Si el líder se pone serio, la primera posición de la Liga está a buen recaudo. Si el Barça se emplea en defensa y en la presión, sus opciones suben como la espuma en cualquier partido y competición. Pero sobre todo si Lamine Yamal pone en pie al Spotify Camp Nou entonces los blaugrana entran en otra dimensión, se convierten en un equipo capaz de cualquier cosa. Si el 10 se inspira y deleita, se da una metamorfosis. Cuando el extremo se viste de crack supremo el equipo de Flick se transforma en un aspirante a todo, hasta el punto de que recuerda al sublime nivel que se vio en el duelo contra el Inter el año pasado. Lamine Yamal se hizo monumental.
Hay pocos equipos, muy pocos, que puedan resistir un vendaval así. El Villarreal, tercer clasificado en la tabla, necesitó el boca a boca para llegar al descanso perdiendo solo por 2-0 en Barcelona y mantenerse en el partido aguantado por pinzas. Porque Lamine Yamal, desde la banda, con sus regates y slaloms en diagonal, destrozó el sistema defensivo de los Marcelino una y otra vez sin que nadie lo pudiese remediar.
Era partido grande y así lo entendió el Barcelona, y en especial el canterano, que no solo marcó totalmente las diferencias sino hizo su primer hat-trick como profesional y que dio la sensación de que se guardó alguno para la Copa. El chico maravilla se regaló su triplete para redondear la victoria 75 a Flick en el partido 100 del entrenador.
Sucede que en la precampaña electoral que vive la entidad blaugrana se escucha sin parar el nombre de Leo Messi y se vaticina cuándo será su vuelta, su homenaje y qué papel debe jugar en la institución. Pero conviene no olvidar que en el equipo hay otro zurdo, aún adolescente, de 18 años, que con el número 10, cuyo sitió está aquí y en el campo. La exhibición de Lamine Yamal deja claro que esta era es la suya, que esta generación lleva su nombre y ahora los que manden deben rodearle y darle los instrumentos para que disfrute él y haga disfrutar.
Si el sonríe, el Barça celebra y el rival tiembla. Contra el Villarreal, lo acompañaron otros seis futbolistas de la Masia. Él brilló individualmente con luz propia, pero el colectivo le escoltó. De salida con un centro del campo de la casa que se multiplicó con un Bernal creciente, un Olmo muy atento y responsable y un Fermín que siempre se deja la piel y es un fijo. Más adelante se le sumó un Pedri que jugó media hora en la que lo hizo casi todo bien.
Si al talento desequilibrante que tiene el Barcelona le suma el orden y el rigor, es un conjunto muy fiable. Si a esa estructura se le añade un futbolista en estado de gracia como Lamine el resultado es un contrincante temible que cuenta sus partidos en el Camp Nou por victorias.
Los locales no acertaron en las dos primeras ocasiones que crearon y quizás fue porque el 10 no intervino en la definición. Primero Ferran Torres se durmió en un 4-3 y por detrás un defensa le quitó el remate. Después Koundé no se creyó estar tan solo en el área y su disparo se marchó lejísimos de la portería cuando lo tenía todo a favor.
Pero a la tercera el protagonista sí que fue Lamine Yamal para pesadilla de Luiz Júnior. Bernal perdió la pelota y Balde, que regresó tras dos suplencias seguidas, y Fermín se activaron y no pararon de pellizcar a Pape Gueye hasta que le robaron la pelota. El mediapunta andaluz vio que Lamine ya corría y le dio la pelota en profundidad. En el uno contra uno, a diferencia de Montilivi, no falló con un toque por abajo
Fue la antesala de la jugada del encuentro, una acción imparable y que hizo que todos los que estaban en el Estadi siempre recuerden la tarde. El chaval encaró y se marchó de Sergi Cardona con una bicicleta, superó a Moleiro con un toque rápido para prepararse la pelota y la envió un zurdazo a la red con potencia y colocación. Una obra de arte en el museo del Camp Nou que hace que se añore menos a Messi. Y eso está al alcance de los elegidos.
Ya antes del descanso, Lamine pudo hacer el tercer del Barça y de su cuenta, pero el balón esta vez se le fue a las nubes. En toda la primera parte, el Barça no dejó correr a su rival. Ya se sabe que la mayor virtud del Villarreal es la verticalidad. Y nada más empezar la segunda, los de castellonenses se metieron de lleno con un gol en un córner. Mouriño, bien defendido, sacó un pase y Gueye fusiló desde cerca.
El marcador se apretaba y aparecieron los nervios en el césped y en los banquillos por una falta a Lamine que no se pitó. Ayoze estuvo a punto de marcar el 2-2 a puerta vacía porque Joan Garcia había salido. Eric Garcia tapó lo justo y el disparo del delantero groguet se fue fuera. Flick y Marcelino se encararon y también Raphinha vio la amarilla.
Llegó la hora de poner calma con Pedri pero es que además de esconder la pelota y hacer correr al Villarreal el canario se inventó un pase milimétrico para Lamine Yamal que era una invitación para que hiciese el tercero y se alinease aún más con la figura de Messi, más cuando se fue ovacionado y ya como pichichi del equipo, con 18 tantos. Lewandowski cerró el recital, pero el presente y el futuro es Lamine.
