Jude Law sorprende en Venecia como Putin en 'El mago del Kremlin'
El festival de Cine
La crítica aplaude en La Mostra el estreno de la película de Assayas sobre el arquitecto del poder de Putin, inspirada en la novela de Giuliano da Empoli
El actor británico recurrió a una peluca, pero sin máscara: ‘Lo más difícil fue mostrar emociones en un rostro impenetrable

Jude Law, como Vladímir Putin, y Paul Dano, como Vadim Baranov, en una escena de 'El mago del Kremlin'

Vladímir Putin ha llegado a Venecia. No físicamente, la orden de detención internacional lo impediría, pero sí interpretado por Jude Law, que logra la difícil tarea de meterse en el personaje, con el hielo que emana de ese rostro, evitando la caricatura, sin prótesis, solo con una peluca.
En la Mostra es el día de El mago del Kremlin, la película del director francés Olivier Assayas, que narra la parábola de Vadim Baranov (Paul Dano), un brillante artista y productor de televisión que a inicios de la década de 2000 se convierte en el principal consejero de un oscuro dirigente de los servicios secretos que llega a primer ministro: Vladímir Vladírovich Putin.
Olivier Assayas narra la parábola de Vadim Baranov (Paul Dano), un brillante artista y productor de televisión que se convierte en el consejero de Putin
Frente al Palacio del Cine del Lido, desde primeras horas de la mañana se formaron largas colas de periodistas de todo el mundo y, al término de las más de dos horas y media de proyección, se escucharon prolongados aplausos.
El protagonista es un moderno Rasputín, un personaje ficticio, inspirado en Vladislav Yúrievich Surkov, considerado el arquitecto del ascenso imparable del zar, no solo un asesor, sino un pionero de las nuevas técnicas de desinformación, con las que inundar a los enemigos occidentales. El filme está basado en la novela de Giuliano da Empoli, intelectual italiano adoptado por Francia, y es una adaptación fiel, con guion de Emmanuel Carrère, que solo difiere en el final.

Y como en el libro, la obra de Assayas describe los ejes del éxito de Putin, en particular la idea de un “poder vertical” que transmitiera orden a los rusos, desorientados tras el fin del comunismo y los años del capitalismo salvaje de la era de Borís Yeltsin. “En Rusia no importa el dinero, sino la cercanía al poder”, explica Baranov a un periodista estadounidense en uno de los diálogos clave de la película. “Sabemos que el dinero se desvanece pronto, pero el poder no”. Y el mando vertical impone su visión: el objetivo es interceptar la rabia y la frustración de los rusos, huérfanos de un imperio que ya no existe.
“En Rusia no importa el dinero, sino la cercanía al poder”, explica Baranov a un periodista estadounidense en la película. “Sabemos que el dinero se desvanece pronto, pero el poder no”
Los otros protagonistas son, de hecho, los oligarcas, en particular a través de la historia de Borís Berezovski, un influyente empresario del mandato de Yeltsin, que elige como sucesor en el Kremlin a un anónimo agente del KGB, convencido de que podría controlarlo, para acabar huyendo al exilio, primero en la Costa Azul y después en Inglaterra, donde fue hallado ahorcado en 2013.
'Father Mother Sister Brother'
Jarmusch choca con Mubi por sus vínculos con Israel
En esta edición de la Mostra, el drama de Gaza emerge prácticamente cada día, aunque con formas distintas. Ayer fue el turno de Jim Jarmusch, director estadounidense, que debuta en competición en Venecia presentando Father Mother Sister Brother, una película en tres episodios con un reparto estelar: Adam Driver, Cate Blanchett, Tom Waits, Vicky Krieps y Charlotte Rampling. Entre los distribuidores está también Mubi, la plataforma financiada por Sequoia, un fondo que invierte asimismo en startups de la industria de defensa israelí. Jarmusch ha firmado un llamamiento para que ese dinero se utilice de otro modo. Un gesto que, según él, habría sido mal recibido por Mubi: “Estoy desconcertado por su reacción”, dijo Jarmusch, hablando con los periodistas en el Lido. “Tengo un acuerdo de distribución en algunos territorios con Mubi, pero se sabe que todo el dinero que proviene de las corporaciones es dinero sucio. Claro, podría dejar de hacer películas, pero es algo que me gusta demasiado”. Una polémica similar ya había surgido con la película de Paolo Sorrentino, La Gracia, también financiada por Mubi, pero el director italiano, a una pregunta en la rueda de prensa, evitó cualquier comentario.
Putin terminaría deshaciéndose prácticamente de todos ellos y consolidando su poder junto a un círculo de antiguos funcionarios del Partido Comunista, retratado en una de las escenas más logradas del filme: una cena entre amigos en San Petersburgo, la ciudad del zar, a base de risotto con trufa italiana, organizada por Yevgueni Prigozhin, que entre sus múltiples actividades llegó a ejercer también como cocinero.
Las etapas de la escalada están bien marcadas, desde la guerra en Chechenia, auténtico trampolín para la imagen del zar, hasta los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, escaparate del éxito global del autócrata.. También aparece Ucrania, las protestas de Maidán y la anexión de Crimea, aunque la historia se detiene antes de la invasión. Las tropas de motoristas, los paramilitares de Wagner de Yevgueni Prigozhin y sus fábricas de profesionales de la desinformación en internet.

“El mago del Kremlin no es una película sobre el ascenso de un hombre, ni sobre la fuerza con la que se impone el poder o sobre la reinvención de una nación moderna y arcaica, nuevamente sometida al totalitarismo —explicó el director, Olivier Assayas—. Es más bien una reflexión sobre la política moderna, o mejor dicho, sobre las cortinas de humo tras las que hoy se esconde: cínica, engañosa y tóxica”. Por eso, continúa el cineasta, “Putin es un manipulador que con sus estrategias redefine el concepto de política moderna”.
Law sabe que este no es un personaje cualquiera: “Lo más difícil fue representar su rostro público, del que no se filtra nada, y mostrar de todas formas emociones. Tuve que adoptar una interpretación interior. No debíamos personificar a Putin y yo no quería esconderme tras una máscara. Teníamos muchas referencias de aquel periodo de su vida, tratamos de buscar rasgos similares en mí”. Aun así, el actor inglés no ve riesgos: “No temo repercusiones, me puse en manos de Olivier para contar sin polémicas a un personaje dentro de una historia mucho más grande”.
En el Kremlin, el verdadero, dicen que aún no han visto la película, pero muestran curiosidad. En los últimos días el portavoz del presidente, Dmitri Peskov, no evitó un comentario preventivo: “Es un líder cuya influencia en los asuntos mundiales es difícil de sobrestimar. Por tanto, el interés que despierta en diversos países del mundo es completamente natural”. Quién sabe qué pensará Putin de Jude Law.
