Las Claves
- Mourinho como entrenador del Benfica derrotó al Real Madrid usando tácticas similares a las del equipo blanco para enviarlos a la repesca.
- El barcelon
Mourinho ha obtenido una redención parcial por parte del barcelonismo. Al igual que sucede en el ámbito de la diplomacia global, dentro del fútbol la practicidad puede prevalecer sobre el sentimiento. De ahí que ahora resulten simpáticos los chinos y Mourinho. Los primeros, aun residiendo bajo una dictadura de primera división —¡un sistema autocrático, según sus portavoces a sueldo!—, nos sirven para creer que encontramos el modo de provocar a Donald Trump. ¡Qué bendita ingenuidad!
Jose Mourinho celebra la victoria ante el Real Madrid
El asunto de Mourinho es bastante más doméstico. Se le debe reconocer con algo de afecto su labor reciente, la cual ha sido significativa. Actuando estos días como preparador del Benfica, ha realizado el prodigio de quitarle la victoria al Real Madrid con la idéntica herramienta que los blancos acostumbran a usar en sus golpes (metafóricamente, claro está). Los ha desplazado a la repesca de Europa empleando tácticas merengues: una pena máxima que no existía y un tanto, para mayor escarnio del cancerbero, en el minuto final.
No es que Mourinho nos resulte simpático ahora, pero sí admitimos, al igual que con los chinos, su utilidad práctica. Ojalá, por el beneficio colectivo, que el entrenador portugués concluya aquello que inició. Y que saque partido de la afortunada casualidad que la UEFA le otorgó en la rifa de ayer al cruzarlo otra vez con el Real Madrid.
Es gratificante oír cómo Mbappé arremete contra sus colegas de equipo al tiempo que el Barça atraviesa un periodo de calma total.
Bajo esa premisa, resultaría prudente que la afición culé moderara su euforia. No es que nos falte legitimidad para ilusionarnos en este tramo de la competición. No obstante, el espejo de la liga indica que los merengues se sitúan a muy poca distancia. Y por lo que respecta a la Champions, la trayectoria histórica demuestra que el único club capaz de obtenerla sin proponer juego alguno es el que encabeza Florentino Pérez.
Resulta placentero oír a Mbappé criticar a sus colegas mientras el Barça goza de total tranquilidad. No obstante, asegurar que el curso terminará con un éxito total blaugrana y un fracaso absoluto merengue es una exageración enorme. Es verdad que contamos con el triunfo de la Supercopa y que al Real lo eliminó un equipo menor de la Copa. Sin embargo, esto representa muy poco considerando todo lo que aún resta por disputarse.
Es preciso celebrar la actualidad, aunque reconociendo las debilidades existentes. En este momento al Barça le alcanza para la Liga, mas no para la Champions. La fragilidad defensiva del conjunto resulta alarmante y, de no progresar en dicha área, el desastre será inminente y considerable. A este gesto se le conoce como aguar la fiesta, o simplemente actuar de forma pesimista. No obstante, frente al entusiasmo generalizado, conviene que alguien modere el ánimo para balancear el karma blaugrana. No se trata de invocar la mala suerte ni de ser un heraldo de desgracias; simplemente es un aviso sobre la conveniencia de estar prevenidos ante cualquier eventualidad. Por otro lado, ¿conocen que en el idioma chino no hay un vocablo para pesimista? Emplean una vieja expresión combinada que se traduce como “el que se leyó la letra pequeña”. No deseo mentirles; no es verdad. Aunque probablemente lo hayan creído, pues de China últimamente se acepta cualquier historia.

