Albert Boronat recupera ‘Snorkel’ en la sala Heartbreak Hotel
Teatro
Después del éxito de ‘Una casa en la montaña’, el dramaturgo dirige esta pieza ecopolítica con un elenco impecable
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El espectáculo ‘Snorkel’, de Albert Boronat, se estrena en la sala Heartbreak Hotel

Albert Boronat, que obtuvo un reconocimiento unánime con Una casa en la montaña, una propuesta íntima y filosófica sobre la vida, recupera Snorkel, que ahora también dirige en la sala Heartbreak Hotel, repitiendo los dos intérpretes masculinos de Una casa... Y añadiendo dos femeninos: Javier Beltrán, Cristina Celada, Lara Salvador y Sergi Torrecilla. Y los cuatro están impecables.
La pieza de Boronat utiliza el snorkel del título como una metáfora de la superficialidad del mundo actual: “Es un concepto que tomé para hablar un poco de la superficialidad de los tiempos. La mirada de snorkel se hace desde la superficie hacia la profundidad, pero desde una cierta comodidad, sin arriesgarse, sin hacer submarinismo de pulmón libre ni con botellas de oxígeno, y que nos permite estar cómodos y seguros y al mismo tiempo hablar de que hemos visto la profundidad”.
“Funciona como un viaje, desde el lago presente a la obra, hasta el planeta Marte”, declara el creador
“La pieza es una polifonía de textos narrativos en general, algo más que en Una casa en la montaña –manifiesta Boronat–. Funciona como un viaje, a partir de pequeños hilos de historias, un viaje desde el lago que está presente en la obra, hasta el planeta Marte. Lo que hay en juego es la ecología, la cuestión de cómo hemos vivido hasta ahora, de cómo nosotros vivimos, esa sensación colectiva que tenemos de vivir el final de la historia, donde el presente y el futuro parece que se han convertido en lo mismo”.
Para ilustrar esta idea, el creador la compara con la ciencia ficción de hoy, “que deja de proyectar futuros galácticos y futuribles y aparece un mundo más parecido al nuestro”. Boronat menciona la serie Black Mirror y las películas de Christopher Nolan, “donde el futuro está aquí, quizá al lado, en otra dimensión”. Y añade: “Todo tiene ese hedor que hemos ido anunciando: todo se acaba, es apocalíptico, de fin del tiempo”.
En todo este conglomerado de historias, aparece la basura: “Hay una cuestión que tiene que ver con cómo nos encontramos en un mundo de detritus, de desperdicios de otros tiempos, como si hubiéramos llegado tarde a una fiesta, porque la gran fiesta ya ha pasado y nos quedan los restos: un pastel a medio comer, la moqueta sucia, llegamos tarde, no nos habían invitado del todo”. Y aparece la contradicción: “¿Qué tenemos que hacer? ¿Nosotros tenemos que pagar las facturas de esta fiesta si ya no podemos hacer más fiesta, o reivindicar nuestro derecho a tener fiesta?”.

“Ya veníamos avisados –continúa–. Sabíamos que teníamos que cambiar la forma en que vivíamos para poder salvar eso que teníamos. Ya hace tiempo que se habla de la capa de ozono y del cambio climático, y antes de la lluvia ácida. Ahora nos encontramos en un momento en el que hacemos lo que podemos, tenemos esta conciencia que vivimos en la reserva del tiempo, tanto si es verdad como si no, y no porque nos tengamos que extinguir, pero ya nos empezamos a plantear si tenemos que ir a Marte para fundar una colonia, si tenemos que ir a buscar minerales, otros asteroides, si tenemos que empezar a pensar fuera de la Tierra, porque aquí las cosas se empiezan a acabar”.
Pero Boronat aclara: “A pesar de lo que he explicado, no es una pieza ecopolítica en un sentido acusador. Tampoco es catastrofista. Trata de cómo utilizar esta cuestión, que creo que es muy de nuestro tiempo, sobre la relación entre nosotros y el mundo donde estamos, sobre todo la relación con el tiempo, para hablar de las contradicciones, que son muy propias de esta coyuntura, y qué es lo que podemos hacer”. La propuesta es muy sugerente y no ha perdido ni un ápice de actualidad desde que se estrenó en el 2016, al contrario: aún es más necesaria.
