Cultura

El MNAC saca por primera vez a la luz las obras depositadas por el franquismo

El arte 'huérfano'

La exposición “Recuperado del enemigo” defiende que las devoluciones del Sdpan fueron un instrumento de propaganda contra la República

Dos de las obras 'huérfanas' de propietario que continúan en los depósitos del MNAC 

Dos de las obras 'huérfanas' de propietario que continúan en los depósitos del MNAC 

Alejandro Garcia / EFE

Tras del golpe militar y el estallido de la Guerra Civil, la Generalitat republicana trató de preservar el patrimonio artístico de la amenaza de las bombas y de la destrucción incontrolada de los revolucionarios, recogiendo y confiscando las principales colecciones públicas y privadas del país y trasladándolas a lugares seguros. Pero con la derrota republicana, fueron los vencedores franquistas los que asumieron su propiedad y se encargaron de devolverlas a través del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (Sdpan). El proceso se prolongó hasta los años cincuenta y muchas de aquellas obras que nadie reclamó (sus propietarios podían estar muertos o en el exilio o tenían miedos fundados de posibles represalias) fueron depositadas en hasta cincuenta museos catalanes.

 Conjunto de obras anónimas de las que se desconoce tanto los autores como sus propietarios 
 Conjunto de obras anónimas de las que se desconoce tanto los autores como sus propietarios Alejandro Garcia/Efe

En 2023, el Museu de Mataró, uno de los más favorecidos por el reparto, hacía un primer ejercicio de transparencia sobre el origen de sus colecciones con una exposición, Expedient 2619 , comisariada por el historiador Francesc Miralpeix , y ahora es el MNAC el que pone el foco en sus fondos (135 piezas) y los muestra al público “con voluntad de transparencia y reparación”, en palabras de su director, Pepe Serra. Recuperado del enemigo es el título de la muestra que toma prestada la expresión de las etiquetas que los hombres del Sdpam estampaban en el reverso de los cuadros, “tres palabras que repitieron hasta la extenuación y que las hemos escuchado tanto que casi nos las creemos. Querían crear la narrativa del franquismo como recuperador, como salvador de un patrimonio que estaba en peligro. Pero ni estaba en peligro ni recuperaron ni salvaron nada”, argumenta Gemma Domènech, que desde el Institut Català de la Recerca en Patrimoni (Icrpc), del que es directora, impulsa el proyecto Iguemus, un programa en el que participa una veintena de investigadores y cuyo objetivo es precisamente averiguar qué pasó y dónde están los bienes culturales salvados.

“Querían crear la narrativa del franquismo como recuperador, como salvador de un patrimonio que estaba en peligro. Pero ni estaba en peligro ni recuperaron ni salvaron nada”, afirma Gemma Domènech

Domènech es también comisaria de la exposición junto a Eduard Vallès, jefe de colecciones del MNAC, y Eduard Caballé, según el cual una de las motivaciones del franquismo con la creación de este servicio era combatir el relato de la República, que había realizado un enorme esfuerzo de salvaguarda del patrimonio y lo había rentabilizado internacionalmente con exposiciones como la del Jeu de Paume en París.

En una carta a otro agente, Josep Puigdengolas se sincera: “Todo o casi todo lo que andamos clasificando y mandando relación a la Comisaría, estaba ya debidamente guardado ya sea destinado a las iglesias o en lugares seguros (...) Pero veo que a eso, los agentes del servicio, le llaman ‘recuperación’, como yo soy todavía novato en el servicio, estas cosas me chocan mucho”. El traspaso de documentación entre técnicos se realizó de forma impecable aunque hubo momento de tensión como el que se debió vivir en Bescanó, donde según ha podido saber Domènech dejaron a la mujer y los hijos del director del museo de Reus como encargada de recibir a los servicios franquistas.

“Aparentemente, fue un proceso bien hecho y documentado, aunque con restricciones, porque suponemos que muchos de los propietarios que estaban en las listas no reclamaron las obras, por temor a la represión, porque se habían exiliado, estaban presos o habían sido fusilados”. Flanqueando la puerta que da acceso a la exposición, un cartel como los que colgaba ante el Palacio de la Caja de Pensiones de Montjuïc (hoy Institut Cartogràfic), el monasterio de Pedralbes y el Palacio Ducal Solferino, da idea de las dificultades burocráticas que debían sortear sobre todo aquellos que no eran afectos al régimen. “Prohibida terminantemente la entrada”. Debían esperar a un funcionario y a partir de ahí sortear mil y un trámites burocráticos. La exposición no entra en el tema, pero según historiadores como Arturo Colorado, en muchos casos las obras fueron tratadas como auténticos “botines de guerra”, entregándolas a extraños que no eran sus legítimos propietarios o mirando hacia otro lado cuando detectaban un engaño.

Cabeza de Cristo atribuida a Jaume Cascalls 
Cabeza de Cristo atribuida a Jaume Cascalls Alejandro Garcia/Efe

El MNAC albergó 135 piezas en sus almacenes, aquí a la vista de todos gracias a una proyección videográfica, algunas de las cuales fueron devueltas, como un conjunto de esculturas de Emiliano Barral, cuyos familiares donaron más tarde al Reina Sofía. Más que por su calidad artística, el interés de las obras tiene que ver con las heridas que todavía exhiben en su reverso, como Las chicas de Claudia, un óleo anónimo que lleva impreso el cartel de “Recuperado del enemigo” con fecha del 26 de enero de 1939, el mismo día que las tropas franquistas entraron en Barcelona por la Diagonal. También hay obras que se muestran en el recorrido de la colección del museo, como la cabeza de Cristo atribuido a Cascalls, que nunca nadie ha reclamado y que ahora se muestra tumbada, como debía estar en el convento de Sant Agustí Vell, de donde se supone que procedía.

Maria Teresa Sesé Monclus

Maria Teresa Sesé Monclus

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