Que el cine Verdi haya decidido ampliar su número de salas a costa del supermercado contiguo es una noticia que, por infrecuente, merecería cobertura mundial. Lo normal es que ocurra lo contrario, en Horta y en Los Ángeles. Lo pueden atestiguar los vecinos de barrios donde se han cometido cineicidios que han dado paso a anodinas superficies comerciales. Ahora bien, los esfuerzos del Verdi y de otros buenos empresarios del sector no servirán de nada si el cinéfilo no se sacude la pereza y vuelve a frecuentar las salas.
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