Maria Jaume, crecer con la música
Futurísimos
La carrera musical de la artista mallorquina empezó en Barcelona, con diecinueve años

Escenario.Maria Jaume posa en el Foment Hortenc, espacio para representaciones artísticas en Horta y cerca de donde vive

Vivir de la música no entraba en el imaginario de Maria Jaume. En su casa siempre ha sonado mucho, de todo tipo, desde Antònia Font a Amaral; su hermano mayor tocó en un grupo amateur. Son de Lloret de Vistalegre, un pueblo en el Pla de Mallorca de unos mil setecientos habitantes. A ella le regalaron la primera guitarra acústica a los ocho años, pero no empezó a versionar canciones que le gustaban hasta el instituto. De pequeña había sido extrovertida y le encantaba bailar. Luego se volvió un poco tímida y le daba vergüenza tocar delante de gente, lo llevaba a escondidas. Escribía y tenía claro que quería vivir en Barcelona: por los conciertos, por su oferta cultural y “por su efervescencia”. Lloret es tan pequeño que nada te sorprende, dice, le emocionaba el contraste de una ciudad “súper brillante donde cada día es una aventura”. Cuando en el 2017 llegó para estudiar Antropología, se planteó: ¿y si hago una canción?
Tenía 18 años y vivía junto a la Sagrada Familia. Era muy visceral y en las letras no había nada inventado, escribía para desahogarse. Poco a poco fue inspirándose en lo que le contaban o lo que leía, le interesaba más jugar a qué es real y qué ficción. En el 2019 se presentó al concurso Sona9 casi de rebote, el último día de la convocatoria. Ganó. Si no, duda que hubiera podido permitirse grabar el primer disco. Fins a maig no revisc lo produjo Pau Vallvé y la acercó a gente que admiraba. Tiene un recuerdo agridulce de los primeros conciertos. Se presentaba sola a los sitios y decía: “Sóc na Maria i venc a fer les proves de so”. A veces su madre la acompañaba porque no tiene carnet de conducir. Durante el bolo hablaba mucho; le daba miedo quedarse sin repertorio y conectaba con el público como en una conversación, de tú a tú. Así fue cogiendo tablas, pero echaba de menos a alguien con quien compartir aquella experiencia, sobre todo cuando volvía sola y cargadísima en el último tren –por ejemplo desde Tarragona– y “lo surfeaba como podía”.

Luego ha ido pasando fases y ha sido todo muy progresivo, muy orgánico: “Creo que ha coincidido con que me he hecho adulta”, dice, “el indie fue mi punto de partida y me he ido haciendo mayor, me he abierto al mainstream y al pop”. En el 2022 salió Voltes i voltes , y el año pasado Nostàlgia Airlines , con muy buena acogida. Varios de sus álbumes han sido premiados y reconocidos como mejor disco del año. Pero como ha ido tira-tira, asume el éxito quitándole hierro, “relativizarlo es esencial para llevarlo bien”. Su madre tiene una tienda de telas en Lloret y de vez en cuando entra alguien y le pregunta si su hija es Maria Jaume. “No soy tan famosa como para tener haters ”, ríe: “Algún comentario negativo he visto, pero es tan anecdótico que incluso me hace gracia y pienso que eso significa que llego a más gente”.
Del Eixample pasó al Gòtic; era salir a la calle, dar codazos y ponerse de mal humor. Lo vivió con resignación –como mallorquina es bastante pesimista respecto a la masificación turística, que “quita calidad de vida”–, hasta que ya no pudo más y se trasladó a Horta. Vive con el también músico mallorquín Lluís Cabot, productor de sus discos, y han montado un estudio en casa. A primera hora, hace gestiones más de oficina, luego trabaja en el nuevo disco que se presentará el 21 de marzo en el Auditori de Girona. Va al gimnasio –bici estática, máquinas–, compra en el barrio –“voy a la pescadería, a la carnicería, donde hablan contigo y te preguntan cómo estás”–, come y, con el café, lee o mira una serie; siempre tiene una en marcha, “las necesito para mis breaks ”. Luego sigue trabajando.
De adolescente decía que no tendría hijos y cuando cumplió veinte años pensó que los quería ya. La generación anterior a la suya ha tardado hasta los cuarenta, “y no sé si es por un tema conservador que gana peso (no es mi caso) o porque tenemos un poco más estabilidad, parece que los de mi generación los querríamos antes de los treinta”. Cuando esto pase, volverá a Mallorca para que las abuelas estén cerca de sus nietos. No sabe si vivirá en Palma; le gustaría que sus hijos fueran de pueblo, pero a veces ha sufrido ser de un sitio pequeño, donde todo el mundo te conoce y pasan ficha. Esta parte no la echa de menos. Sí, en cambio, “eso tan nuestro de sentirte en casa”.
El presente
¿Dónde vive?
En Barcelona, con el también músico mallorquín Lluís Cabot.
Medio de transporte
No tiene carnet. Al principio iba a los conciertos en tren, ahora tiene road manager.
¿Qué hace de vacaciones?
Últimamente ha tenido mucho trabajo, pero cuando puede le gusta ir a la montaña. “Hay que ir con cuidado al elegir dónde vas de vacaciones”, dice. Explica que, muchos de los que elogian Nostàlgia Airlines y le dicen que en Barcelona también hay mucho turismo, añaden: “Este verano iremos a Mallorca, ¿me recomiendas un sitio?”.
Primer salario
Haciendo de canguro (unos 10 euros). Y en la música, un concierto en Sineu (50 euros).
Una recomendación
La serie Girls, de Lena Dunham. Actualmente ve Severance, que tenía pendiente, y se pregunta: ¿qué realidad estoy viviendo ahora mismo?
Un clásico
God only knows, The Beach Boys
Un moderno
The art of loving, Olivia Dean
Redes
Tiene una relación de amor-odio: “Está muy ligado al lanzamiento de una canción, pero no acaba de ser mi trabajo; ahora mismo tienes que ser músico, compositor, productor, experto en marketing y ser superactivo en redes para que te hagan caso”. Ella está en TikTok y sobre todo Instagram. A veces lo disfruta y otras le agobia. Agradece tener un equipo que le ayuda. Cada semana se propone no mirar tanto el móvil, “pero a la mínima que te despistas, vuelves a caer”. Como publica cosas por trabajo, tiene esa excusa.
