica de problemas”, afirma, censura la inflexibilidad vigente que desatiende perfiles diversos. Cambios como disminuir las proporciones, consolidar el personal y dar prioridad a la inclusión activa podrían aprovechar la heterogeneidad como impulso de la innovación educativa.
Finalmente, la experta emite un mensaje optimista: la calidad educativa se recupera impulsando la autoridad restablecida y currículos pertinentes. “Con familias comprometidas y docentes empoderados, transformamos aulas diversas en semilleros de excelencia social y cultural”, concluye Gallardo, alineando su visión con las recientes demandas sindicales por más recursos y reconocimiento profesional en España.