Cultura

Maria Rodés, amor y desamor (★★★★✩)

CRÍTICA DE POP

La cantautora reunió a los incondicionales, pero la calidad de su obra merecería llegar a más público

Maria Rodés, durante su actuación en la sala Apolo para presentar el disco 'Lo que me pasa'

Maria Rodés, durante su actuación en la sala Apolo para presentar el disco 'Lo que me pasa'

Carlos Alonso

Maria Rodés

★★★★✩

Lugar y fecha: La 2 de Apolo, Barcelona (25/II/2026)

La cantautora Maria Rodés, cerca ya de cumplir 40 años, tiene una carrera que alcanza los nueve álbumes, si contamos su proyecto inicial Oníric. En todos ellos ha mostrado sensibilidad y, no menos notorio, un gran eclecticismo, algo que a la postre ha redundado de manera negativa ya que la presentación de Lo que me pasa tuvo lugar en el escenario mediano de la sala Apolo. Reunió a los incondicionales pero la calidad de su obra merecería llegar a un público más amplio.

Abrió con Primera vez, la que descorcha el disco, que habla de “un sentimiento bello”, del amor puro, con íntima sensualidad, en compañía de teclista Adrià Serarols, alias Bofiraz, y de la guitarrista Isabelle Laudenbach (ex Las Migas). Esta ya hizo gala de su toque flamenco en el rescate de la copla Flor del mal, un cuplé creado para Raquel Meller que ella transforma en algo más contemporáneo, vía efectos electrónicos y unos gorgoritos que parecían emular un theremin.

El single Pienso en ti contó con la ayuda vocal de Paco Pecado, añadiendo toque bohemio al candor de la protagonista, en una melodía envuelta en efectos orquestales simulados y un arreglo latino. El homenaje a la pureza de la Maria adolescente, que aparece en la portada del disco, fue Recordarte, tema que abría su anterior álbum Fuimos los dos; una canción romántica y melancólica dedicada a su primer novio. Después estrenó Chico bueno, grabada con el productor Bronquio, una sabrosa bachata electrónica que puede pasar por lo mejor de su trabajo reciente.

El vaivén retrospectivo incluyó las coplas de León y Solano Tres puñales y Tengo miedo, esta última con el jondo añadido del cantaor Albert Cases. Tampoco se olvidó del clásico de Lola Flores Pena, penita, pena, ni del Me quedo contigo de Los Chunguitos, ambas llevadas a su terreno.

Hubo mucho amor eufórico pero también la desolación del desamor, como el que refleja el ghosting del que habla Eso a mí no se me pasa o la explícita Malo, mezclando beats, fondo sintético y bedroom pop. Sin olvidarse del despecho de la ranchera Rata de dos patas que popularizo Paquita la del Barrio.

Para el rescate de Fuimos los dos contó con Marina Tomás al charango y un par de palmeros para dar un acento folklórico. Este siguió en Carta al diablo, la única inmersión en el brujeril Lilith. Unos registros muy alejados del acento trip-pop que desprendieron las nuevas Andan sueltas las fieras y Te amé, esta última grabada con Soleá Morente. Y rizando el rizo ecléctico, en el bis se arrimaría a la samba en la explícita Vamos a Brasil y a la rumba en la celebrada Otro amor.

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