El maligno en la Argentina
Periodismo
La lucha de la monja Martha Pelloni contra la trata de personas, el narco y el tráfico de niños sirve a Liliana Viola como hilo conductor para revisar la historia argentina reciente

La combativa religiosa argentina Martha Pelloni, protagonista de‘La hermana’, de Liliana Viola

“Ahora que la Argentina está gobernada por un presidente que asegura que existen las fuerzas del cielo y que él mismo es el elegido de Dios para una cruzada que no merece piedad con el enemigo, al que señala como el maligno, comprendo más que nunca hasta qué punto las cuestiones de fe merecen un análisis más profundo”, escribe Liliana Viola (Buenos Aires, 1963) casi al final de La hermana, libro ganador del Premio Anagrama de Crónica que protagoniza la monja Martha Pelloni, un fenómeno mediático desde que denunció el crimen de la joven María Soledad Morales en Catamarca. Hoy, Pelloni es también referente de la lucha contra la trata de personas, el narco y el tráfico de niños para adopciones, ritos satánicos, violaciones... Prácticas que La hermana presenta como casi sistémicas gracias a la impunidad que ha amparado a las muy pervertidas élites argentinas durante décadas. El paisaje descrito estremece.
Pelloni es el hilo conductor que sirve para revisar la historia argentina reciente, incluyendo desde episodios ocurridos en la Guerra de las Malvinas a una conversación con el Papa Francisco. La monja aparece como una rebelde que, cuando nadie se atrevía, denunció un asesinato que implicaba a una muy influyente familia, destapando además la red de encubridores que tocaba igual a policías o jueces que a religiosos y subalternos de cualquier tipo. El ruido provocado por el caso permitió hablar sobre muchos otros, y que tantas protestas que hasta entonces se ninguneaban, cobraran visibilidad.
El paisaje descrito en 'La hermana' estremece: presenta prácticas aberrantes como casi sistémicas por la impunidad que ha amparado a ciertas élites argentinas
El detonante fue una monja. Como a su modo acaba de hacer la cantante Rosalía, Viola se apoya (de nuevo) en las místicas —sor Juana Inés de la Cruz, Santa Teresa de Jesús…— para proclamar unos valores sociales y feministas que, llegados de espacios presuntamente conservadores, aún pueden revolucionar comunidades. Viola subraya la importancia de superar el tópico y asumir que algún progreso también viene del flanco beato, dejando claro, eso sí, que la causa religiosa no es la suya. Solo sugiere escuchar a cualquiera que proponga respeto, justicia y una mínima sensatez, sea woke o vaya a misa, poniendo como ejemplo a Pelloni, la devota educada en el peronismo que ayuda a lesbianas, critica a la Iglesia, defiende el uso del preservativo y combate a los capos.
La autora parte, sobre todo, de muchas horas de entrevistas a Pelloni, y enlaza sus conversaciones con momentos históricos o sucesos simbólicos recabados en archivos, internet y alguna indagación sobre el terreno, que consuma en un relato desigual. Hay saltos de un tema a otro, de un tiempo a otro, no del todo engrasados. Lo que en ocasiones fluye como mosaico armonioso, en otras desordena la lectura y rebaja la tensión. El estilo indirecto, condicionado por las charlas con la monja, obliga paradójicamente a observar los hechos un poco desde lejos, desde fuera.
La elección de una primera persona narradora —la propia Viola— no está muy justificada, básicamente sirve para que la autora exprese sus opiniones. Es cierto que Viola desciende de una tradición de periodismo de denuncia, alude hasta a Rodolfo Walsh, pero insistir tanto en proclamar su postura ideológica no juega a favor del libro. Aun así, los atropellos y la impotencia son tan brutales, que sin duda el impacto existe, y no es pequeño.
En cualquier caso, con el premio, Viola proyectará más allá de Argentina a esta heroína inesperada que ha creado escuela y despunta como una de esas raras personas-de-encuentro, por sus aptitudes para reunir las fuerzas de personas heridas, y para el consuelo y el diálogo. Acudiendo a una religiosa, Viola ha mostrado las posibilidades y contradicciones de la fe, tan valiosa cuando la encarna y la proyecta gente digna. Al cerrar el libro también es fácil pensar que si existe un maligno se llama Milei (y compañía).
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Liliana Viola La hermana Anagrama. 201 páginas. 21,90 euros