Cultura

Ajedrez museo

En estos momentos hay dos exposiciones extraordinarias en Madrid. Las esculturas más conocidas y las más inesperadas de Juan Muñoz ponen en jaque la museografía del Museo del Prado, las obras del canon de la pintura universal y la mente del visitante. La misma tensión que vincula el alfil con el rey sentimos ante Sara con mesa de billar , esa figura de espaldas sobre tacones rojos que, tras la superficie que ilumina imágenes de ella misma, mira Las Meninas . La mente también reverbera, imantada, ante las arquitecturas minerales y vegetales de Maruja Mallo, sus selfies vestida de algas, su obra última de ciencia ficción, en las salas de su retrospectiva en el Reina Sofía. ¿Éramos conscientes de que nuestra particular Donna Haraway era pintora, estudiaba física cuántica y diseñaba naves espaciales?

Juan Muñoz. Historias de arte , muy bien curada por Vicente Todolí, incluye una selección de la biblioteca teórica del artista y sus interpretaciones del gabinete de curiosidades. Patricia Molins, con acierto, contrapuntea en Maruja Mallo. Máscara y compás los dibujos y óleos con recortes de prensa y cuadernos del archivo de la artista que evidencian la intensa actividad intelectual, la teoría que hay detrás de su obra plástica. La reconstrucción de la escenografía que Mallo realizó para la ópera y ballet Clavileño , de Rodolfo Halffter, o el énfasis en las portadas que diseñó para Revista de Occidente dejan claro que su arte era radial como la influencia de la reina en el tablero. Si todos los artistas y los museos tienen su propia biblioteca; si las investigaciones artísticas siempre atraviesan ciencias y tecnologías, ¿no es lo más natural que los museos se abran a todos los campos del conocimiento?

¿Éramos conscientes de que Maruja Mallo estudió cuántica y diseñó naves espaciales?

El Prado ha publicado novelas gráficas y ha invitado a que residan en el museo –bajo la coordinación de Valerie Miles– a escritores como J. M. Coetzee, Olga Tokarczuk y Mathias Enard. El Reina Sofía acoge en estos momentos una instalación cinematográfica de Oliver Laxe, a quien ha dado carta blanca en el Cine del Museo . También el Museu Nacional d’Art de Catalunya, con su programa Artistas en el Museo , ha propiciado las intervenciones de dramaturgos, autoras de cómic, performers, creadores conceptuales o músicas. No sabemos cómo serán los museos del futuro, pero sí sabemos que los del presente están claramente abiertos a las activaciones transfronterizas, de todas las indisciplinas. Es el mejor modo no sólo de convocar la curiosidad, que no se compartimenta, sino también de representar el espíritu de los artistas coleccionados. Mallo y Muñoz pasaron innumerables horas en El Prado; firmaron obras plásticas que eran también narrativas y teatrales; él hizo obras sonoras y ella, proyectos pedagógicos. Ese espíritu expansivo y transdisciplinar no es la excepción, sino la norma. No tiene sentido enrocarse en lo contrario.

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