Durante el sorteo del Mundial de fútbol que se celebró en diciembre en Washington se produjo el primer síntoma. Irán, uno de los países marcados en rojo por Estados Unidos, decidió boicotear la gala debido a que el país de Donald Trump, con una política abrasiva y proteccionista, les negó el visado a miembros de su federación.
El país asiático tomó una decisión salomónica ante la pasividad de la FIFA, presidida por Gianni Infantino, amigo de Trump y a quien le entregó el premio de la Paz en una imagen bochornosa. “Le hemos dicho al señor Infantino que es una posición solo política y que la FIFA debe decirles que desistan del comportamiento”, rezó su comunicado. Oídos sordos.
La palabra boicot ya no se pronuncia con la boca pequeña y cuatro décadas después vuelve al tablero del deporte después de la deriva intervencionista de Trump (Venezuela, Groenlandia, Cuba...). “Cancelar el torneo solo se consideraría como último recurso para que Trump recapacite sobre la cuestión de Groenlandia”, explicó ayer en Bild Jürgen Hardt, miembro de la Unión Demócrata Cristiana y figura cercana al canciller alemán Friedrich Merz. Incluso Alastair Campbell, el asesor de Tony Blair durante el gobierno laborista, y Rory Stewart, exdiputado conservador, hablaron en su podcast Rest is politics de la posibilidad del boicot europeo al Mundial.
Aunque el presidente de Estados Unidos reculó en sus formas con Groenlandia, fuentes cercanas al movimiento olímpico entienden que ha convertido el mundo en un lugar “imprevisible” a las puertas del Mundial y de, especialmente, los Juegos del 2028 en Los Ángeles, curiosamente una de las ciudades más anti Trump que existen. Paradojas americanas.
Que países decidan no acudir al Mundial de fútbol no es descabellado, aunque resultaría una medida excesivamente sonora. La FIFA inauguró este miércoles su página de registro para pedir el visado de acceso a Estados Unidos, en el que hay que, entre otras exigencias, pasar una entrevista. Los filtros son asfixiantes, especialmente para los 75 países a los que, salvo en casos académicos o turísticos, no se les tramita visado, como Brasil, Colombia, Irán, Haití, Marruecos... La FIFA entiende, como les aseguró a los países, que habrá exenciones en el Mundial, aunque en el caso de la delegación iraní en el sorteo no se produjeron. Otro síntoma del férreo régimen de Trump.
En su primer año de mandato, Trump dinamitó las reglas internacionales más que nadie. Será difícil calcular cómo estarán el mapa y las relaciones a las puertas de los Juegos de Los Ángeles, en el 2028, por eso mismo, según fuentes consultadas, el Comité Olímpico Internacional (COI) mira con pánico las políticas de Trump.
75 países se mirarán con lupa
La FIFA ya ha abierto el asfixiante registro para viajar de aficionado al Mundial
Más allá de los conflictos que puedan irse desarrollando, a los que el COI está acostumbrado desde hace años (Israel-Palestina. Ucrania-Rusia...), la falta de flexibilidad de Trump a la hora de otorgar los visados puede ser determinante para que algunos países decidan no participar. Cuba, desde mediados del 2025, ya se pronuncia al respecto. “Si el Gobierno estadounidense mantiene su política de negar visas —como viene haciendo impidiéndonos asistir a competiciones en su territorio—, no iremos”, dijo el vicepresidente primero, Raúl Fornés. Cuba ya faltó en Los Ángeles 1984 y Seúl 1988.
El problema de los visados es el que trae de cabeza a los grandes organismos. El sistema siempre es el mismo. Cada comité olímpico nacional emite al COI un listado con los miembros de su delegación (deportistas, técnicos, personal especializado, directivos...) Y este lo remite al comité organizador. Los servicios de inteligencia de cada país se encargan de supervisarlos para negarle el visado a ciudadanos que consideran peligrosos. Siempre hay casos, pero mínimos. Aunque, con los parámetros de Estados Unidos, este número puede ser mucho mayor. Entre las múltiples restricciones y medidas de Trump está, por ejemplo, la de que el país planea revisar el historial de hasta cinco años de las redes sociales de los viajeros extranjeros. “¿Qué sucedería si a un país le niegan la entrada al 40% o el 50% de su delegación?”, se lanza la pregunta desde el entorno del COI. “Habría países que castiguen esto con el boicot”, se añade con seriedad.
El país que acogerá los próximos Juegos va en contra de los principios que debería representar un evento así. El Mundial de fútbol será la primera prueba de fuego este verano. ¿Acudirán todas las selecciones?


