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El caso de Eduardo Montalbán y cómo volver a estudiar pasados los 50 años tras abandonar la EGB: “Mis hijos están muy orgullosos de mí”

Volver a estudiar 

Retomar los estudios en la edad adulta, recuperar la autoestima y construir un nuevo futuro: la historia real de un hombre que volvió a clase a los 50 años.

Imagen de archivo

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Volver a estudiar después de décadas alejado de las aulas no es fácil. Requiere valentía, constancia y, sobre todo, creer que todavía es posible aprender y avanzar. La historia de Eduardo Montalbán, un jardinero de 55 años, es un ejemplo claro de que la educación puede convertirse en un auténtico punto de inflexión vital.

Eduardo dejó la EGB cuando era joven y empezó a trabajar muy pronto. Durante años, la educación quedó en un segundo plano, hasta que, ya entrada la cincuentena, decidió darse una segunda oportunidad. “Nunca me habría imaginado llegar hasta aquí”, explicó recientemente en una entrevista en Catalunya Ràdio.

Volver a clase a los 50: el primer gran paso

El cambio comenzó cuando tenía 50 años y se matriculó para sacarse la ESO en una escuela de adultos de Terrassa. “Era el padre de la clase”, recuerda, rodeado de compañeros mucho más jóvenes. Aun así, lejos de sentirse fuera de lugar, descubrió que estudiar le gustaba y que aprender le devolvía algo que había perdido con el tiempo: la confianza en sí mismo.

Un hombre coge un libro de la biblioteca
Un hombre coge un libro de la bibliotecaGetty Images/iStockphoto

La pandemia fue clave en ese proceso. El encierro le llevó a leer más y a hacerse una pregunta decisiva: “¿Por qué no me pongo a estudiar?”. A partir de ahí, ya no se detuvo.

Un nuevo horizonte personal y profesional

Durante ese mismo periodo, un compañero de piso le animó a hacer voluntariado con personas en situación de vulnerabilidad. Aquella experiencia le marcó profundamente. Una educadora social le dijo una frase que se le quedó grabada: “Tú valdrías para esto”. Ese comentario sembró la idea de dedicarse al ámbito social.

“Empecé a estudiar la ESO y me gustó tanto que ya no he parado”, ha explicado. En 2025 dio un paso más y se presentó a las pruebas de acceso a grado superior para mayores de 19 años.

Varias personas durante la fiesta navideña de la Fundación Grandes Amigos,
Varias personas durante la fiesta navideña de la Fundación Grandes Amigos,Alejandro Martínez Vélez - Europa Press / Europa Press

“Salir de la prueba ya fue un triunfo”

Eduardo aprobó las pruebas y actualmente cursa el ciclo de técnico superior en Integración Social. Recuerda ese momento con emoción: “Salí de la prueba en un nublado; al margen del resultado, llegar hasta allí ya había sido un reto enorme para mí”.

En clase vuelve a ser el mayor del grupo, pero se siente integrado. “Me encanta estudiar, pero sobre todo ir a clase”, asegura. Para él, aprender ya no es solo una obligación académica, sino un espacio de bienestar y motivación diaria.

Captura de vídeo
Captura de vídeoCatalunya Ràdio / Instagram

Estudiar como motor de recuperación personal

Su historia también está ligada a la salud mental. Eduardo ha explicado que convivió durante 35 años con una enfermedad mental que derivó en distintas adicciones. Cuando le preguntan desde cuándo está limpio, su respuesta es clara: “Desde que empecé a estudiar”.

“La autoestima, el amor propio, eso es lo que me ha salvado”, afirma. Tener un proyecto de futuro y sentirse capaz de avanzar han sido piezas fundamentales en su proceso de recuperación.

El orgullo de sus hijos y mirar al futuro

La reacción de su entorno ha sido una de las mayores recompensas. “Mis hijos están muy orgullosos de mí”, cuenta. Un reconocimiento que refuerza su decisión y le anima a seguir formándose.

Cuando piensa en lo que viene, no duda: “Me imagino el futuro maravilloso. Y más, estudiando”. Su historia desmonta el mito de que hay una edad para aprender y recuerda que nunca es tarde para volver a empezar.

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