Con los datos que se han hecho públicos hasta ahora, es imposible saber si el virus de la peste porcina africana (PPA) salió del centro de investigación CReSA en Bellaterra.
Las sospechas apuntaron al CReSA cuando el ministerio de Agricultura reveló el 5 de diciembre en un comunicado que “el virus causante del foco en la provincia de Barcelona [es] muy similar al grupo genético 1 que circuló en Georgia en 2007” y que “la cepa del virus ‘Georgia 2007’ es un virus de ‘referencia’ que se utiliza con frecuencia” en laboratorios. Como el virus causante del brote es muy similar, pero no igual, el comunicado del ministerio lo atribuye al “nuevo grupo genético 29”.
Cabe la hipótesis de que el virus haya evolucionado a partir de la cepa Georgia 2007, tal como apuntó Agricultura en el mismo comunicado. ¿Podría haberlo hecho después de escaparse del laboratorio? Hay que tener en cuenta que el material genético del virus de la peste porcina africana está formado por una doble cadena de ADN. De los siete tipos de material genético que puede tener un virus (ARN de cadena doble, otros tipos de ARN, ADN de cadena única…), el de la PPA es el que evoluciona más lentamente. Dado que que los virus evolucionan en las células que infectan, y que el de la PPA es rápidamente mortal en los animales infectados, no puede haber tenido mucho tiempo de evolucionar tras salir -presuntamente- del CReSA.
Una posibilidad más plausible sería que el virus hubiera evolucionado durante investigaciones realizadas en el laboratorio antes de escaparse. Si fuera así, faltaría aclarar de qué manera habría salido el virus del laboratorio.
El CReSA no ha detectado ninguna brecha de bioseguridad que pueda explicar una salida de virus de la PPA en una auditoría interna en que se han revisado las actividades realizadas en sus instalaciones en los últimos cuatro meses, según ha informado el propio centro.
Los datos de los análisis en que se basa el ministerio de Agricultura para apuntar al CReSA no se han hecho públicos. Habrá que esperar a que se conozcan los resultados de los análisis genómicos para valorar si las diferencias entre las cepas del virus con que trabaja el CReSA y la del nuevo grupo genético 2-29 son compatibles con la hipótesis de que el virus ha salido del centro de investigación.
También se ha citado, como indicio contra el CReSA, que el centro de investigación estaba trabajando con virus de la PPA en las mismas fechas en que se inció el brote en jabalíes. Dado que es un centro especializado en sanidad animal y dotado de laboratorios con un alto nivel de bioseguridad, su misión es precisamente investigar agentes infecciosos como el de la peste porcina africana.
El genoma del virus de la peste porcina está formado por una doble cadena de ADN, por lo que no evoluciona rápidamente
Pero el cerebro humano tiene propensión a ver relaciones de causalidad allí donde a veces solo hay coincidencias. Comprensiblemente, el hecho de que el brote se haya originado en la misma zona y en el mismo momento en que el CReSA investiga la PPA ha llevado a algunas personas a pensar que el virus ha salido del laboratorio.
Esta idea puede resultar familiar y atractiva porque hay todo un género de ciencia ficción basado en fugas de virus y bacterias de laboratorios, con obras como La amenaza de Andrómeda (de Michael Crichton), Apocalipsis (de Stephen King), Inferno (de Dan Brown) y Oryx y Crake (de la imprescindible Margaret Atwood). Pero, con los datos conocidos hasta ahora, aunque está claro que hay coincidencia, no hay pruebas de que haya causalidad.
Hay precedentes de brotes de PPA que se iniciaron por alimentos contaminados; no hay ningún precedente conocido de fuga de laboratorio
Como hipótesis alternativa, se mantiene la de que los primeros jabalíes se infectaron al comer alimentos contaminados con el virus. No sería la primera vez. Cuando el virus de la PPA llegó a Portugal en 1957, lo hizo en alimentos de origen porcino que viajaron en avión. Cuando llegó al Cáucaso en 2007, también lo hizo en alimentos contaminados que viajaron en barco. También llegó en alimentos contaminados a Cerdeña y más tarde al norte de Italia.
Por el contrario, no se conoce ningún antecedente de brotes de PPA causados por fugas accidentales del virus del laboratorio, aunque sí se han producido fugas de otros patógenos de instalaciones de bioseguridad de nivel 3.
Tampoco puede descartarse por ahora la hipótesis de que el brote se haya producido de manera intencionada, y no accidental.
A la espera de que las investigaciones aporten alguna claridad en las próximas semanas, el CReSA merece presunción de inocencia. Alimentar las sospechas sobre el centro en ausencia de pruebas puede llevar a cuestionar las investigaciones sobre virus y otros agentes infecciosos: si el virus de la PPA ha escapado de un laboratorio de bioseguridad y ni el propio laboratorio sabe cómo ha ocurrido, ¿cómo podremos estar tranquilos si siguen trabajando con este y otros virus?
Pero estas investigaciones son imprescindibles para desarrollar vacunas y tratamientos y reducir el impacto de las enfermedades, no solo en animales, también en personas. También es imprescindible hacerlas, como ha hecho siempre el CReSA desde que inauguró su primer laboratorio de nivel 3 a principios de siglo, por lo menos hasta ahora, cumpliendo escrupulosamente los protocolos de bioseguridad.

