El olimpismo y Mikaela Shiffrin no se llevan bien: tampoco se sube al podio del gigante

Esquí alpino | Juegos de invierno de Milano-Cortina d'Ampezzo

La mejor esquiadora de todos los tiempos acaba undécima, muy lejos de la campeona, Federica Brignone, que logra su segundo título en estos Juegos

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Mikaela Shiffrin, dedepcionada tras su prueba del gigante, este domingo en Cortina d'Ampezzo

Mikaela Shiffrin, dedepcionada tras su prueba del gigante, este domingo en Cortina d'Ampezzo 

Julian Finney / GETTY

Llegados al ecuador de los Juegos de Milano-Cortina d'Ampezzo, Mikaela Shiffrin (30) se pone en duda a sí misma.

Shiffrin y la convaleciente Lindsey Vonn (en este fin de semana se sometía a su cuarta cirugía tras el aparatoso accidente de hace una semana en el descenso) componen el gran duopolio del esquí alpino. Son estadounidenses, populares y exitosas, centralizan el interés del deporte blanco, ganan títulos en la Copa del Mundo y copan a los patrocinadores. Más allá de sus ganancias como deportista, Shiffrin ingresa seis millones de euros anuales en espónsors.

El mundo se rinde a sus pies.

Sin embargo, el olimpismo la cuestiona, la encara a sus propios demonios. 

En los Juegos de Pekín 2022, la mejor esquiadora de todos los tiempos (108 victorias de la Copa del Mundo, más que nadie nunca) se cayó en tres de sus seis carreras y no alcanzó un solo podio.

Y cuando todo acabó, antes de abandonar China y viajar de vuelta a Colorado, le contó a la NBC:

-Esto me hace cuestionarme mis últimos quince años, todo lo que creía saber de mí, de mi forma de esquiar y de mi fuerza mental.

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Ahora, en Milano-Cortina d'Ampezzo, la maravillosa esquiadora estadounidense se ve en las mismas. Ya ha disputado dos pruebas. Sigue sin subirse al podio.

A principios de semana, en la combinada, Mikaela Shiffrin metía la pata. Tras engancharse en una puerta en el slalom, hundió las expectativas de Estados Unidos y de su compañera, Breezy Johnson, la reina del descenso en los Alpes (oro en esta disciplina), que había marcado el mejor registro en su relevo. Ambas acabaron cuartas, medalla de chocolate.

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Y este domingo, en el gigante, ha cedido un mundo en la primera manga (marcaba el séptimo registro) y ha sido incapaz de recuperar el tiempo perdido en la segunda. Solo ha podido ser undécima, un traspié inesperado para una esquiadora de su nivel, campeona del gigante olímpico hace ocho años, en Pyeongchang.

Ajena a las cuitas de Shiffrin, Federica Brignone (35) ha ido a la suya. Icono del deporte en Italia, la tigresa de la nieve ha unido el oro del gigante al oro del supergigante que había conseguido el jueves, enloqueciendo así a la hinchada tifosi de Cortina d'Ampezzo que aún se pregunta cómo es esto posible: hace apenas diez meses, Brignone se había reventado la tibia, el peroné y el cruzado anterior durante los Campeonatos Nacionales Italianos, comprometiendo su carrera deportiva.

Para Shiffrin, le queda una última oportunidad, el miércoles, en el slalom, la disciplina que mejor domina. En la Copa del Mundo de esta temporada, ha ganado siete de las ocho pruebas que se han disputado. El Globo de Cristal de la especialidad ya es virtualmente suyo.

Otra cosa son los Juegos, su chinita en el zapato.

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