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Los mosquitos de la malaria desarrollaron gusto por los humanos hace casi dos millones de años

Genómica

Un cambio en la dieta en el Pleistoceno temprano abrió la puerta a la malaria humana

Mosquito <i>Anopheles</i>, vector de transmisión de la malaria&nbsp;

Mosquito Anopheles, vector de transmisión de la malaria 

Otras Fuentes

La preferencia de algunos mosquitos por la sangre humana —el rasgo que los convierte en eficaces vectores de la malaria— pudo surgir hace entre 2,9 y 1,6 millones de años en el sudeste asiático, coincidiendo con la llegada de los primeros homínidos a la región. El hallazgo, basado en el análisis genómico de 40 mosquitos de 11 especies, sugiere que la malaria humana en Asia tiene raíces mucho más antiguas que nuestra propia especie.

Del dosel del bosque al suelo

El estudio, publicado en Scientific Reports, reconstruye la historia evolutiva del grupo Leucosphyrus del género Anopheles, que incluye especies hoy responsables de gran parte de la transmisión de malaria en bosques del sudeste asiático. Algunas de estas especies son marcadamente antropofílicas, otras se alimentan casi exclusivamente de primates no humanos.

Los análisis indican que el estado ancestral de estos insectos era alimentarse en el dosel forestal, la capa superior del bosque formada por las copas entrelazadas de los árboles, a decenas de metros del suelo. Es el techo verde continuo donde viven y se mueven muchos primates. La región de origen era Sundaland —que incluía la actual península malaya, Borneo, Sumatra y Java— cubierta entonces por selvas húmedas.

El cambio comenzó cuando algunos linajes empezaron a explotar también huéspedes terrestres, los primeros homínidos que llegaron al sudeste asiático. Ese primer descenso del dosel al suelo abrió la puerta a la auténtica preferencia por los humanos.

Para datar ese giro evolutivo, los investigadores secuenciaron 40 genomas de 11 especies y compararon miles de genes compartidos. Con esos datos construyeron un árbol genealógico evolutivo, utilizando métodos estadísticos que permiten estimar qué especies están más emparentadas y en qué orden se separaron.

Después aplicaron modelos que integran información de múltiples genes para calcular cuándo se produjeron esas separaciones. Como no existen fósiles que sirvan de referencia directa, emplearon una tasa de mutación ya medida en moscas y ajustada para tener en cuenta que el análisis se centraba en genes codificantes, donde los cambios se acumulan más lentamente. Además, contrastaron los resultados con el “reloj” del ADN mitocondrial. La concordancia entre ambos enfoques refuerza la fiabilidad de las fechas.

El momento clave se sitúa entre 2,9 y 1,6 millones de años. El artículo afirma textualmente que la “antropofilia evolucionó muy probablemente una sola vez, implicando introgresión adaptativa, en el Pleistoceno temprano en Sundaland”.

“Otros mosquitos transmisores de enfermedades, como Aedes aegypti o Culex pipiens, evolucionaron hacia la picadura humana en los últimos 10.000 años, cuando las poblaciones humanas crecieron. Los mosquitos del grupo Leucosphyrus hicieron el cambio millones de años antes, mucho antes de que existieran los humanos modernos”, explican las autoras Cathy Walton y Upasana Singh para Guyana Guardian.

Desde un punto de vista evolutivo, el cambio no es trivial. “Primero, el mosquito debe encontrarse con ese huésped con suficiente frecuencia. Si los humanos están presentes en grandes números, los mosquitos los encontrarán más a menudo, y esa exposición repetida crea las condiciones para que la evolución favorezca a los individuos más eficaces en detectarlos y alimentarse de ellos” afirman las investigadoras. Seguidamente, se producen cambios genéticos que fijan ese rasgo en el genoma, especialmente en genes que controlan cómo encuentran y huelen a sus huéspedes.

Antes del Homo sapiens

La antropofilia es rara entre las más de 3.500 especies de mosquitos. Requiere una sintonía fina de receptores olfativos y circuitos sensoriales. Pero cuando surge, transforma un insecto forestal en un vector capaz de sostener la transmisión humana de patógenos.

Es probable que ya existieran malarias de primates no humanos en la región. Cuando ciertos mosquitos empezaron a alimentarse regularmente de homínidos, se abrió la posibilidad de contagio sostenido hacia los primeros humanos que caminaron por aquellas selvas del sudeste asiático. Las fechas descartan que el fenómeno surgiera con la llegada de humanos anatómicamente modernos. En cambio, coinciden con la expansión de Homo erectus en la región, documentada en torno a 1,8 millones de años. “Esto los convierte en vectores de malaria excepcionalmente peligrosos, porque llevan especializándose en humanos durante un tiempo extraordinariamente largo”, advierten las autoras.

El estudio no demuestra una interacción directa, pero aporta una evidencia independiente que respalda una colonización temprana del sudeste asiático por homínidos. Cambios climáticos en el tránsito del Plioceno al Pleistoceno fragmentaron las selvas húmedas y crearon mosaicos de bosques estacionales y sabanas. Allí prosperaron nuevos mamíferos terrestres, entre ellos homínidos. Y un nuevo huésped abundante es, para un mosquito, una gran oportunidad evolutiva.