El ‘spredge’ que atesoran los jóvenes
Especial Navidad / Juvenil
Cantos tintados, ediciones especiales y libros que ya no se muestran por el lomo: así ha cambiado la relación de los lectores jóvenes con el libro objeto
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Coloridos

Durante años, los libros se han ido ordenando por el lomo en las estanterías para, de un solo vistazo, ver qué título teníamos delante. Hoy, entre las jóvenes lectoras, esa norma ha saltado por los aires. En muchas estanterías –y, sobre todo, las que se pueden ver a través de la plataforma BookTok– los libros se apilan y colocan con las páginas hacia fuera, dejando a la vista sus cantos. Porque ya no son blancos. No es una rareza decorativa, sino una declaración de intenciones: el spredge. Un término popularizado en redes para referirse a los cantos pintados o decorados que se ha convertido en un elemento coleccionable y en una nueva seña de identidad lectora.
El fenómeno, que ha cobrado fuerza este 2025, se ha producido sobre todo a rebufo de las fans de la romantasy , la novela romántica juvenil (y no tanto) que se desarrolla en mundos fantásticos. Ahora los cantos tintados cubren ya todas las variantes del romance para deleite de unas lectoras que han alzado los índices de lectura hasta cotas nunca vistas. Pero más allá de devorar libros en papel, reclaman ahora ediciones con peso: volúmenes cuidados, reconocibles y convertidos en objeto de deseo dentro del fandom.

En este colorido universo particular destacan autoras que hoy marcan el pulso del mercado juvenil y el new adult como Rebecca Yarros, Sarah J. Maas, Lauren Roberts, Mercedes Ron, Nerea Llanes, Alex Aster, Ana Huang o Joana Marcús. Sus nombres circulan de forma constante por redes sociales y sostienen comunidades lectoras muy activas, que no solo esperan nuevas historias, sino también formatos especiales. La apuesta editorial, en estos casos, es consciente y estratégica. “Los libros con cantos pintados se suelen plantear en libros principalmente de tirada grande”, explica Miriam Malagrida, editora de Crossbooks. Se trata de títulos que ya cuentan con un público potencial claro, lectoras que siguen a una autora o que llevan meses esperando una publicación. “Sabemos que esa lectora va a valorar una edición especial y cuidada que convierte el libro en un objeto de deseo”, añade.
Aunque la técnica no es nueva, su expansión entre el público juvenil sí lo es. “Siempre ha existido, quizá más vinculada a la literatura infantil, pero como fenómeno en España explotó en 2024”, apunta Malagrida, en línea con lo que ya había sucedido antes en mercados como el estadounidense. La fantasía romántica ha sido uno de los géneros donde antes se ha consolidado esta estética, impulsada por autoras superventas y comunidades lectoras muy activas en redes. Sagas como la que arrancó Sarah J. Maas con Una corte de rosas y espinas (Crossbooks), han contribuido a normalizar las ediciones especiales como parte inseparable del atractivo del libro. Sus distintas reediciones con cantos decorados y portadas muy cuidadas refuerzan la idea de que estas historias no solo se leen, sino que también se coleccionan. Un efecto similar se produjo con la popular academia de jinetes de dragones que arrancó con Alas de sangre (Planeta), de Rebecca Yarros.

“Los libros con cantos pintados representan uno de los fenómenos más notables de los dos últimos años: un público mayoritariamente joven que no se conforma con leer, sino que busca una experiencia estética integral”, afirma Laia Zamarrón, directora literaria de Alfaguara, Salamandra y Nube de Tinta. Esa búsqueda explica por qué cada vez más lanzamientos se conciben desde el inicio como objeto, no solo como texto. En ese contexto encajan títulos como Powerless, de Lauren Roberts, o Lightlark, de Alex Aster, publicados por Nube de Tinta, que llegaron al mercado ya directamente acompañados de ediciones especiales. Zamarrón añade, además, un factor clave: el emocional. “Las lectoras buscan libros como objeto de regalo, la nostalgia y las ganas de compartir ese vínculo con algo que les ha marcado”, explica.
En esa línea encontramos estas Navidades uno de los fanfics inspirados en Harry Potter más populares del año. Se trata de un dramione (romance entre Draco y Hermione) que perpetra en Rose in chains (Crossbooks) Julie Soto. Más discretos son los cantos tintados de libros de Joana Marcús como Sempiterno (Montena), unicamente en rojo, o los de la trilogía Dímelo (Montena) de Mercedes Ron, acordes con sus portadas rosas y azules con mariposas y flores de hielo.
Sagas ya instaladas en el imaginario colectivo, como Los juegos del hambre, de Suzanne Collins (Molino/Fanbooks) o Crepúsculo (Alfaguara) de Stephenie Meyer también se han recuperado en ediciones pensadas para una nueva vida como objeto de colección. /