Isabel Gómez-Alba: “El divorcio es el contrato más importante que firmaremos en la vida”
Relaciones
La experta en inteligencia emocional vivió un divorcio complejo y hoy acompaña a otras familias que atraviesan ese mismo proceso: “Del divorcio dependerán nuestras condiciones de vida en los años restantes”

Isabel Gómez-Alba es coach de separaciones, experta en inteligencia emocional y especializada en procesos de divorcio en parejas con hijos con discapacidad

En España no existen registros oficiales que permitan trazar un calendario de las separaciones. Sin embargo, en la práctica clínica, el comienzo del año aparece a menudo como un punto de inflexión: el momento en que se verbalizan dudas antiguas y se toman decisiones que habían quedado en pausa durante las fiestas. Más que un aumento puntual de rupturas, enero funciona como un cierre emocional de procesos que venían gestándose desde meses atrás.
Isabel Gómez-Alba (Barcelona, 1979) es coach de separaciones y está especializada en procesos de divorcio en parejas con hijos con discapacidad. Cuando se separó, su mundo se vino abajo: “amigos que tomaron partido, un negocio que no podía sostener y unos hijos con necesidades adicionales”.
Tuve que reinventarme, trabajar en mi autoestima, priorizar a mis hijos y fortalecer mi salud

Entonces tenía su propio negocio, un pequeño taller en el que trabajaba como florista. Durante el proceso de divorcio vivió uno de los momentos más duros de su vida: su hija entró en coma diabético y tuvo que ser hospitalizada. A partir de ese momento redujo al mínimo su actividad profesional para poder ocuparse de sus hijos; el mayor tiene discapacidad intelectual.
De esa etapa nació su pódcast Divorciarse a los 40. Lo que nadie te cuenta. “Tuve que reinventarme, trabajar en mi autoestima, priorizar a mis hijos y fortalecer mi salud”, relata. Cinco años después sintió la necesidad de acompañar a otras personas que atravesaban una separación, con un enfoque integral que abarca desde el inicio del proceso (parte legal y judicial, custodias) hasta el acompañamiento emocional y el proceso de duelo. Para ello se certificó como coach experta en inteligencia emocional y trabaja a través de sesiones individuales y programas de mentoría grupal.
Sostiene que, cuando una pareja se divorcia cambia la estructura familiar, pero no la familia ni el proyecto común con los hijos. Subraya que la forma en que se vive la separación puede convertirse en un ejemplo para ellos, sin culpables ni vencedores, desde el respeto y entendiendo que las personas y los proyectos evolucionan. Asegura que ayudar a otros que pasan por lo mismo que ella pasó es su “propósito de vida”, y lo desarrolla a través de charlas y talleres basados en su experiencia.
Enero suele asociarse a un aumento de las rupturas de pareja. Desde su experiencia, ¿qué suele pasar cuando una separación se vive como algo que hay que resolver rápido y dejar atrás cuanto antes?
Diría que es un error. Nos pasamos un año organizando nuestra boda y después queremos firmar el divorcio lo más rápido posible, cuando por el contrario a lo que se piensa, el divorcio va a ser el contrato más importante que firmemos en nuestra vida. De él va a depender nuestras condiciones de vida en los años restantes. Y lo que es más importante, el bienestar de nuestros hijos y el de nuestra familia.
¿Qué errores cometemos los adultos cuando intentamos “pasar página” sin haber entendido bien lo que nos está pasando?
Es como esconder el polvo bajo la alfombra. No se verá, pero sigue allí, y eso cada vez se hará mayor. Si evitas pensar en el dolor, lo tapas, y no quieres sentirlo, no vas a sanarlo. Será una herida que más adelante volverá a sangrar. Hay que transitarlo y conocer el origen de fondo de esa herida y trabajarlo desde allí. Es parte del proceso del duelo y de nuestro crecimiento personal.
Nos pasamos un año organizando nuestra boda y después queremos firmar el divorcio lo más rápido posible... Es un error

Si hay hijos, ¿de qué manera se puede colar el estrés en el cuerpo de los menores, incluso aunque no lo expresen con palabras?
El estrés emocional en los niños puede causar retrasos escolares, bloqueos a nivel emocional, cuadros de ansiedad que se expresan incluso con conductas regresivas de su desarrollo, cambios de comportamiento con conductas agresivas o manipuladoras. Pero ese impacto emocional luego puede causar trastornos a nivel físico, en forma de somatizaciones.
En el caso de mi hija, tras somatizar con eccemas en la piel, debutó en diabetes mellitus tipo 1. El problema no radica en la separación en sí, sino en cómo lo gestionamos.
En separaciones con hijos con discapacidad o enfermedades crónicas, ¿qué hace que la situación sea especialmente delicada y qué suele subestimarse más?
Cuando hay hijos con necesidades especiales, la vida en general se complica más. Los padres pasamos además de criar a ser cuidadores a tiempo completo, aunque el niño ya haya crecido. Normalmente la mayor carga del cuidado recae sobre uno de los dos progenitores. Eso dificulta más una separación, porque en este caso cumplir con hábitos y rutinas del niño, es todavía más importante. Además, está el factor económico. Si ya nos afecta al bolsillo los gastos que conlleva una separación, tener un hijo con necesidades especiales (terapias, colegios especiales, menos tiempo para trabajar) altera más nuestro nivel de vida.
Muchos padres dicen: “Mi hijo parece que lo lleva bien”. ¿Qué señales nos indican que quizá lo está sosteniendo en silencio?
Uno de los casos que más me encuentro es el de niños sobreadaptados o con conductas de adultos. Es decir, cogen el rol de la madre o padre, y adquieren una responsabilidad que no les toca. Eso les produce una maduración antes de tiempo.
Los hijos sufren un proceso de duelo en paralelo al nuestro y hay que atender los dos. Escucharlos, dejar que se expresen y estar presentes es la mejor manera. En otros casos, conviene observar si se muestran tristes o si se producen cambios en su conducta habitual.
Desde lo que ve en su trabajo, ¿qué diferencia a los niños que arrastran la separación como una carga de los que logran crecer con una base emocional más sana?
Los niños que lo viven como una carga seguramente tendrán miedo en el futuro al compromiso, puesto que vivieron situaciones de malestar en la relación de sus padres y no quieren cometer el mismo error. Se pueden generar heridas de abandono si, a causa del divorcio, uno de los dos cónyuges deja de implicarse en su crianza. También inseguridades, falta de autoestima o autoexigencia demasiado elevada causada por un sentimiento de culpabilidad mal gestionado durante la separación.
Si los padres no transitan el proceso del duelo y de la separación correctamente, pueden causar futuras relaciones disfuncionales y tóxicas de sus hijos cuando sean adultos. Si, por el contrario, la separación de los padres ha sido un cambio de vida naturalizado, desde el respeto, la paz, y el bienestar común, ellos no entenderán el futuro ni sus relaciones de pareja como una amenaza, sino como un lugar seguro, donde puedan escoger quedarse o irse desde la libertad.
Cuando el divorcio ya queda atrás, ¿qué es lo que realmente acaba teniendo más impacto en los hijos?
Quiénes somos nosotros como padres y como personas, cuánto los hemos querido y cuánto tiempo les hemos dedicado, y si hemos sido coherentes con lo que les hemos dicho y enseñado, y lo que hemos hecho de verdad. Esa coherencia es necesaria porque les da estabilidad y seguridad. Asimismo, saber que sus padres son buenas personas, y que también luchan por su propia felicidad y por sus propósitos individuales más allá de los que tenían como pareja. Para cuidar bien de nuestros hijos, hemos de cuidarnos también a nosotros y proteger nuestras ilusiones como personas más allá de como padres.


