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Voluntarios en el frente de la Gran Guerra

HISTORIA

Alejandro Acosta lograr cerrar varios debates historiográficos, como las cifras o las motivaciones de los reclutas, en un amplio volumen fruto de una vasta investigación

Voluntarios británicos para laLegiónextranjera francesa, desfilan en París, durante la Primera Guerra Mundial

Voluntarios británicos para laLegiónextranjera francesa, desfilan en París, durante la Primera Guerra Mundial

Mirrorpix / Getty

“La historia de los voluntarios españoles en la Gran Guerra fue la de unos hombres a los que la desesperación y la incertidumbre empujaron al fuego de las trincheras, y a los que prácticamente nadie valoró por lo que eran realmente ni por su pasado, sino por lo útil que podían resultar para la consecución de unos objetivos políticos al calor de las potencias aliadas, que siempre fueron una quimera”. Esta es una de las conclusiones de Los voluntarios españoles en la Primera Guerra Mundial, monografía muy bien investigada, narrada y editada, fruto de la tesis doctoral que Alejandro Acosta (Barcelona, 1992) defendió en la UB en el año 2021. Al margen de artículos académicos, es el primer trabajo de entidad del profesor de la Universidad Carlos III de Madrid, fruto de la indagación en una veintena de archivos europeos y sobre todo en el de la Legión extranjera francesa en Aubagne (Marsella). Acosta ha contado un mínimo de 1.533 hombres enrolados entre 1914 y 1918, un 32% de los cuales muertos en el frente. Nuevas investigaciones perfilarán más las cifras, pero sin mucho margen. El libro cierra el debate.

El suyo es un trabajo heredero, sobre todo, de Els voluntaris catalans a la Gran Guerra (1991) de David Martínez Fiol. Ya entonces, centrándose en los legionarios catalanes, este apuntó que eran jóvenes de extracción modesta, que se hallaban en Francia al estallar la guerra trabajando, buscando trabajo o escapando de la persecución política. Y que la mayoría eran catalanes, unos 900, y de los territorios del arco mediterráneo: País Valèncià y Andalucía. Acosta amplía el foco en el resto del estado y detalla cómo la mayoría luchó en el frente occidental —también en los Balcanes—, así como años de alistamiento, composición sociológica, y episodios de deserciones, alcoholismo y prostitución.

El historiador explica cómo en cada periodo, desde la dictadura de Primo de Rivera al procés independentista, se hizo un uso diferente de los voluntarios

Como Martínez Fiol, el historiador certifica que la movilización se debió a motivaciones personales y solo un número reducido lo hizo por política. Pensando que la contienda sería breve, muchos se enrolaron por un sueldo y con la esperanza de obtener la nacionalidad francesa. Ni luchaban “por España” ni “por Catalunya”, sino por ellos mismos. La monografía cierra también este debate.

Desde Catalunya, Joan Solé i Pla, una figura previamente estudiada, fue el grande movilizador de la campaña propagandística del separatismo para aprovechar la presencia de catalanes en el frente. Su antítesis fue, irónicamente, su sobrino, José Subirá Puig, que emprendió uno Patronato de voluntarios españoles para sacar provecho político de los mismos hombres. Acosta confronta ambos casos y entrelaza sus campañas con la política del momento y los nacionalismos respectivos. Eso le permite romper tópicos como la asunción de que los sectores monárquicos eran germanófilos por definición. Hubo también aliadófilos.

En este completo volumen, el historiador explica cómo cada periodo ha hecho un uso diferente de los voluntarios. Al inicio, el interés por la cuestión de parte de intelectualidad española, con nombres como Azaña, Màrius Aguilar, Rafael Altamira o Luis Araquistáin y su impacto en las relaciones hispanofrancesas. También durante la dictadura de Primo de Rivera, o como lo haría el catalanismo durante la Segunda República. En este caso, con muchas dificultades para reunir el dinero para dedicarles una estatua de Josep Clarà junto al Parlament. Acosta habla también de la reticencia del franquismo para aprovechar una empresa que veía como demasiado liberal y trata el reaprovechamiento de la cuestión por parte del independentismo durante el procés.

Como se puede intuir, el ensayo abre múltiples líneas de investigación. La monografía de Acosta tendrá continuidad a través de los estudios que realiza sobre la diplomacia internacional relacionada con estos voluntarios, campo poco estudiado. Pero, sobre todo, a través de la figura del embajador español en París, entre 1918 y 1931, José María Quiñones de León. Un personaje que aparece a menudo en este volumen y que en muchos momentos fue la némesis de la proyección internacional del catalanismo, y que dará para una jugosa biografía. Ya lo esperamos.

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