Mamás y papás

Bel Olid, escritore: “Los tratamientos de reproducción asistida se han gentrificado”

El negocio de la gestación

El libro ‘La madre incompleta’ arroja luz sobre algunos silencios en torno a la reproducción asistida a través de testimonios de personas heterosexuales y del colectivo LGTBQ+ que han transitado por este proceso

Bel Olid entró en contacto con la reproducción asistida cuando tuvo una criatura con su pareja, que es un hombre trans

Bel Olid entró en contacto con la reproducción asistida cuando tuvo una criatura con su pareja, que es un hombre trans

En torno al 11% de bebés que nacen en España lo hacen gracias a un tratamiento de reproducción asistida. Eso son muchos bebés. Muchos más, en todo caso, que en otros países del entorno en los que ni la legislación ni la costumbre han normalizado tanto los tratamientos de fertilidad que han permitido a tantas personas configurar la familia que deseaban. A pesar de eso, persisten los silencios, en plural. Silencios en torno a la tasa de éxito de esos tratamientos (solo el 11% de las mujeres mayores de 40 años que se someten a tratamientos consigue tener un hijo con óvulos propios), en torno al duelo gestacional, al coste económico y emocional sobre la pareja, a las repercusiones en las donantes de óvulos y otras cuestiones que acaban dirimiéndose en círculos muy pequeños, sin entrar en la agenda pública.

Bel Olid, escritore y traductore (es una persona no binaria) entró en contacto con la reproducción asistida cuando tuvo una criatura con su pareja, que es un hombre trans, y aunque su caso fue exitoso, en el proceso se dio cuenta de que esas conversaciones tenían que aflorar. A partir de cien entrevistas, seleccionó unos 50 testimonios (cada uno es amalgama de varias personas entrevistadas) y las escribió, en forma de relato oral en La madre incompleta (Bellaterra / Angle), un libro que en su edición catalana tiene un subtítulo revelador: Promesas y costes de la reproducción asistida.

Las pérdidas gestacionales se tienden a minimizar: no tienes derecho a una baja médica, y muchas mujeres se la acaban tomando por depresión

Bel Olid

Escritore y traductore

En el libro, los testimonios están identificados por su viaje reproductivo. Por ejemplo: “Mujer, 43, dos abortos espontáneos durante el primer trimestre, un hijo vivo”.

En realidad, todos los testimonios son la suma de varias personas. Hacerlo así me permitía en primer lugar anonimizar, que nadie pudiera reconocer a su vecina del quinto, y en segundo lugar que pudiera haber temas diferenciados. Aunque había temas comunes que iban a pareciendo en todas las entrevistas: la falta de información, el dolor, el coste emocional, el coste sobre la pareja…

Hay un número importante de testimonios LGTBQ+, pero también destaca que en realidad los principales usuarios de técnicas de reproducción asistida son parejas heterosexuales.

Eso es así. Forman el grueso de usuarios las personas en una relación heterosexual con problemas de fertilidad. Pero me parecía importante visibilizar la posibilidad de vivir la gestación, la reproducción y el parto desde una identidad que no es la de una mujer cisgénero heterosexual, para que la tengamos en nuestro imaginario. Por ejemplo, cuando mi pareja y yo tuvimos nuestra criatura, mi pareja que es un hombre trans fue quien gestó e hizo de su embarazo una herramienta de visibilización clínica. Siempre preservando la intimidad de la criatura y parándonos en cuánto nació, para respetar su intimidad. En el libro, quería también embarazos de personas trans y no binarias porque hay una tendencia de hablar de los cuerpos disidentes como si solo estuvieran marcados por esa disidencia y no también por procesos vitales que vive todo el mundo.

Hay una voz narrativa que va trenzando todo el libro, una especie de monólogo de una mujer muy dolida, madre de un hijo, que ha sufrido una pérdida gestacional. Es una voz incómoda, que no está pensada para caer bien…

Las pérdidas gestacionales, sobre todo en el primer trimestre, pero incluso también las pérdidas perinatales, se tienen a minimizar y se viven muy en solitario y hay mucha incomprensión. Es una cosa que me habían repetido muchas de las personas entrevistadas, que nadie entendía como se sentían. Cuando te lo dicen 50 personas te das cuenta de que es un dolor profundo y que hay que pensarlo más socialmente. 

El no reconocimiento tiene consecuencias emocionales pero también legales. Cuando tienes una pérdida gestacional no tienes derecho a una baja médica, y muchas mujeres se la acaban tomando por depresión. En muchos casos el cuerpo vive el mismo proceso que en un posparto. Eso tiene que ver con el no reconocimiento del dolor de las mujeres. La sociedad quiere que pases página y olvides y todo trabaja a favor de negar ese dolor.

Habla en el prefacio de libro del peso que tiene este sector en España y en Catalunya y cómo eso convierte, por ejemplo, a Barcelona en meca de turismo reproductivo. A muchas personas no les gusta ese término, porque si se trasladan para tener esos tratamientos es porque en sus países de origen no es legal. Es el caso de las parejas de lesbianas en Italia, por ejemplo.

Pero aun así tienen una situación de privilegio respecto a otras mujeres más pobres que no pueden hacer eso.

Hay otras diferencias entre España y otros países del entorno. Aquí se sostiene el anonimato de los donantes de óvulos o esperma. Países como Reino Unido, Austria, Francia o Portugal lo han eliminado.

Y ya empieza a haber asociaciones de personas nacidas de donantes anónimos que dicen que eso no está bien, que son personas adultas con unos derechos vulnerados, el de conocer su origen biológico. En el libro aparece una pareja que ha ido a hacer un tratamiento a Portugal por ese motivo, para hacerlo con conocimiento del donante. Y se están dando casos de gente que va a Reino Unido o a Dinamarca. De nuevo son personas con los recursos económicos para hacerlo. También hay parejas que hacen inseminaciones en casa con un donante amigo, pero eso solo va a funcionar si no hay problemas de fertilidad. La legislación refleja lo que la sociedad y la legislación también cambiará aquí por mucha presión que hagan las clínicas. Si estamos dentro de un marco europeo puede que dentro de un tiempo haya una legislación que diga: esto en Europa no se sostiene.

Las clínicas de reproducción asistida no pueden lucrarse con la venta de material genético (...) La gente viene a Barcelona de ‘turismo reproductivo’

Bel Olid

Escritore y traductore

¿Qué otras medidas aplicaría para ir hacia prácticas más transparentes?

Para mí, la clave sería la canalización de estos procesos de reproducción asistida por la sanidad pública. Lo que no puede ser es que haya agujeros legales por los cuales la donación de gametos (óvulos o espermatozoides) es voluntaria y no puede aportar lucro, y damos una pequeña cantidad de dinero, 50 euros por la donación de esperma y entre 1.000 y 1.500 euros por la donación de óvulos porque obviamente el esfuerzo es mayor para las donantes que deben hormonarse y pasar por una intervención quirúrgica. Pero entonces las clínicas no pueden lucrarse por la venta de este material genético que se ha dado voluntariamente. Actualmente se lucran, subiendo el sobrecoste del resto del proceso. Argumentan: la extracción de óvulos cuesta X y esta X la marca el mercado. Puedo poner el precio que me dé la gana, el que la gente esté dispuesto a pagar. Las clínicas de reproducción asistida no pueden lucrarse con la venta de material genético. Antes hablábamos de turismo reproductivo: a Barcelona, ciudad puntera, viene gente de todo el mundo, con mucho dinero.

¿Cómo una gentrificación de los procesos de reproducción?

Exacto, es una gentrificación. Si eliminamos la posibilidad de que las clínicas se lucren con los trabajos reproductivos, sería un paso adelante. En el sector público ahora mismo puedes hacerte tres intentos de inseminación y tres de in vitro. En la privada no hay límite. Llegas con 45 años y te abren las puertas. Te dicen: te haremos todos los ciclos que quieras y dentro de un tiempo ya veremos si has tenido una criatura viva o te has cansado. Tiene que existir algún tipo de límite en el lucro. Estas empresas de reproducción asistida las están comprando fondos de inversión. La salud no puede ser un negocio y los derechos reproductivos tampoco.

La investigadora Sara Lafuente Funes habla de estratificación de clase; quienes optan a estos procesos son los que tienen recursos; y quienes aportan el material genético, los que tienen menos.

Sinceramente, la donación de esperma tiene poco coste físico y personal, no le veo tanto problema. La donación de óvulos sí puede tener efectos para toda la vida: puede reducir tu capacidad de reproducción, puedes sufrir una sobreestimulación ovárica con consecuencias graves…que las clínicas hagan anuncios en las universidades para que las chicas puedan pagarse la matrícula del año siguiente es complejo. El otro día hablaba con una chica que lo hizo tres veces por ese motivo cuando era estudiante. Decía: lo pasaba muy mal, pero también lo pasaba mal sirviendo mesas, y con eso me ganaba unos meses. Esa persona no lo hacía por altruismo, era una acto transaccional. Se encontraba mal durante un mes y podía permitirse estar unos meses sin trabajar. El coste beneficio le salía a cuenta. Ahora piensa que no era consciente de lo que hacía a su cuerpo. De nuevo, hablamos de decisiones que parecen personales pero no lo son. Todo nos aboca a tener hijos a los 40 años cuando ya es difícil. Pero, ¿quién los puede tener antes?

Hay clínicas de donación de óvulos que ponen anuncios en las universidades para que las chicas puedan pagarse la matrícula del año siguiente...

Bel Olid

Escritore y traductore

Insiste en que la información al paciente está muy racionada. Nadie tiene todos los datos cuando empieza un proceso.

Hay cosas muy salvajes que surgieron en las entrevistas. Por ejemplo: si tienes esperma congelado lo puedes destruir, si tienes óvulos o embriones no, o no tan fácilmente. Las clínicas te arrinconan para que sigas pagando por su mantenimiento en congelación o los dones a otras parejas. Si los donas, quiere decir que la clínica cobra el doble. Te han cobrado a ti la extracción y el mantenimiento y a quien los utilice la extracción e implantación. Este es un loop sencillo de solucionar: son mis óvulos, los puedo destruir cuando quiera. Ahora mismo solo se pueden destruir si tres médicos declaran que esa persona ya no es fértil. Hay aspectos en todos estos procesos que son muy complejos de mejorar, como las condiciones de vida para que no se acceda tan tarde a la maternidad o la paternidad.

En un par de casos que recoge en el libro vemos a hombres avergonzados por la calidad de su esperma ¿Eso es frecuente aun?

¡Cómo si fuera culpa tuya que tu esperma no fuera apta para la reproducción! Aquí sí que encontramos esta construcción de la masculinidad con unos estándares de virilidad que tienen que ver con la potencia reproductora. Claramente hay que revisar el imaginario social para que estos hombres dejen de sentirse así. Y también hay que cambiar otros imaginarios. No se está teniendo en cuenta ahora la edad de la persona que aporta el esperma. Sabemos con total seguridad que esa edad tiene que ver con complicaciones genéticas diversas, con mayores posibilidades de preeclampsia en la persona que pare y otras circunstancias. Y no lo estamos teniendo en cuenta porque socialmente estamos valorando mucho más que la criatura que nace sea genéticamente hijo de ese padre, en lugar de valorar que sea un proceso más seguro para todos los implicados. Estamos valorando el estatus de macho, y no es culpa de ese hombre, es culpa de la sociedad. Quizá sería mejor que se dijese más en las clínicas: no tiene sentido utilizar este esperma, aunque puedan salir adelante algunos embriones; utilicemos el de un donante.

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