Psicología y Salud Mental

Cómo aplicar la filosofía estoica a tu vida para ser más feliz: Haz que las cosas dependan de ti

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El estoicismo nos invita a ser libres y a sostenernos ante las dificultades, aprendiendo a ser más austeros. El único peligro es devenir demasiado individualistas. En la justa medida está la clave de la felicidad.

El estoicismo aboga por encontrar la serenidad en tiempos confusos y de no dar tanta importancia al entorno

El estoicismo aboga por encontrar la serenidad en tiempos confusos y de no dar tanta importancia al entorno

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Pese a que se escribieron en las postrimerías del imperio romano, las Meditaciones de Marco Aurelio siguen siendo uno de los textos más leídos de nuestros tiempos. Este emperador romano nacido en el siglo II d. C dejó un legado de aforismos que nos hablan de la condición humana más allá del materialismo y la dependencia propia del apego.

El estoicismo procede de la Grecia clásica. Su fundador fue Zenón de Atenas, que vivió durante el siglo III a.C. Se desarrolló en el periodo helenístico que va desde la muerte de Alejandro Magno y el surgimiento del imperio romano. Zenón buscaba la respuesta a cómo vivir una vida eudaimónica, plena y feliz. La respuesta fue comprender que no podemos controlar lo que pasa a nuestro alrededor, pero sí cómo lo afrontamos. La clave está en enfocarse sobre lo que depende de uno. La clave es preguntarse qué puedes hacer tu ante una determinada situación. Enfócate en lo que depende de ti en vez de en circunstancias ajenas que conducen al sufrimiento y la dependencia. Este es el camino de la libertad individual, que halló su esplendor en los tres escritores estoicos más célebres de la antigüedad: Séneca, tutor y consejero del emperador Nerón; Epicteto, esclavo que al liberarse de su condición fue de uno de los mejores maestros; y el emperador Marco Aurelio.

Un camino interesado hacia la contención

El estoicismo aboga por encontrar la serenidad en tiempos confusos y de no dar tanta importancia al entorno. La felicidad depende de nosotros y no de las circunstancias, dice Marco Aurelio. Tal vez el sufrimiento es inevitable, pero hay que aceptarlo y aprender de él. Ante una dificultad no hay que venirse abajo sino pensar qué podemos hacer nosotros como individuos para afrontarla. 

Una de las grandes enseñanzas de esta filosofía de vida es no depender de las circunstancias ajenas. No podemos basar nuestra felicidad en aquello que no depende de nosotros. Por ejemplo, en el amor, uno de ha de quererse a uno mismo y también a su pareja, pero si todo lo basa en aquello que depende de la otra persona puede acabar en un calvario de sufrimiento. La senda es propia y más que quejarnos ante las circunstancias que nos rodean, hay que tomar las riendas de nuestra vida. Carl Jung, sin ser estoico, decía que la vida no es lo que nos sucede, sino lo que escogemos ser. Bajo la mirada del estoicismo todo depende de nosotros y eso nos hace libres.

Por otra parte, el estoicismo es una filosofía para sostener en tiempos de crisis que puede convenir al sistema para mantener el orden social. Desde una mirada relativista y algo crítica, puede entenderse como un modelo de vida que neutraliza las ansias de rebelión. Si las cosas son difíciles o existe una crisis económica hay que ser estoicos, huir de la queja y aprender de las dificultades. Como punto de partida es bueno, pero llevado al extremo puede ser un acto de obediencia civil que interesa a la élite y las clases dirigentes (quienes precisamente no viven bajo estos preceptos).

Esta es una filosofía que nos enseña a navegar en la dificultad, a cruzar una larga travesía en el desierto. Opuesta a premisas hedonistas y de búsqueda de placer. También contraria a rebeliones incendiarias. La base estoica es la contención y trabajarse como individuos.

El arte de ser libre, según Epicteto

Epicteto, quien vivió como esclavo parte de su vida, nos enseña que la libertad mental es suprema. Nadie puede intervenir sobre lo que depende de nosotros. En el terreno de conciencia individual es donde verdaderamente somos libres. La libertad es algo que nos otorgamos, como un regalo desde el control psicológico y ético. Es bueno trabajar el amor propio y pensar que, en muchas ocasiones, podemos decidir. La base es encaminar la vida hacia la no dependencia ajena.

​Desde la dicotomía del control entendemos que algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Entre lo que controlamos están nuestras opiniones, nuestros deseos, aquello a lo que tenemos aversión. En conjunto, somos dueños de nuestras acciones. Este es el verdadero arte de ser libre. El camino es ser regentes de nuestra propia vida, deseando exclusivamente aquello que esté en nuestra mano. No hay que perseguir deseos imposibles o anhelos inalcanzables. Se podría pensar que esta es una forma de conformismo, pero desde el estoicismo se contempla como una vía para evitar el sufrimiento.

​Lo que hacemos desde nuestra propia voluntad es naturalmente libre y no acepta ningún tipo de trabas o restricciones. Para Epicteto, la libertad es una actitud mental característica de las personas que no se dejan arrastrar por el victimismo y la desidia. Para ello hay que tener juicio, motivación y voluntad.

​Probablemente, uno de los grandes principios que nos enseña este filósofo para huir de la esclavitud del sufrimiento es comprender que todo problema tiene dos caras, una que lo hace soportable y otra insoportable. Somos libres de decidir con cuál de ellas nos queremos quedar.

¿Un culto al individuo?

En conjunto, todas las enseñanzas del estoicismo nos llevan al cultivo del ser individual y la no dependencia de lo externo. Esta puede ser una buena praxis en determinados momentos de la vida y en ciertas eras o periodos de la humanidad. No obstante, en los tiempos en los que estamos esta filosofía puede mostrarse como un arma de dos filos.

De una parte, nos ayuda a no caer en el victimismo de que las cosas pueden ir mal, aportando claves para hallar soluciones por nuestra cuenta. Igualmente, nos incita a trabajarnos como personas con nuestros valores, juicios y recursos. No obstante, es bueno recordar que estamos en una sociedad altamente narcisista e individual. Esto provoca que un exceso de estoicismo puede llevarnos a posturas radicales en cuanto al culto al individuo. Mal interpretado, el estoicismo puede arrastrarnos hacia una desconfianza extrema por el otro y un compulsivo enamoramiento de uno mismo.

Tal vez el problema resida en no dejarse depender del grupo, confiar en el otro o amar sin reservas a otra persona… El estoicismo podría enmascarar miedos enquistados que, al no ser trabajados, nos hacen empoderarnos desde ese sentido individual que siempre nos va a hacer libres, liberándonos del sufrimiento. Hay también quien podría defender que sufrir de vez en cuando es necesario para poder evolucionar. Puede haber incluso una sana dependencia, pero esto son temas en los que el estoicismo no tiende a entrar.

Como tal el estoicismo es una filosofía del individuo porque todo está dentro de uno mismo. Marco Aurelio nos dice: «No hay nada tan digno de compasión como el hombre que va de izquierda a derecha, que escudriña, como dice el poeta, hasta las entrañas de la tierra y que intenta adivinar lo que sucede en los demás sin darse cuenta de que sería suficiente para su felicidad ser constante con el alma que reside en sí mismo si le consagrara sincera devoción. Esta devoción consiste en preservar a su alma de las pasiones, de la irreflexión, de toda la vanidad y la impaciencia».

Claves para una vida estoica

1

Determinismo. Toda causa tiene su consecuencia. Podemos modelar nuestra vida siendo responsables de nuestras acciones. Hay que enfocarse en las cosas que podemos controlar y determinar, no en las que son aleatorias y ajenas. Por el contrario, el determinismo cosmológico es más amplio según el cual todas nuestras acciones responden a un plan determinado. 

2

Todo es efímero. Una vez más surge la premisa de vivir en el presente y mostrar una total indiferencia o miedo ante la muerte. El presente es sobre aquello en lo que podemos incidir. El futuro o todo lo hipotético se nos escapa al control y por tanto puede llevarnos al sufrimiento. 

3

Ataraxia. Debemos mantener la tranquilidad mental ante cualquier cosa que nos depare el universo. La vía de la tranquilidad es la senda del bienestar. El estoicismo nos incita a tener serenidad para aceptar las cosas que no podemos cambiar y el coraje para cambiar las que sí podemos y la sabiduría para apreciar la diferencia. Todo ello desde la calma y el ser una persona moralmente buena. 

4

Templanza. Directamente relacionado con lo anterior. Mantener el temple nos mantiene en el centro, impidiendo que perdamos el control de la situación y aquello de que depende de nosotros. Un cristiano y teólogo moderno como Reinhold Niebuhr pedía a Dios que el concediera la “serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar; el coraje para cambiar las cosas que sí puedo, y la sabiduría para apreciar la diferencia.” 

5

Valor. El valor nos da la fortaleza de no venirnos abajo y confiar en nuestros propios recursos. Valor de tipo moral, como el coraje para mantenernos firmes y hacer lo correcto. Existe otro valor que es la autoestima, el cuidado de uno mismo, la confianza en las propias posibilidades.

6

Justicia. Conserva una ética y trata a los demás con respeto y dignidad. El estoicismo cree en los ideales de justicia para sostenerse en épocas de dificultad o decadencia. Sé justo y ten en cuenta, como dice Epicteto que no son las cosas las que perturban a las personas, sino los juicios que se forman sobre ellas.

7

Saber navegar en la dificultad. Ante las dificultades no hay que venirse abajo, sino mantener la calma y la fortaleza. A partir de aquí, hay que contemplar la doble naturaleza de una situación y enforcarse en lo que podemos hacer para resolverla, dependiendo de nosotros. 

8

Cuidar la propia alma. Marco Aurelio nos dice: “No es fácil que un hombre sea desdichado por no haber prestado atención a lo que sucedía en el alma de otro; pero los que no han estudiado nunca los movimientos de su propia alma, estos tienen que ser desgraciados forzosamente”. El conocimiento de uno mismo es una de las bases de una vida estoica y el alma es parte importante de lo que somos. Debemos examinar nuestro espíritu a diario y centrarnos en lo que depende de nosotros. 

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