En un partido que el Real Oviedo había catalogado de “final del Mundial”, los asturianos consiguieron superar al Girona en un encuentro que nada se pareció al de la primera vuelta en Montilivi (3-3) y en el que los de Míchel fueron de más a menos. La derrota de los rojiblancos, merecida, pone fin a su racha de cuatro partidos sin conocer la derrota este año para devolverles a la realidad: la lucha por el descenso.
El Oviedo arrancó el duelo muy valiente en la presión y el Girona respondió abusando del juego de pies de Ter Stegen en busca de solventarla. Los de Míchel, cómodos con el balón en los primeros compases, ya gozaron de varias aproximaciones en las botas de Vanat antes de llegar al minuto 15. El ucraniano, faro ofensivo de los gironins, no dejaba de recibir balones al espacio por parte de Fran Beltrán, Thomas Lemar o Iván Martín, quienes se adueñaron del centro del campo. Pero ahí estaban David Costas y Carmo, centrales del Oviedo, para corregir los desajustes defensivos de sus compañeros. De hecho, Costas recibió un codazo involuntario de Vanat en una pugna y tuvo que ser atendido por la sangre que corría por su rostro en una acción donde los locales reclamaron la tarjeta roja para el jugador del Girona.
Los locales se volcaron más en ataque durante los últimos minutos del primer tiempo producto de la acuciante necesidad de vencer para pelear por mantenerse en la máxima categoría del fútbol español, pero los asturianos estaban demasiado expuestos en defensa y el Girona se relamía cada vez que veía espacio a la espalda de la defensa ovetense.
Con los carbayones siendo valientes en la presión, quizá demasiado, llegaría la primera gran ocasión para los de Míchel. Un pase profundo de Àlex Moreno a Vanat sirvió para que el delantero encontrase a Iván Martín en el área pequeña y este introdujese el balón al fondo de la red. La alegría duró bien poco porque el tanto fue anulado debido a que el balón había salido por la línea de fondo en el pase que realizó el lateral de Sant Sadurní d'Anoia. Contestaría después tímidamente el Oviedo al filo del descanso a balón parado. Una falta botada desde la media distancia fue prolongada por Carmo y rematada con la cabeza por Ilyas Chaira, pero el balón acabó mansamente en las manos de Ter Stegen en lo que fue el único chute a puerta del Oviedo en la primera mitad.
El Girona, que fue de más a menos, no generó prácticamente ocasiones en ataque
Fran Beltrán, un soplo de aire fresco en la salida de balón de los catalanes y que había capitaneado la salida de balón del Girona, se fue diluyendo, y lo aprovechó el Oviedo para ir entrando en calor. Los de Almada no especularon y pusieron en apuros a la zaga del Girona tras la reanudación con un peligroso centro que exigió al máximo a Daley Blind en el despeje. El conjunto catalán, cada vez más espeso, empezó a cometer errores de bulto en la salida del balón, recordando tiempos anteriores, y el Oviedo intimidó a los rojiblancos mediante un disparo lejano de Hassan y otro de Ilyas Chaira que se fue a las nubes. Fue entonces cuando Almada detectó una oportunidad y no dudó en dar entrada al sempiterno Santi Cazorla y al fichaje invernal Thiago Fernández, cedido por el Villarreal, en busca de los tres puntos que tanto se le resistían al equipo asturiano.
Bryan Gil, de lo más destacado del Girona en la segunda parte, tiró un caño que después hizo bueno al encontrar completamente solo a Iván Martín en el segundo palo, pero el centrocampista dudó entre finalizar o prolongar la acción y la ocasión se fue al limbo. Míchel decidió tomar cartas en el asunto y dar entrada a Witsel, Echeverri y Hugo Rincón por el propio Iván Martín, Arnau Martínez y Bryan Gil con todavía 20 minutos por delante.
Un pase filtrado de Cazorla, que previamente había recuperado el balón, para Javi López desembocó en un ataque vertiginoso en el que los ovetenses movieron el balón de lado a lado hasta que Thiago Fernández encontró a Ilyas Chaira completamente solo para que empujase el balón al fondo de la red. La locura se desató en el Carlos Tartiere, que se quitó una gran losa de encima junto a sus jugadores.
Con el gol ya conseguido (solo habían anotado 12 los asturianos en la Liga), el equipo de Almada reculó unos metros y el contexto del partido invitó a Míchel a pensar en Stuani, que volvía de lesión, como solución a los males de los gironins. Y a punto estuvo de darle rédito al técnico madrileño. Javi López cometió una ingenua falta ya en el tiempo de descuento que ejecutó Tsygankov y de no ser por una enorme intervención de Aarón Escandell, hubiese supuesto el empate de un Girona que produjo muy poco en el segundo tiempo. Ya a la desesperada, con Ter Stegen incorporado en ataque, los rojiblancos tuvieron otra ocasión en un córner rematado fuera por Witsel. La mejora del Girona se vio truncada por un Oviedo con más empuje e intensidad que no ponen a los gironins contra las cuerdas, pero sí en estado de alerta.
