Los mejores del mundo casi nunca fueron los mejores de niños

Desempeño humano

Se desmonta el mito del niño prodigio al demostrar que destacar pronto no garantiza la excelencia adulta

FILE - In this May 7, 1995, file photo, Chicago Bulls guard Michael Jordan (45) and forward Scottie Pippen (33) walk back to the bench during a timeout in the closing seconds of an NBA basketball playoff game in Orlando. Pippen says he’s talked with Jordan since “The Last Dance” documentary aired in the spring and downplayed any rift between the retired Bulls stars. (AP Photo/Robert Baker, File)

Los artistas excepcionales se caracterizan por haber tenido una juventud con menos especialización temprana y un progreso inicial más gradual 

AP

Los mejores del mundo en deporte, ciencia, música o ajedrez rara vez fueron los mejores cuando eran jóvenes. Así lo determina un amplio análisis internacional de más de 34.000 personas que alcanzaron la élite. El rendimiento excepcional en la infancia, según el estudio, no predice la excelencia en la edad adulta y, en muchos casos, ocurre lo contrario, pues quienes llegan más lejos suelen haber tenido trayectorias iniciales más lentas y menos especializadas.

Dos élites que apenas se cruzan

Durante décadas se ha asumido que los grandes talentos se detectan pronto, que los niños prodigio destacan antes que nadie y que, gracias a una práctica intensiva y temprana, acaban en la cima. Sin embargo, un estudio exhaustivo publicado hoy en la revista Science  cuestiona esa idea de raíz. Al estudiar a miles de deportistas, científicos, músicos y ajedrecistas de élite, los investigadores concluyen que los mejores del mundo, en la mayoría de los casos, no fueron los mejores cuando eran jóvenes. Y no solo eso, el camino que lleva a la excelencia adulta parece ser justo el contrario del que tradicionalmente se ha fomentado.

El trabajo, liderado por científico del deporte Arne Güllich, de la Universidad Técnica de Renania-Palatinado, es una revisión exhaustiva de 19 grandes bases de datos que incluyen a más de 34.839 intérpretes de máximo nivel internacional, desde medallistas olímpicos y campeones mundiales hasta premios Nobel, compositores clásicos y grandes maestros de ajedrez. Los autores también examinaron 66 estudios sobre artistas jóvenes y subélite para destacar cómo los patrones observados en el desarrollo temprano se comparan o contrastan con los observados en adultos. La primera conclusión es contundente: los jóvenes excepcionales y los adultos excepcionales rara vez son las mismas personas.

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Los datos muestran que cerca del 90% de los mejores jóvenes no coinciden con los mejores adultos, y viceversa. En ajedrez, por ejemplo, los jugadores situados entre los diez mejores del mundo antes de los 14 años y los que integran ese grupo en la madurez son, en casi nueve de cada diez casos, individuos distintos. Patrones similares se observan en el deporte, la ciencia y el rendimiento académico. Es como si el sistema seleccionara a dos grupos diferentes en momentos distintos de la vida, con escasa continuidad entre ellos.

El segundo hallazgo resulta aún más contraintuitivo, pues entre los mejores adultos, un mayor rendimiento temprano se asocia a un peor rendimiento final. Es decir, cuando se comparan únicamente a quienes llegan a la élite, quienes destacaron menos en la infancia o la adolescencia suelen acabar alcanzando niveles más altos que quienes despuntaron pronto.

Este patrón se repite en disciplinas muy distintas. Los premios Nobel, por ejemplo, tuvieron trayectorias científicas más lentas en sus primeros años que otros colegas que nunca ganaron el galardón. Los mejores ajedrecistas del mundo progresaron más despacio en la adolescencia que quienes se quedaron en el ‘top 10’ pero no alcanzaron la cima.

Brooke Macnamara, una de las autoras del estudio, explica para Guyana Guardian que los sistemas actuales tienden a reforzar esta dinámica. “Muchos programas de identificación y desarrollo del talento seleccionan a los jóvenes con mejor rendimiento y, una vez dentro, establecen un régimen de práctica intensa específica de la disciplina”. Y añade: “En muchos casos, las evaluaciones de estos programas y de sus entrenadores se basan en el rendimiento actual de sus alumnos”, lo que incentiva resultados inmediatos más que el desarrollo a largo plazo.

La diversidad de experiencias predice la excelencia adulta

La tercera conclusión del estudio apunta al corazón del debate sobre talento y práctica. Los factores que predicen el éxito temprano no son los mismos que predicen la excelencia adulta. En los jóvenes, rendir más suele asociarse a empezar antes, especializarse pronto y dedicar muchas horas a una sola disciplina. En cambio, entre los adultos de élite ocurre lo contrario.

Según el análisis, los mejores del mundo se caracterizan por haber tenido una infancia y adolescencia con más diversidad de actividades, menos especialización temprana y un progreso inicial más gradual. En el deporte, por ejemplo, los atletas de élite practicaron de media dos deportes adicionales durante unos nueve años antes de centrarse definitivamente en uno. En la ciencia, los futuros Nobel exploraron más disciplinas y actividades fuera de su campo principal.

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Para explicar estos patrones, los autores proponen tres hipótesis: la búsqueda y ajuste, según la cual explorar distintas actividades aumenta la probabilidad de encontrar un buen encaje; la del capital de aprendizaje, que destaca el valor transferible de la diversidad de experiencias; y la de los riesgos limitados, que subraya cómo la diversificación reduce el agotamiento, las lesiones y el abandono prematuro.

¿Qué implica para la educación y el talento?

Entre los ejemplos más citados de talento precoz figuran el compositor Wolfgang Amadeus Mozart, el golfista Tiger Woods, el ajedrecista Gukesh Dommaraju o el matemático Terence Tao. En el extremo opuesto se sitúan figuras que no sobresalieron especialmente en sus primeros años, como el compositor Ludwig van Beethoven, el jugador de baloncesto Michael Jordan, el ajedrecista Viswanathan Anand o el naturalista Charles Darwin.

El estudio no afirma que la práctica intensiva sea inútil ni que destacar temprano sea negativo en sí mismo. Tampoco propone recetas universales. Pero sí cuestiona con datos sólidos las políticas de selección precoz y especialización extrema que dominan muchos sistemas educativos, deportivos y artísticos. Como señala el informe, seleccionar solo a quienes brillan pronto deja fuera a la mayoría de quienes acabarán siendo excepcionales.

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