Tres postales imborrables al acabar. 1) Una cerradísima y orgullosa ovación de un nuevo Camp Nou abarrotado que por una noche heredó del viejo todo lo bueno, con cuatro turistas asombrados del increíble espectáculo y poco más, como debe ser. 2) El “Ser del Barça és el millor que hi ha” resonando en la grada como grito de ánimo a los futbolistas, reventados y esparcidos por el césped pero agradecidos por el significativo aliento. Y 3) Los miembros del staff técnico y los suplentes organizándoles un pasillo de honor también como reconocimiento.
El equipo de Hansi Flick, eliminado oficiosamente en el partido de ida (ahí radicó el pecado original) se negó a entregarse a la fatalidad que le pronosticaron con un partido memorable, porque a veces ganar no lo es todo, aunque, que quede claro, sea mucho mejor.
Estamos ante una suerte de Ajax de los 70 a la catalana: Lamine y Bernal (18) suman un Griezmann
El rastro que dejó el partido es más emocional que tangible. Recupera el espíritu y la electricidad que desprendía el Barça de la temporada pasada y vuelve a dibujarle un porvenir del que no se atisba el techo. En la alineación titular el jugador más veterano era Raphinha, de 29 años, resultando esenciales un pelotón de chavales adolescentes que juegan un fútbol destinado a marcar una época. Esa fue la victoria que escondió la eliminación. Devolver esa ya experimentada sensación de estar ante una generación extraordinaria.
Una vez despejada por Simeone la primera incógnita de la ecuación (el Atlético salió a defenderse, enviando el técnico argentino un mensaje bidireccional tanto a sus jugadores como a los del adversario: hemos venido a escondernos), la obra de arte dio inicio. El primer gol lo cocinó Lamine Yamal en la banda que menos habita, la izquierda, dejando atrás a su marcador con una maniobra zigzagueante que acabó con un pase ya vestido de gol. Lo convirtió Marc Bernal, así que la jugada la firmaron dos chavales de 18 años, uno de Mataró y otro de Berga, en una suerte de Ajax de los 70 a la catalana. Si se suma la edad de ambos (18+18=36) hacen casi un Griezmann (34), un gran futbolista (para el Atlético), ayer con el pelo azul, carísimo fichaje (120 millones) que marcó un antes y un después en el Barça fijando un libro de ruta equivocadísimo que torció a toda la institución. Vale la pena recordarlo de vez en cuando.
Lamine Yamal, luchando por cada pulgada con Lookman, realizó un partido memorable
La remontada no fue culminada pero la decepción es más soportable si en el tránsito por alcanzarla el espectador (sea parte implicada o imparcial) puede gozar con el fútbol de Lamine Yamal, cuyo repertorio técnico a los 18 años tiene más páginas que el común de los futbolistas del mundo quizás descontando a tres o cuatro, o con el de Pedri, que andando más que corriendo en los minutos finales usó el cerebro como una extensión de sus piernas. El fútbol como elemento esencial de nuestro ocio manifestado a través de fenómenos como Lamine y Pedri, futbolistas que ejercen sin saberlo un proselitismo benefactor para este deporte maravilloso, que nos alegra la vida. Incluso cuando la noche no acaba como se imaginó.
Otros encuentran el placer con el sufrimiento. Son formas de entender la vida. Cada uno elige sus postales.