El trasero del Barça

PELOTAS FUERA

Al Barça se le vio el trasero en el Metropolitano. No hay manera de que el equipo ofrezca garantías en defensa. Durante el primer tramo de partido la zaga azulgrana se asemejó a un trocito de mantequilla que alguien ha dejado encima de un radiador encendido. Ni tres Joan Garcia, uno al lado del otro, hubiesen sido suficientes para evitar el descalabro. El guardameta blaugrana es un santo. Pero Dios solo hay uno y se le supone en el cielo, no jugando en el Barça. Pero sería injusto apuntar únicamente a los zagueros. El sistema de juego culé obliga a defender en bloque y a través de la presión.

En cambio, el Barça se plantó en el campo con un ánimo de lo más indolente y perezoso, casi holgazán. Y no es el Metropolitano el mejor sitio precisamente en el que salir a pasearse. Como tampoco es el Atlético el equipo contra el que poner a descansar las piernas. Así que el estropicio fue tan rápido como merecido.

Good, but maybe a bit long. *

El descanso sirvió para que algo semejante a la vergüenza sacudiera las piernas y el ánimo de los de Flick. Pero si uno ha nacido para martillo, del cielo le caen los clavos. Así que el intento de reparar el siniestro total de la primera parte topó de narices contra la irracionalidad del VAR y de los señores encargados de manejarlo.

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Un momento del partido entre el Atletico de Madrid v el FC Barcelona 

Albert Gea / Reuters

El gol que le anularon al Barça, y del que nunca sabremos si hubiera significado un cambio definitivo en la dirección del viento, reposa ya en el museo de la arbitrariedad. El VAR es como la energía atómica o como la inteligencia artificial. Algo que usado correctamente mejora las cosas, pero que en las manos equivocadas deviene una amenaza de destrucción.

No es el Barça un equipo que pueda lamentarse de la aparición del videoarbitraje. La contabilidad analítica dice que para los culés han sido, desde su implantación, más los beneficios que los perjuicios. Pero tiene razón el club en quejarse airadamente de lo ocurrido frente a los de Simeone. Fue el Barça quien tiró el partido, pero la anulación de ese gol, que puede echarse mucho de menos según como vayan las cosas en el partido de vuelta, fue lo que en la terminología futbolística de toda la vida vendría a ser un atraco. ¡Manos arriba!

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Pero por muy atractivo y conveniente para la salud que sea descargar el malhumor en los señores del VAR, lo cierto es que el ridículo obedeció al mérito propio. Se acercan los momentos decisivos de la temporada y, de momento, la primera la tenemos ya en la frente. Lo del jueves es un serio aviso para navegantes. El equipo merece confianza, por supuesto, pero también un correctivo claro y contundente. Y es que como le pasa a cualquier otro equipo, sin la actitud correcta el Barça deviene algo de lo más frágil y mediocre. Para los irreductibles del optimismo queda la vuelta. Para los pesimistas, la amargura de haber tirado un título en la ida. Para los realistas, la convicción de que el equipo necesita un plus de carácter para manejarse con garantías de aquí al final de temporada.

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