Cultura

'L'elisir d'amore', buscando el filtro (★★★✩✩)

Crítica de ópera

Vuelve al Liceu la producción de Mario Gas estrenada en el teatro Victòria en la temporada 1997-98 

Una escena de 'L'elisir d'amore' en el Liceu 

Una escena de 'L'elisir d'amore' en el Liceu 

Antoni Bofill/Liceu

L’elisir d’amore, de Gaetano Donizetti. Intérpretes: Serena Sáenz, Filipe Manu, Huw Montague Rendall, Ambrogio Maestri, Anna Farrés. Orquesta y coro del Liceu. Director del coro: Pablo Assante. Director musical: Diego Matheuz. Director de escena: Mario Gas. Reposición: Leo Castaldi. Liceu (22/XI/2025).

Anuncio de baja por enfermedad de Javier Camarena, sustitución del protagonista last minute, función tocada y un ambiente de extraña mezcla de circunstancias dieron al estreno de esta obra maestra del repertorio un resultado irregular.

En pleno día de Santa Cecilia, patrona de la música, volvió al escenario del Liceu una de sus producciones más queridas, la de L’elisir d’amore de Mario Gas, en su cuarta reposición desde su estreno en la temporada 1997/98, entonces en el teatro Victòria.

Las virtudes de la producción, efectiva, medida y resuelta dramáticamente fueron esta vez dirigidas por Leo Castaldi en su reposición y el resultado quedó falto de la chispa teatral que siempre le ha dado brillo. Dio la impresión de que los protagonistas actuaron según sus instintos propios y faltó la magia de las grandes ocasiones.

No ayudó tampoco la batuta de Diego Matheuz, irregular en su brío belcantista. Combinó sonidos en forte y dinámicas pesadas con un acompañamiento vocal donde la orquesta destacó en su bellos solos instrumentales. Faltó continuidad dramática, pero, sobre todo, la siempre complicada mezcla de ligereza cómica combinada con el lirismo romántico que hacen de esta ópera un capolavoro del repertorio.

El debut rol de la soprano barcelonesa Serena Sáenz, consolidada ya a nivel internacional como una de sus más chispeantes revelaciones, tampoco lució como otras veces. La voz presente, los agudos sonoros y su indiscutible presencia escénica no tuvieron eco con un estilo belcantista todavía tímido. Su Adina resultó distante y su química con el Nemorino de Filipe Manu no acabó de cuajar.

El tenor neozelandés-tongano, ganador del concurso Viñas 2024, tiene un timbre terso y una voz de proyección limitada. Su Nemorino funcionó a nivel general con una corrección de ajustada eficiencia.

Destacó por soltura y seguridad vocal el Belcore del barítono británico Huw Montague Rendall. De tesitura baritenoril y timbre claro, su desparpajo natural y eficiencia musical lo hicieron destacar con una mayor química con la Adina de Sáenz.

Ambrogio Maestri, con su voz sonora y ya de timbre endurecido por los años, fue un Dulcamara de técnica agreste y resultado musical rudo. Sus dotes escénicas en un rol que le va como anillo al dedo lo hicieron favorito del público.

La Giannetta de Anna Farrés fue de menos a más para un rol que ha de destacar en los conjuntos. Lo resolvió con suficiencia. Notable el coro, en apreciable mejora la sección femenina en su escena con Giannetta.

Quedan catorce funciones para una ópera y una producción que tendrán múltiples protagonistas para un título ideal para estas fechas navideñas.

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