En algunos momentos, Federica Brignone (35) temió por su pierna izquierda.
Se la había roto por múltiples partes, la tibia, el peroné y la meseta tibial. También había sufrido una luxación completa de rodilla. Y había afectación en ligamentos y meniscos. El dolor era crónico y persistente.
Deberá convivir con un dolor crónico: la observo mientras recorre los pasillos del hotel Euroski, en Andorra, cuartel general del equipo italiano durante la Copa del Mundo de esquí alpino que se celebra en este fin de semana. Si la analizo con lupa, detecto una cojera leve, casi minúscula.
Humilde y próxima, antes de sentarnos a conversar me ofrece la mano y se presenta:
-Ciao, sono Federica.
(Como si yo no debiera saber quién es ella).
Y luego, sentada a la lumbre, rodeada de cámaras, fotógrafos y curiosos que se asoman a contemplar la charla, Brignone nos dice:
Federica Brignone, este fin de semana en el hotel Euroski de Andorra
Así que lo que vino a continuación es un hecho sensacional, casi milagroso: diez meses después de aquel accidente (lo había sufrido en los Campeonatos Nacionales italianos, en abril), Brignone deslumbraba al mundo al adjudicarse dos títulos olímpicos en los Juegos de invierno de Milano-Cortina d'Ampezzo (gigante y supergigante).
En estos días, atiende a Guyana Guardian en El Tarter. Dice que puede hablar en italiano, en francés, un poco en alemán, un poco en español... Le digo que habla casi tantos idiomas como Djokovic. Tuerce el gesto. “Nunca superaré a los balcánicos”, me dice.
Nos quedamos con el inglés.
-¿Cómo vivió aquella carrera a contrarreloj para llegar a los Juegos de Milano-Cortina?
-Si fue una contrarreloj, lo fue sobre todo para recuperar la vida normal. Nunca había querido darme mucha publicidad, pero la lesión era realmente mala. Si llegaba a los Juegos, OK. Pero no se trataba solo de eso, sino de volver a estar sana. Quería ser una deportista de nuevo. Si estoy aquí, es porque quería recuperar mi vida.
-Y durante la rehabilitación, ¿se imaginaba que ganaría dos oros?
-Por supuesto que no. Me bastaba con estar en los Juegos y ser competitiva de nuevo.
Federica Brignone, en Andorra
-¿Cómo fue el proceso de recuperación?
-Estaba centrada en él las 24 horas del día. Pasaba entre cinco y siete horas en el centro de rehabilitación. También me entrenaba a solas en casa. Eso fue hasta septiembre. Cuando al fin pude salir ahí fuera, me iba con la bicicleta durante un par de horas. Y por la noche, en casa, seguía con la magnetoterapia y el hielo.
-¿Vio a Lindsey Vonn romperse la pierna en el descenso de los Juegos Olímpicos?
-No vi el accidente.
-Pero cuando se enteró de la lesión, ¿se sintió condicionada? Usted debía competir unos días más tarde...
-Es algo que pasa en nuestro deporte con frecuencia y a cualquiera que quiera dar lo mejor de sí mismo. Lo sentí mucho por ella, pero en estas situaciones no puedes relacionar lo que le pasa a otros con lo que te puede pasar a ti. Tienes que ser capaz de dejarlo a un lado.
-¿Vonn se equivocó al salir a competir con una rodilla rota?
-No lo creo. Quería competir, así que, ¿por qué iba a ser un error? Nunca lo es. Aunque algo también es cierto: si no estás a un 100%, hay más riesgo. Por eso no competí el viernes aquí en el descenso.
-¿Y cuál es el futuro de usted?
-Me gustaría irme a surfear, pero no puedo tener vacaciones. No puedo dejar la rehabilitación así como así. Vivo en el día a día, en el aquí y ahora, supongo que así es como logré dar lo mejor en los Juegos.
Federica Brignone, este sábado durante el supergigante de Andorra
-¿No pudo descansar tras los Juegos? ¿No se fue de vacaciones?
-¡Qué va! Entonces pasé diez días en fisioterapia, aparte de otros tres días con mis patrocinadores en Milán. Llevo dos años sin vacaciones, más allá de unos pocos días en noviembre, cuando me fui a Fuerteventura a surfear con mi hermano.
-¿Cree que sus dos oros de Milano-Cortina han redondeado su carrera deportiva?
(Hasta entonces, sumaba tres podios olímpicos, sin oros, aparte de 37 victorias de la Copa del Mundo y el Globo de Cristal del 2020 y el 2025).
-Muchos creen que yo sentía eso, esa necesidad de completarme con algún título olímpico. Pero yo no lo veo así: soy una persona apasionada, adoro esquiar y competir, y adoro el hecho de ser una deportista de élite. No he logrado los éxitos buscando el resultado, lo he hecho por mí. Aunque todo es un reto continuo, cada vez es diferente e incluso más duro, sobre todo cuando te conviertes en el favorito.
Sentí mucho el accidente de Vonn. Pero no puedes relacionar lo que le pasa a otros con lo que te puede pasar a ti. Debes dejar ese pensamiento a un lado”
-¿Es hoy más popular en Italia?
-Ya lo era antes, mi carrera siempre ha sido así e incluso peor. Aunque ahora, lo es más. A veces intento escaparme, no quiero ser siempre el centro de atención. Cuando estoy fuera y vienen a verme los niños, quiero dar lo mejor, pero quiero vivir mi vida, estar con mis amigos, cenando, y no contando cosas en la televisión.
-¿Eso es lo peor de ser popular?
-Lo es. Aunque también hay cosas buenas ¿eh? Puedo ser un modelo y dar ilusión a quienes me siguen. Pero muchas veces tengo que pasar tiempo con gente que no sé ni quién es, en vez de hacerlo con mi entorno.
-El deporte italiano está en todas partes (sin ir más lejos, Italia ha sido cuarta en el medallero de Milano-Cortina, con treinta podios). Antes Italia triunfaba en fútbol y baloncesto, pero ahora le vemos en atletismo, natación, tenis... ¿Cómo lo hace?
-Los italianos amamos los deportes. A pesar de que nuestro sistema escolar es malo, tenemos montañas y mar, y tenemos la mezcla de gente que viene de muchos otros países, nos juntamos en Italia, somos una buena mezcla.
(Confiesa que se ha pasado muchos fines de semana saludando a los grandes deportistas italianos, viéndoles competir en persona, a Sinner, Berretini, Cobolli, Musetti, Vavassori, los pilotos Bezzecchi y Morbidelli... “Mientras estaba lesionada, podía ir a ver competiciones; a menudo lo hacía en vivo y si no, por televisión”, dice).
-¿Por qué dice que falla el sistema escolar italiano?
-Cuando esquías, a partir de los quince años, nunca estás en casa. Pero las escuelas no te ayudan, a diferencia de lo que pasa en Francia, donde hay academias para deportes de verano o invierno. Por no hablar de Estados Unidos... En Italia estamos mejorando un poco. Podríamos mejorar más.
Cuando se despide, dice adiós de uno en uno, al cámara, al fotógrafo, al entrevistador. Nos mira a los ojos y desaparece, cojeando muy levemente, por un pasillo del hotel. Le espera la reunión de capitanes, la estrategia para las competiciones del fin de semana.
(En el supergigante de este sábado acaba 15.ª, alejada de las tres primeras: Emma Aicher, Alice Robinson y Corinne Suter, la suiza que el viernes se había adjudicado el descenso).
