Nieva en la cima de Madonna di Campiglio, y la noche es profunda y gélida, y en el Chalet Spinale, a 2.100m de altitud, los comensales no pueden más.
Se ha bebido vino, se ha devorado polenta y ragú, y el dj sube el volumen. Suena Gloria, himno de Umberto Tozzi, y la gente de Ducati, el CEO Claudio Domenicali y los ingenieros Gigi Dall’Igna y Marco Grassilli, salen a bailar.
Marc Márquez (32) se acaricia el maltrecho hombro derecho, deja la servilleta sobre la mesa, toma de la mano a Gemma Pinto, su novia, y se une a la jarana.
Tras ellos se va Pecco Bagnaia, el otro piloto titular del equipo.
Gloria
Manchi tu nell’aria
Manchi ad una mano
Che lavora piano...
En la noche alpina, danza toda la famiglia Ducati –directivos, pilotos, asistentes, ingenieros, gente de marketing, de comunicación...–, y a su ritmo danza todo el circuito de MotoGP: la marca de Borgo Panigale (Bolonia) ha acaparado los últimos seis títulos de un tirón, todos los campeonatos que se han disputado desde el 2020 hasta el 2025.
Esta es la era Ducati.
–¡Celebremos el año rosso centenario! –vocea Domenicali: para conmemorar los cien años de la firma, sus diseñadores han creado un rojo oscuro, guiño a un prototipo de los años cuarenta, la Ducati 60 de 1949, y a la Gran Sport Marianna de 1955, la primera Ducati concebida para correr, obra de Fabio Taglioni.
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En un refugio en la cima de la estación de esquí, Ducati danza alrededor de Márquez, su marca de aguas
–Este es el espíritu que deseamos compartir con el mundo, queremos demostrar que somos una familia –me cuenta al día siguiente un miembro del equipo.
Estamos compartiendo un telesilla, nos vamos monte arriba. Dentro de unos minutos esquiaremos por esta misma pista blanca que se tiende a nuestros pies.
Periodistas e influencers de medio mundo nos asomamos al proyecto Campioni in pista (Campeones en la pista), las jornadas de convivencia que Ducati organiza en Madonna di Campiglio, en la pretemporada.
Desde hace cuatro años, Ducati labra así su nexo de unión.
Durante tres días, se esquía, se danza, se comparte mesa y mantel, se excursionea sobre raquetas de nieve y Gemma Pinto, la pareja de Márquez, se declara encantada: estas sesiones no abundan en su día a día.
–Entre todo lo que viaja Marc y todo lo que viajo yo, pues tampoco coincidimos mucho, la verdad –dice.
Más allá de ser la pareja de Márquez, Gemma Pinto es una importante creadora digital e influencer con 420.000 seguidores en Instagram (@gemmpinto), y cuando tiene un instante, conversa educadamente con el grupo de periodistas.
Nos cuenta que ella y Marc se emparejaron en Catalunya y viven juntos en Pozuelo (Madrid), que ella recorre el mundo presentando productos (cosmética, peluquería, moda, material deportivo) y que regresar a Madonna di Campiglio, un año tras otro, es como un déjà vu.
–Aunque las cosas han cambiado mucho desde el inicio del 2025: la situación de Marc no es la misma. Ahora tiene un papel mucho más central.
Hace un año, Bagnaia era ‘el jefe de la banda’; resignado, hoy dice: “Debo adaptarme a mi nuevo papel”
Hace apenas un año, Bagnaia era el jefe de la banda. Era el campeón del mundo en el 2022 y 2023 y el subcampeón en el 2024. El mundo de Ducati giraba a su alrededor. El 2025 ha alterado los papeles. En este tiempo, Márquez se ha apuntado once de las 18 carreras que ha disputado, se ha apropiado de su novena corona mundial (séptima en MotoGP) y ha jibarizado la presencia de Bagnaia, vencedor en tan solo dos GP, apenas quinto del mundo en el 2025, un tipo noble y resignado que proclama:
–Debo adaptarme y entender las circunstancias.
Luego, Bagnaia se tira pendiente abajo sobre sus esquís. Echa el cuerpo adelante y toma velocidad, magnífico esquiador.
¿Y Márquez?
–No, no, yo no esquío. Tengo muy claro cuál es mi deporte.

