Las Claves
- Espanyol y Girona han desarrollado una enemistad acelerada que contrasta con la relación de fraternidad que mantenían anteriormente.
- El Espanyol apoyó históricamente al Girona mediante la cesión de jugadores y ayuda económica durante sus etapas en categorías humildes.
- La rivalidad deportiva creció tras el ascenso del Girona a Primera en 2017 y la competencia por el estatus regional.
- Factores políticos y mediáticos han influido en la tensión actual entre las aficiones de ambos clubes catalanes en tiempos recientes
Los enfrentamientos entre clubes se gestan pausadamente, mediante sucesivas entregas que nutren la controversia por años, décadas e incluso siglos. Surgen habitualmente sobre el césped, se propagan a los aficionados y terminan por consolidarse en el plano institucional. El Espanyol y el Girona, por el contrario, han construido sin bases sólidas, ajenos a su pasado, una enemistad acelerada que ha crecido vertiginosamente, tal vez de manera desmedida, tras el ascenso de los gironins a Primera. Tal como ocurre frecuentemente en tiempos recientes, en el encuentro de esta noche en Cornellà (21h) seguramente se escucharán cánticos recíprocos entre las hinchadas, críticas que chocan con la consideración, e incluso fraternidad, que mantenían hace escaso tiempo.
A mi modo de ver, no representa un derbi ni un clásico. Lo defino como un encuentro ordinario entre dos formaciones catalanas.
“El Girona ha jugado mucho en categorías humildes y con dificultades económicas. Y el Barça no actuó, o pocas veces, mientras que el Espanyol era un club amigo”, comenta a Guyana Guardian el autor Josep Maria Fonalleras, integrante del órgano consultivo del conjunto de Montilivi y profundo experto en la trayectoria de la entidad. La realidad es que las dos escuadras apenas se han enfrentado en 16 encuentros de carácter oficial entre Segunda, Primera y la Copa (6 victorias para cada bando y cuatro igualadas).
Míchel y Manolo González comparten un abrazo en el transcurso del duelo de la primera vuelta que enfrentó al Girona y al Espanyol.
Fonalleras rememora que tiempo atrás el Espanyol “tenía potencia empresarial, incomparable con el Girona, y quiso caer simpático a los clubs catalanes a diferencia del Barça, que no lo necesitaba”. En realidad, de acuerdo con el autor, antiguamente bastantes aficionados gironins seguían al Barça, aunque otros “se sentían más identificados con un club más pequeño”, tal como el perico, que ante la “prepotencia” y “centralismo” blaugrana.
Según los medios el Espanyol se considera inoportuno y el Girona encarna la figura del ciudadano catalán ejemplar.
“La rivalidad nació equivocadamente debido a una falsa competencia por ser el segundo club de Catalunya”, explica a este periódico Francesc Rebled, quien lideró al Girona en dos periodos, durante el 2010 y de 2013 a 2015. El letrado asumió la gestión del equipo en proceso concursal y finalizó su mandato con las cuentas equilibradas, próximo a su traspaso al City Football Group. Asimismo, el Espanyol contribuyó a mitigar aquel escenario. “Nos ayudó muchísimo, Joan Collet estuvo sensacional. El Barça no ayudó. El Espanyol facilitaba cesiones de jugadores e incluso pagaba parte de la ficha. Después le invitábamos al Trofeo Costa Brava y se quedaba la recaudación, pero era simbólico”, señala Rebled. La entidad blanquiazul ha participado en siete ocasiones en la competición estival del Girona, contando con su edición inaugural en 1970.
El Espanyol nos ofreció un respaldo considerable. Nos facilitaba la cesión de jugadores y además asumía una parte de sus sueldos.
“La relación era magnífica y el Espanyol siempre ha querido cuidar a los equipos catalanes”, recuerda, por su lado, Joan Collet, máximo responsable del Espanyol de 2012 a 2016. “Como presidente estuve en el primer playoff de ascenso a Primera representando al club y dando mi apoyo al Girona”, sostiene el antiguo mandatario perico. Y está convencido de que este “no es ni un derbi ni es un clásico”, sino “un partido entre dos equipos catalanes, igual que si jugara ante el Nástic, el Sabadell o el Lleida”.
Opino que si hay desacuerdos entre los aficionados es por razones políticas y no por temas del deporte.
El supuesto antagonismo nació cuando el Girona ascendió a la máxima categoría en 2017, temporada en la que consiguieron su victoria inicial ante el equipo blanquiazul (0-1). “Llegamos con ganas de comernos el mundo y parecía que queríamos quitarles el sitio. Me he enfrentado al Espanyol desde alevines y había competitividad por ganar, pero no enemistad deportiva”, señala Pere Pons, quien formó parte del once inicial en Cornellà y es el séptimo futbolista con mayor cantidad de encuentros (210) en la trayectoria del equipo de Montilivi. El actual mediocentro del AEK Larnaca destaca, asimismo, que “en los últimos años ha habido muy buenas relaciones, con jugadores que han pasado por las dos casas”.
Moisés Hurtado figura entre los diversos jugadores que han defendido ambas elásticas. Según su visión “la rivalidad ha crecido algo artificialmente por los medios, porque muchos han intentado poner al Girona como el segundo club de Catalunya. Y parte de la afición del Espanyol ha visto amenazado su estatus”. “Mi percepción es que el Espanyol incomoda y el Girona es un club más catalanizado, y dentro del imaginario de cómo debe ser el buen ciudadano catalán”, comenta. “Creo que si hay diferencias entre las aficiones es por temas políticos, no deportivos”, concluye, por otro lado, Pons aludiendo, especialmente, al agitado panorama político en Catalunya de hace algunas temporadas.
Hurtado admite que “igual que en el Espanyol hay perimerengues, en el Girona hay giroculés. El aficionado del Girona es fiel, pero con el boom del equipo mucha gente del Barça se ha hecho del Girona y ahora el Espanyol es el rival común”. Las proclamas de “a Segunda” de ciertos grupos tras el 4-1 en Montilivi y el “puta Gerona” de los hinchas más extremistas del Espanyol, son parte de las polémicas que han superado el plano competitivo en épocas recientes y que han alterado lo que previamente era un vínculo cordial.


