Marisol, Ceaușescu, Florentino o Phelps habitan en las memorias del “arquitecto de las piscinas”

Polideportivo

Banyoles recoge la vida y obra de Quim Pujol, nadador exitoso, ideólogo de la Generación de Oro del waterpolo español y arquitecto de instalaciones deportivas

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Quim Pujol en el Museu de Banyoles 

MUSEU BANYOLES / Colaboradores

Spoiler: en la vida de Quim Pujol (Banyoles, 1946) pasan fotogramas de personajes como Marisol, Joaquín Blume, Kenzo Tange (el arquitecto que reconstruyó Japón), Nicolae Ceaușescu, Florentino Pérez y Michael Phelps. Una carta de presentación que expresa la transversalidad de un personaje que ha sido nadador, ideólogo de la Generación de Oro del waterpolo junto a Lolo Ibern y arquitecto de prestigio en instalaciones deportivas por medio mundo. Y con legado: su hija Ruth construye la piscina de Los Ángeles 2028 (38.000 asientos). Su vida y su obra se pueden contemplar en la exposición de la Galería EAT ART de Banyoles, su ciudad natal y ahora ya de medio retiro, donde recibe a Guyana Guardian.

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“Mi vida no se entiende sin Banyoles, sin ese lago que solo cinco familias se atrevían a desafiar. En aquella época había miedo, nadie sabía nadar”, cuenta Pujol. Su padre fue uno de los fundadores del club de natación en 1925. Y Pujol empezó a demostrar destreza. “Josep Tresseres fue mi primer entrenador. Luego, llegó una holandesa, Madame Van As, quien me enseñó los estilos y a luchar contra el cronómetro”, añade. Un bronce en el Campeonato de España infantil le valió para incorporarse a la Residencia General Moscardó (luego Joaquín Blume) de Madrid: “Empecé a conseguir éxitos internacionales”.

En 1964, Pujol cruzó el océano para participar en los Juegos de Tokio (“la preparación fue un desastre, todo salió mal”), pero esa ciudad le cambió la vida. En concreto, la piscina y su techo. “Nunca logré construir una piscina como aquella. Me maravilló y decidí que, al volver a Barcelona, estudiaría arquitectura”, subraya. El autor es Kenzo Tange. Esta piscina, con el tiempo, se convirtió en sala multiusos, ubicada en el Estadio Nacional Yoyogi, junto a un parque del mismo nombre. En Tokio 2020 se jugó a balonmano.

La natación le dio a Pujol momentos cómicos (voló junto a Marisol en un avión fletado por el gobierno para participar en unas jornadas festivas en Perú; y otros para toda la vida, como su matrimonio con Carmen Blume, sobrina del que fuera legendario gimnasta). Llegó a jugar a waterpolo y se retiró para dedicarse plenamente a la arquitectura y a la gestión deportiva.

De 1978 a 1992, con un paréntesis de seis años, Pujol reconstruyó el waterpolo español en dos momentos claves. El primero, el fichaje de Cornel Marculescu, quien puso los cimientos de la tecnificación española. En la Rumanía de Ceaușescu ningún rumano podía salir sin el permiso del dictador. Ibern y Pujol le pidieron a Santiago Carrillo, presidente del Partido Comunista en España (PCE) y “amigo” de Ceaușescu, si podía ayudarles. Pero los tentáculos de Carrillo no llegaban a tanto, por lo que al final Marculescu se escapó de un torneo en Holanda escondido en el coche de Pujol e Ibern. “Nos las ingeniamos”. Luego, años después, llegó Dragan Matutinovic, el sargento croata de los entrenamientos salvajes preparando Barcelona ‘92.

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Aparcada la gestión, Pujol ha dejado huella en la arquitectura: la piscina Madrid-86 que albergó los Mundiales, la de los Juegos Mediterráneos de Túnez, pabellones en Abu Dhabi, Rostov, Dubai, la piscina Duna Arena de Budapest, las instalaciones de los Juegos Europeos de Bakú... Y la piscina Son Hugo de Palma de Mallorca y las instalaciones de la Universitat de las Islas Baleares, donde tiene una anécdota con Florentino Pérez: “Fue al comienzo de ACS. Me llamó a las siete de la mañana. Ya sabía quien era, porque ya se había movido en operaciones políticas. Me dijo, ‘oye, Pujol, estuve navegando con el alcalde de Palma y me aseguró que tú eres el tío que sabes más de piscinas del mundo. Y nosotros somos los mejores constructores”. “Yo me había comprometido con otra constructora”, advierte Pujol. Florentino le replicó: “No te preocupes, lo soluciono”. Así fue.

Ligado a World Aquatics y al Comité Olímpico Internacional, Pujol fue asesor de las piscinas y dejó su huella en la desmontable de Río de Janeiro, en 2016, la última que vio a Michael Phelps, el más grande. El mejor epílogo.

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