El sueño de toda una vida. El anhelo de generaciones y generaciones de deportistas olímpicos. Una gesta para la historia en el mejor momento de su vida. Oriol Cardona, catalán de Banyoles (1994), esquiador indomable y una auténtica fuerza de la naturaleza, conquistó ayer el segundo oro de la historia del olimpismo invernal español. Proeza que le sitúa en el mismo escalón que el mítico Paquito Fernández Ochoa, que nunca más estará solo en el olimpo reservado para las leyendas.
Los Juegos de Milán-Cortina alumbraron una nueva prueba en la que España es potencia. Una disciplina nerviosa, no apta para cardiacos. El sprint de esquí de montaña será para siempre uno de esos pequeños milagros capaces de sentar a millones de españoles ante una pantalla. Allí donde brilló durante años la mastodóntica figura de Kilian Jornet, ayer se elevó su pupilo, cuya pasión por la montaña unió hace un par de décadas. Doble campeón el mundo y tricampeón de Europa de la especialidad, Cardona se aisló del mundo para ser el mejor también en la estación de esquí de Bormio, donde solo le faltaba rubricar lo que todo el mundo sabía.
Sin embargo, la presión es un mal enemigo en las finales olímpicas. En medio de una copiosa nevada, para dotar de mayor épica a la ocasión, el favorito al oro dejó a todos helados con una salida errática. Comenzó ahí una batalla contra los nervios. El de Banyoles era último tras los primeros metros, pero se sabía el más fuerte y no tardó en demostrarlo con una remontada fantástica. Antes de la primera transición (momento en el que se quitan o se ponen los esquís) ya era cabeza de carrera después de un enorme esfuerzo. Ahí, el suizo Jon Kistler, el otro favorito y el único capaz de batir a Cardona en las semifinales, fue víctima de los nervios y quedó descartado.
El campeón catalán tomó la cabeza en solitario en la subida de las escaleras, que ascendió sin titubeos y de dos en dos, mientras sus rivales, para entonces el ruso Nikita Filippov y el suizo Arno Lietha, hacían equilibrios para no caerse. Amplió su ventaja Cardona en medio de los varios tropiezos de sus perseguidores hasta la última transición, en la que hizo gala otra vez de la sangre fría que le caracteriza. Despegó las pieles de sus esquís, que les dan más agarre para la subida, y se deslizó hacia la gloria. El descenso fue controlado y plácido, hasta se permitió el lujo de mirar hacia atrás mientras se llevaba las manos a la cabeza para celebrar su éxito antes incluso de cruzar la línea de meta.
Remontada épica en el sprint de esqu
Tras él aparecieron el ruso Nikita Filippov y el francés Thibault Anselmet, plata y bronce respectivamente. El suizo Arno Lietha fue cuarto, mientras que Ot Ferrer (Berga, 2002) terminó quinto y sumó un diploma olímpico tras sufrir una caída antes de iniciar el descenso. El suizo Jon Kistler, la gran decepción, acabó sexto.
En Banyoles los allegados de Cardona rebosaban de gozo. En Bormio, el sujeto principal mostraba abiertamente su regocijo. “Ya era hora”, gritó Cardona. “Hay mucho trabajo detrás. Estoy abrumado. Tenía muchas ganas de sacármelo de encima”, reconocía luego de la fuerte tensión vivida en la semana previa. “En la carrera ha salido todo bien, me encontraba súper bien, y al llegar a meta ha sido una sensación... Estoy sin palabras”, manifestó con gran emoción y con el pulso todavía elevado.
Oriol Cardona levanta las manos en señal de triunfo tras su victoria en el sprint de esquí de montaña de los Juegos de invierno
“Correr aquí es muy duro por la presión y los nervios. Pero eso me ha dado un chute de energía”, explicó en los micrófonos de TVE. “Me encontraba muy bien. Quiero dar las gracias a todos. Los ánimos han llegado. ¡Ya era hora!”, clamó con liberación.
El catalán participa en la prueba este viernes.
A continuación, casi entre lágrimas, dedicó el triunfo a su abuelo, fallecido “hace muchos años pero me acuerdo mucho de él. También a Kilian Jornet y a todos los que me han acompañado, porque yo no soy nadie sin ellos. Nos traemos otro oro para casa”, dijo sonriente.
Pero antes de subir al podio, Cardona hizo la promesa de que esta no será la última medalla que se cuelgue en estos Juegos. Este viernes volverá a ponerse los esquís junto a la también medallista Ana Alonso (bronce) en el relevo mixto, donde ya fueron subcampeones del mundo en 2025.


