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El vino blanco que puso fin a la crisis diplomática entre Cuba y Estados Unidos era catalán: “No fue una decisión improvisada”

Vinos

En 2015, los entonces presidentes de Cuba y Estados Unidos, Raúl Castro y Barack Obama, cenaron en La Habana tras décadas de crisis diplomática y brindaron con un vino de la DO Conca de Barberà

Obama y Castro posan justo antes de iniciar su reunión en Nueva York, en 2016. 

Obama y Castro posan justo antes de iniciar su reunión en Nueva York, en 2016. 

Propias

Después de casi un siglo de tensión geopolítica, el 21 de marzo de 2016 los presidentes de Cuba y Estados Unidos se sentaron en la misma mesa en el Palacio de la Revolución. Era el primer encuentro en suelo cubano con un mandatario estadounidense en activo en 88 años y la cita simbolizó el momento de mayor acercamiento institucional entre ambos países. Y un vino catalán protagonizó el primer brindis.

“Cuando me confirmaron que Milmanda 2012 estaría presente en la cena de Estado en La Habana, sentí una profunda emoción”, recuerda Miguel A. Torres, presidente de Familia Torres, “porque no se trataba solo de una cena oficial, sino de un momento histórico”. En la cumbre también se sirvió un Vega Sicilia Único 2007, vino de la bodega familiar centenaria que, como Torres, forma parte de la asociación Primum Familiae Vini, que reúne algunas de las más prestigiosas familias productoras de vino del mundo.

¿Por qué un vino elaborado en Catalunya acaba sirviéndose en uno de los encuentros diplomáticos más importantes del s. XXI? ¿Qué papel tuvieron estos vinos en la llamada ‘diplomacia blanda’, capaz de acompañar procesos políticos complejos sin protagonizarlos? Y lo más sorprendente: ¿Qué interés personal demostró Fidel Castro, el legendario líder cubano, para conocer los detalles del vino Milmanda?

Cuba tuvo un papel crucial en la fundación de la bodega de la familia Torres en 1870. Todo empezó en 1856, cuando un joven Jaime Torres Vendrell, con 17 años, se enroló como ayudante de cocina en un barco de Barcelona a La Habana. Allí empezó trabajando en una tienda de comestibles. Y con el tiempo, visión y mucho esfuerzo, consiguió hacer algo de fortuna en la isla. Con el capital, en 1870, él y su hermano Miguel fundaron una de las marcas de vino más admiradas del mundo.

Unas raíces que no olvida Miguel A. Torres: “Si mi tatarabuelo no hubiera ido a Cuba, nuestra historia sería muy distinta. La huella emocional siempre ha estado presente en nuestra historia”. Además, la inspiración de las tres torres de su logotipo guarda relación con La Habana, primera ciudad donde comercializaron sus vinos.

Si mi tatarabuelo no hubiera ido a Cuba, nuestra historia sería muy distinta. La huella emocional siempre ha estado presente en nuestra historia

Miguel A. Torres

Presidente de Familia Torres

“Por lo visto, en las botas debía ir grabado el escudo del puerto de destino”, recuerda. En el caso de La Habana: El Castillo de la Real Fuerza, El Castillo de los Tres Reyes del Morro y La Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Hoy inspiran su emblema. “Por este trasfondo, que un vino nuestro regresara simbólicamente a Cuba en un contexto de acercamiento político fue como cerrar un círculo histórico y personal”, concluye.

Diez años después de la histórica visita de Barack Obama a Cuba, sigue simbolizando el momento más visible del breve deshielo diplomático entre Washington y La Habana. La gastronomía y el vino actuaron como herramientas de diplomacia cultural. La cena de Estado representó uno de los momentos culminantes de ese acercamiento, al reunir en la misma mesa a ambos líderes junto a delegaciones políticas y familiares, en un gesto cargado de simbolismo internacional. Aunque nada fue casual.

“Desde 1995, Milmanda fue el vino elegido para las recepciones de primer nivel del gobierno cubano, especialmente en tiempos de Fidel Castro”, explica Miguel A. Torres. Para la visita de Obama, les contactaron específicamente para confirmar que querían brindar con este vino en una cena tan importante. “No fue una decisión improvisada ni puramente comercial: había un historial previo de confianza y afinidad. El vínculo emocional, sumado a la presencia continuada de Milmanda en la diplomacia cubana, contribuyó claramente a que el vino elegido fuera este blanco de origen español”.

El Milmanda 2012, un chardonnay de una sola finca a los pies del castillo de Milmanda, próximo a las murallas del Monestir de Poblet, se sirvió con el primer plato: una sopa de crema dorada aromatizada con ron Caney y jamón. Hace mil años que se plantan vides en la Conca de Barberà y hace más de 50 años que Miguel A. Torres compró la finca.

Miguel A. Torres, presidente de Familia Torres. 
Miguel A. Torres, presidente de Familia Torres. Edu Bayer

“La operación no fue nada sencilla, pero estaba convencido de su enorme potencial”, asegura el presidente de la bodega. Plantaron en 1980 y la primera añada salió en 1985. “Es un vino que requiere una crianza larga y sosegada para alcanzar su equilibrio. Del mismo modo, los procesos de reconciliación o de apertura entre países necesitan tiempo, diálogo y perseverancia: nada verdaderamente sólido se construye de un día para otro”.

Aunque el acercamiento entre ambos países tuvo un recorrido limitado, la noticia de la recepción impactó en los medios de comunicación y en la reputación de la bodega. Posteriormente, Miguel A. Torres viajó a Cuba con su hermano Juan María, donde fueron recibidos por el ministro chileno Belisario Velasco, amigo íntimo de Fidel Castro. Lo que pasó a continuación, en el Palacio del Gobierno de La Habana, no se conocía hasta ahora.

El Comandante, sentado frente a mí, me realizó innumerables preguntas respecto al vino Milmanda

Miguel A. Torres

Presidente de Familia Torres

“Nos invitaron a una cena con Fidel Castro. Había otros invitados”, desvela Miguel A. Torres. “Allí se sirvió también Milmanda. El Comandante, sentado frente a mí, me realizó innumerables preguntas respecto al vino Milmanda”. Una de las caras más humanas y cercanas de un revolucionario, un líder, un símbolo del comunismo o un dictador —depende a quien se le pregunte—, bebiendo vino y preguntando a su elaborador una retahíla de curiosidades.

Un vino tendiendo puentes entre continentes y familias, más allá de las diferencias. “Milmanda encarna valores fundamentales compartidos por muchas culturas: el respeto por el origen, el peso de la historia y la búsqueda de la excelencia”. Aunque hoy en día estas relaciones hayan mutado a peor, a mucho peor. El presidente de Familia Torres admite que “vivimos un momento geopolítico claramente más fragmentado e incierto que en 2016; sin embargo, creo que el ser humano sigue necesitando rituales compartidos: comer juntos, brindar, celebrar acuerdos, incluso en contextos de tensión”.

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