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El ADN humano revela emparejamientos de hombres neandertales y mujeres sapiens

Evolución humana

Descubierto un sesgo de género en el mestizaje entre las dos especies: no era habitual que mujeres neandertales y hombres sapiens se aparearan

Una niña, ante una recreación de un neandertal en el Museo del Neandertal, en Alemania

Una niña, ante una recreación de un neandertal en el Museo del Neandertal, en Alemania

Propias

Los emparejamientos entre neandertales y Homo sapiens, que tuvieron lugar en diferentes ocasiones y dejaron su rastro en el ADN humano actual, tuvieron un sesgo de género: casi todos fueron de varones neandertales con mujeres de nuestra especie, y no al contrario. Este hecho, según una investigación publicada esta semana en Science, explicaría por qué los genes de estos parientes, considerados extintos desde hace unos 40.000 años, no tienen una distribución homogénea en nuestro genoma, sino que están ausentes en gran parte en el cromosoma X.

Al comparar los genomas de ambas especies, los científicos ya habían detectado en los ‘sapiens’ lo que llaman “desiertos neandertales”, es decir, regiones genómicas donde el rastro de éstos es escaso, incluso existen en los más primitivos. Dichos desiertos están sobre todo en el cromosoma X, uno de los dos que define el sexo biológico: los varones son XY y las mujeres, XX. Al analizar el ADN de un neandertal de hace 122.000 años, encontrado en una cueva de Siberia, se observó que también había esos desiertos, pero en ese caso de genes de los sapiens.

Esto podía deberse a dos causas: que a lo largo de la evolución la selección natural hubiera ido eliminando la parte neandertal del cromosoma X porque era desfavorable; o que desde que ambas se hibridaron hubo un mestizaje sesgado de género que reducía la contribución de los cromosomas X neandertales.  Biológicamente, se explicaría por un mayor número de este tipo de cruces exitosos que a la inversa. La razón por la que tuvo lugar este fenómeno, sin embargo, sigue siendo un misterio, señala a Guyana Guardian el genetista Alexander Platt, de la Universidad de Pensilvania (EE.UU.), que es el primer autor del trabajo: “Genéticamente no se distingue si esa era una preferencia de machos neandertales por hembras anatómicamente modernas o era de ellas por hombres neandertales, quizás ambas a la vez, pero lo que sé es que no tuvo lugar solamente en los encuentros iniciales entre ambas poblaciones, donde cada especie era 100% una cosa u otra, sino que persistió al menos varias generaciones tras ese mestizaje”, asegura.

Para llegar a esta conclusión, el equipo analizó, además del rastro de ADN sapiens en diferentes fósiles de neandertales, el genoma de africanos subsaharianos actuales -los únicos que no tienen rastro de neandertales en sus genes-, y de otros humanos no africanos. De los africanos, escogieron a 73 mujeres bosquimanas y miembros de los chabu, un pueblo de cazadores-recolectores del sur de Etiopía.

Rastreando el flujo genético, determinaron que había un exceso del 62% de ascendencia humana moderna en los cromosomas X neandertales que apuntaba a este emparejamiento, aunque también podía deberse a algo ajeno a la preferencia, como son los movimientos que hacía cada género. Son factores demográficos entre los que Platt menciona que los machos y las hembras de ambas especies tuvieran diferentes prácticas migratorias, que los neandertales salieran a cazar y se encontraran con otras poblaciones humanas, mientras que las hembras de su especie estaban en el hogar o quizás que ellos fueran más propensos a secuestrar mujeres en otros grupos.

“Son cosas que pudieron conducir a patrones de cruzamiento con este sesgo sexual y no tienen nada que ver con la preferencia de pareja”, indica, “pero hicimos un modelo matemático de los efectos de estos diferentes procesos y descubrimos que ninguno era tan fuerte para producir el efecto genético que observamos. Había que plantear escenarios muy complejos y cambiantes, mientras que un patrón simple de preferencia de pareja lo explicaba ”. En todo caso, tampoco descarta que algún factor demográfico como los señalados tuviera alguna influencia.

Para el investigador, lo más importante es sus conclusiones indican que, “si nuestros genomas se ven y funcionan como lo hacen, no es porque sean el resultado de una selección natural puramente de ‘supervivencia del más apto’, sino que están moldeados, en gran medida, por nuestras interacciones sociales”.

Sabemos que la hibridación ocurrió al menos tres veces: una vez hace 250.000 años, cuando el ancestro de un neandertal de Altai se apareó con un Homo sapiens temprano; otra vez con ancestros directos de los sapiens  africanos hace unos 50.000 años en Oriente Próximo; y otra hace unos 45.000 años en Rumanía, aunque no dejaron descendientes. Incluso se ha sugerido que hubo al menos otro evento hace 160.000 años. 

“Es posible que haya habido más, pero ni siquiera conocemos realmente cuánta superposición han tenido estos dos grupos históricamente -explica Platt-. La mayor parte del tiempo vivieron en diferentes continentes, los neandertales en Eurasia y los humanos modernos en África”, señala.

Para el experto en neandertales Antonio Rosas, paleontólogo en el Museo Nacional de Ciencias Naturales, el trabajo “es muy interesante porque da una explicación a ese desajuste en el equilibrio del cromosoma X, aunque también pudo pasar que la descendencia de mujer neandertal y hombre sapiens no fuera viable, o no tuvieran descendencia, lo que no deja rastro en los genes”. Rosas recuerda que con el ADN de neandertales encontrados en el yacimiento asturiano de El Sidrón se averiguó que había hembras que habían llegado de otros grupos; eso sí, todas neandertales en ese caso.

Rosa Rosa Martín

Rosa M. Tristán

Redactora de temas ambientales y científicos

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