El Olimpo de las remontadas culés no tendrá que hacer hueco a nadie más de momento. Los Zuvíria, Pichi Alonso, Pizzi o Sergi Roberto seguirán esperando para tener más compañía. Todos ellos la agradecerían. Pero el guion de Flick se quedó sin Oscar. A dos semanas para que se entreguen los premios de la Academia, el alemán opositó a irrumpir en Hollywood, imaginando una película con dos goles al Atlético de Madrid en la primera parte y otros dos en la segunda. Sólo le falló el final. Quizás el gol de Lamine Yamal, que fue quién más meritos hizo para convertirse en héroe. Pero le quedan muchos años por delante para ganarse ese lugar de honor. La primera gran remontada del nuevo Spotify Camp Nou tendrá que seguir esperando.
En los albores del mejor Barça de la historia, el equipo de Guardiola cayó en octavos de la Copa frente al Sevilla a pesar de ganar 0-1 en el Pizjuán con una exhibición de fútbol para los anales. Pero los hispalenses habían conquistado antes Barcelona (1-2) en una época en la que los goles fuera de casa aún valían doble. El de Santpedor no tuvo ni medio reproche hacia los suyos a pesar de la eliminación. Al revés, se afianzó aún más en sus ideas. Su lectura fue acertada y los títulos le continuaron acompañando. Lo mismo debe suceder con el Barça de Flick, cuyo esfuerzo ante el Atlético merece todos los elogios. Apuesten a que si sigue jugando así los títulos también seguirán aterrizando en el Museu.
Lamine fue quién más lo intentó, Araújo volvió a hacer de Alexanco y Bernal opositó a héroe
Las pulsaciones del técnico de Bammental fueron claramente de menos a más, como las de casi todos, ganadores y perdedores. Sentado en su banquillo, ni siquiera celebró el primer gol de Bernal. De hecho, intentaba intuir quién lo había marcado entre los cuerpos de sus ayudantes, todos en pie celebrándolo, que le interrumpían la visión. Antes del descanso, para cumplir con su petición, su equipo le regaló el segundo. Esta vez, de penalti. Se lo pidió Lamine Yamal, pero Raphinha sacó sus galones y no falló. Llevaba tres errores su equipo esta temporada desde los once metros, y uno había sido del propio Lamine.
Antes de salir al descanso, Flick agarró a Fermín en el túnel de vestuarios y no paró de darle instrucciones. Nadie como el onubense para agitar un partido. Pero le salió competencia, la de un Bernal en estado de gracia, un fichaje más para el Barça, autor también del 3-0 –su cuarto gol este curso, cifra que nunca alcanzó Busquets, por poner un ejemplo (poco) aleatorio...–. Ahí, Flick ya estaba de pie, saltando, sonriendo, pero, sobre todo, cada vez más nervioso, también protestándole todo a De Burgos. No ayudaron a que se calmara las lesiones de Koundé y, especialmente, de Balde, que se fue llorando del césped. En su lugar, el alemán optó por meter a Araújo a hacer de Alexanco durante los últimos 20 minutos, pero el uruguayo no pudo conectar ningún remate, como sí hizo ante el Girona.
Flick consuela a Lamine
Quizás ese último gol lo hubiera marcado el Gol Norte, en caso de que el Barça hubiera llegado a tiempo para lograr la licencia 1C. Pero continuó vacío. A cambio, con permiso policial –y con un cierto aire electoralista–, pactó con la grada de animación que regresara al estadio 485 días después de ser desterrada y sólo para este partido. Los 750 jóvenes que acudieron ayudaron a dibujar un ambiente magnífico, que agradeció a los suyos el enorme esfuerzo realizado. Sólo les faltó un Sergi Roberto.
