‘Eloy de la Iglesia, adicto al cine’: el retrato de un autor maldito
Estreno
El documental dirigido por Gaizka Urresti reivindica la filmografía del cineasta español, caracterizada por su provocación y profundo compromiso social
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Una imagen del cineastaEloy de la Iglesia

El director Eloy de la Iglesia (1944-2006), apodado el creador maldito , fue un cineasta que incomodó a todos: al poder político, a la Iglesia, a la izquierda y a la propia industria cinematográfica. Su cine, adelantado y provocador, cruzó límites que la España de la transición aún no estaba preparada para asumir. Mientras tanto, su vida personal –marcada por la homosexualidad, la militancia comunista y la drogadicción– acabó pesando más que su talento. Del éxito comercial pasó al ostracismo y, durante años, su obra fue olvidada o despreciada, pese a haber retratado como pocos las sombras de su tiempo.
Eloy de la Iglesia. Adicto al cine da cuenta tanto de esa caída como del proceso de reivindicación de una filmografía profundamente comprometida con la realidad, siempre crítica, directa y a menudo brutal. Un cine poblado de imágenes de violencia, sexo casi explícito y un fuerte impacto visual. El documental, dirigido por Gaizka Urresti (ganador del Goya por Labordeta, un hombre sin más ) y con guion de Moisés Garrido, Juan Barrero y el propio Urresti, construye su retrato a partir de los testimonios de amigos, colaboradores y actores clave de su trayectoria, como José Sacristán, Ángel Pardo, Fernando Guillén Cuervo, José Luis Garci o María Luisa San José.
El filme incluye testimonios de amigos y colaboradores, así como fragmentos de películas clave de De la Iglesia
A estas voces se suman declaraciones del propio De la Iglesia, así como fragmentos de sus películas más representativas, como El sacerdote , donde narra la crisis de conciencia de un joven cura al despertar su sexualidad; La criatura , en la que introduce la zoofilia como metáfora del vacío afectivo; o El diputado , una de sus obras más valientes, en la que un militante de izquierdas es víctima de un complot de la ultraderecha que intenta destruirlo utilizando su homosexualidad.
Aunque su cine descuidara en ocasiones el acabado formal, su fuerza residía en la urgencia del discurso y en la honestidad brutal de sus imágenes. Esa implicación personal tuvo un alto coste: De la Iglesia se entregó a su obra sin red de seguridad hasta caer en la adicción a la heroína y en una marginalidad que lo apartó del cine durante casi una década. Olvidado por gran parte de la profesión, sobrevivió gracias al apoyo de algunos compañeros del Partido Comunista de España. Aun así, logró salir del ostracismo y volver a filmar, demostrando que el cine fue la gran adicción que nunca pudo ni quiso dejar.
El documental llega ahora a los cines tras su estreno en el festival de San Sebastián y su paso por el festival de Sitges.