Federica Brignone, renacida de las tinieblas: diez meses después de romperse la rodilla, logra un oro

Esquí alpino | Juegos de de invierno de Milano-Cortina d'Ampezzo

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Federica Brignone, este jueves en Bormio tras adjudicarse el Super Gigante

Federica Brignone, este jueves en Bormio tras adjudicarse el Super Gigante 

Stefano Rellandini / AFP

Viendo el esquí alpino en estos Juegos, seguimos hablando de rodillas.

Hoy hemos sabido que Lindsey Vonn ya se ha sometido a su tercera cirugía en la pierna izquierda, consecuencia del accidente que había sufrido el domingo, en el descenso, aquella imagen que le dio la vuelta al mundo.

”El éxito ahora tiene un significado completamente diferente al de hace unos días. Estoy progresando: puede que sea lento, pero sé que me recuperaré”, ha publicado Vonn (41) en Instagram, tumbada en la camilla, con un aparatoso protector abrazándole la pierna.

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Milano Cortina 2026 Olympics - Alpine Skiing - Women's Downhill - Tofane Alpine Skiing Centre, Belluno, Italy - February 08, 2026. Fans react after Lindsey Vonn of United States crashed during the women's downhill REUTERS/Aleksandra Szmigiel

No sabemos qué será de Vonn ahora. 

Los médicos aseguran que se recuperará bien, que el accidente no le dejará secuelas, mientras los tertulianos le dan vueltas al asunto. ¿Debía haber competido, teniendo en cuenta que lo hacía con una rodilla protésica, de titanio, y la otra rota en el cruzado anterior y en el menisco?

Sabemos (o damos por seguro) que Lindsey Vonn no volverá a competir. No, al menos, en la élite. 

Y ante eso, no debería haber debate. O sí.

Hace diez meses, Federica Brignone (35) se encontraba en las mismas. Enfrascada en la fase otoñal de su carrera deportiva, la tigresa de la nieve, triple podio olímpico a lo largo de su carrera, ganadora de 37 pruebas de la Copa del Mundo (85 podios en total), se reventó una pierna en los Campeonatos Nacionales Italianos: se rompió la tibia y el cruzado anterior y pasó decenas de horas en el centro de rehabilitación de una clínica en Turín, en sesiones de siete horas diarias, empeñada como estaba por llegar a tiempo a estos Juegos de Milano-Cortina d'Ampezzo, los de su país, los suyos.

La recuperación fue mediática, muy seguida en Italia, donde el esquí alpino es una disciplina de peso, como la natación o la esgrima (Italia nos ha dado esquiadores legendarios: Alberto Tomba, Deborah Compagnoni, Gustavo Thöni, Piero Gross...), y de ellos han dado fe sus redes sociales.

-Todavía me duele, no estoy al 100%, lucho cada día para poder competir. Después de la pista, voy al gimnasio, después del gimnasio, tengo que ir a terapia... Y tengo que tomar medicación todos los días, y no es fácil -decía en la víspera, acaso sacudiéndose la presión.

Pero, lanzada a tumba abierta, la hemos visto deslizarse de forma impecable en el Super Gigante, atacando las puertas con tanta prudencia como determinación a pesar de la niebla que entelaba el primer tramo de la pista, para regocijo de los tifosi, felices de ver cómo se adjudicaba el oro, colofón feliz a una hermosa historia de superación: ya tiene cuatro podios olímpicos.

(La plata ha sido para la francesa Romane Miradoli y el bronce, para la austriaca Cornelia Huetter).

 

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