La escultura y el recipiente de pintura en aerosol

Las Claves

  • Un aerosol de fragancia aterrizó en la estatua de bronce del autor Faustino Zabalcoa, quien fue representado con una pluma de ganso en lugar de su máquina de escribir.
  • El concejal Dionisio Paperas justificó la pluma de ganso como símbolo universal, omitiendo detalles sobre la Olivetti Valentine o el costo del bronce.
  • La escritora Roser Encinada, ahora un bote de espray, lamenta la mercantilización de su obra y la reducción de los escritores a figuras simbólicas.
  • La estatua de Faustino Zabalcoa fue robada y desmantelada para ser fundida, evidenciando el trato actual hacia los escritores.

¡Zas! Un recipiente con aerosol que volaba por el aire, impulsado por un chorro de fragancia líquida, aterrizó justo en la ceja del célebre autor Faustino Zabalcoa. No le causó daño alguno, ya que Zabalcoa es ahora una estatua de bronce situada en el centro de un parque. Sostiene una pluma de ganso en su mano, evocando su inclinación literaria, aunque Zabalcoa en realidad jamás escribió con una pluma de ganso. Empleaba una máquina de escribir Underwood de origen estadounidense, similar a la que usó William Faulkner, y en sus últimos años, una Olivetti Valentine de color rojo. Sin embargo, el bronce tiene valor económico, y cuando los gobiernos locales planean erigir estatuas de escritores como tributo y para que el público pueda fotografiarse con ellas, buscan reducir costos al máximo. “La pluma de oca es un símbolo universal de la escritura” –manifestó el concejal Dionisio Paperas durante la ceremonia de develación del monumento, sin mencionar la Olivetti Valentine ni el costo del bronce–. Zabalcoa se encuentra allí, en medio del parque, con una estatura menor que en vida, pues todas esas esculturas de escritores y dramaturgos en espacios públicos se fabrican de menor tamaño para economizar. En otra zona ajardinada se alza la figura del trompetista Winston Calabresi, quien medía casi dos metros de altura, con unas manos enormes; lo han representado con una estatura de metro sesenta.

“Perdone, usted es... ¿la escritora Roser Encinada? Yo la admiraba mucho cuando vivía. Sus libros, El pa del torsimany y Mira el llescat . El año de mi muerte todavía no se había publicado La por i la destralera que ahora es la que más gusta, veo. ¿A qué se debe que se haya convertido en un espray?”. “Los jóvenes artistas buscan referentes y yo me siento muy halagada porque soy de las autoras y autores más apreciados”, dice satisfecha Roser Encinada. A continuación por su rostro de bote de espray pasa una sombra de tristeza. “Vivimos en un mundo de becas y subvenciones y mis libros abren puertas. Planteas un proyecto, le tiras un chorrito de mi perfume y ya está casi hecho. No puede usted imaginar la cantidad de instalaciones, happenings pictóricos y poemas filarmónicos que se estrenan cada año inspirados en mi obra y en mi persona”.

Zabalcoa se presenta como un retador: "¿No le da cosa ver cómo nos tratan a los escritores hoy?"

“¿Y no le da cosa ver cómo nos tratan en el mundo de hoy a los escritores? Yo, convertido en un pigmeo de bronce, usted en un espray”, Zabalcoa declares defiantly. “No, hombre, no: la juventud hace lo que puede”, the author Encinada replies, who has softened over the years she's spent in the afterlife; she used to have a sharper temper. The clock tower of the New Cathedral chimes three in the morning. “Aún gracias, que se acuerdan de nosotros”. Roser Encinada's final breaths drift skyward, further widening the hole in the ozone layer. A dilapidated van pulls up beside Faustino Zabalcoa's sculpture. Two individuals emerge, and using a hacksaw, they sever it at the ankles and haul it away for melting.

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